Los congestionamientos viales, la consecuente pérdida de tiempo de la ciudadanía y la alta tasa de accidentes automovilísticos no se han solucionado ni se solucionarán haciendo más obra destinada al uso y abuso del automóvil particular.
Por el contrario, en la medida en que hay más vialidades que priorizan el mejoramiento en la circulación de los automotores, en esa medida se generan más pérdidas económicas, más pérdidas sociales y mayor daño medioambiental. Esas obras tienen un efecto contrario al que supuestamente se plantea.
Colateralmente, esta política “cochista” (que privilegia el uso del automóvil) repercute en el aumento de los niveles de fatiga, ansiedad y depresión de las y los ciudadanos, dañando seriamente el “estado de ánimo” de las ciudades.

Obras como los viaductos, viaductos elevados, segundos pisos, y otras que quieren mejorar la circulación de automotores, tienen efecto exactamente al revés: generan más congestión vial, aumentan los percances, desgastan al ciudadano y, sobre todo, limitan y elevan el riesgo de la movilidad de peatones, ciclistas, motociclistas y personas que se mueven en transporte público.
No son conclusiones –estas que expreso– a las que llegué por arte de magia o porque mi imaginación es muy amplia. Las tomé del estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) denominado Congestión urbana en América Latina y el Caribe: características, costos y mitigación, publicado en octubre de 2021.

Promover el transporte público
El documento que menciono –que valdría la pena fuera leído por las autoridades– realiza un minucioso estudio científico del tráfico vehicular en 10 ciudades de América Latina, entre las que se encuentra la capital mexicana.
En esta misma investigación se presenta un paquete de propuestas para mejorar la movilidad de las ciudades.
Estas sugerencias están agrupadas en cuatro rubros: 1. Gestión del tráfico, 2. Restricción del uso del automóvil particular, 3. Promoción del uso del transporte público y el transporte compartido, y 4. Planificación de la movilidad y el uso del suelo.
Se advierte en el estudio que, si en realidad se pretende obtener buenos resultados, es necesaria la aplicación integral de todas las propuestas, pues hacerlo de manera segmentada o parcial conducirá a resultados negativos e incluso al riesgo de cuestionarse la gobernabilidad.
Algunas sugerencias
Debemos tener presente que las políticas públicas que deben de aplicarse son aquellas que benefician a la ciudadanía o a amplios sectores de la misma; que son aquellas demandadas por la misma población y, por consecuencia, nada tienen que ver con las ocurrencias o las buenas ideas de los gobernantes.
El BID presenta en este estudio un paquete de 25 acciones concretas sobre el tema. Destaco entre ellas, en cuanto a gestión del tráfico: elevar la vigilancia del cumplimiento de las normas de tránsito, pacificación del tráfico y control de acceso a vías, ciclos semafóricos optimizados y adaptativos.
En cuanto a la restricción del uso del automóvil particular: limitación de estacionamiento en la vía pública, impuesto al combustible, cobro por estacionamiento en la vía pública y tarificación vial.

En promoción del transporte público: calidad y disponibilidad del transporte público, estacionamiento Park and Ride, infraestructura para bicicletas y peatones, transporte escolar y sistema de vehículos compartidos.
Además, en gestión de la logística urbana: entrega de mercancía fuera de las “horas pico”, asignación de áreas especiales para carga y descarga y cobro por congestión.
En el paquete de propuestas se incluye la creación de un Plan Maestro de Movilidad Urbana.
Intentarlo
En lugar de quedarnos con propuestas aisladas, es mejor analizar con mayor detenimiento y pensar en el beneficio colectivo al desarrollar las políticas públicas. Y qué mejor sería que en el tema de movilidad se unificaran criterios entre el gobierno del estado y los municipios conurbados de Corregidora, El Marqués y Querétaro.
Vale la pena intentarlo.



