Autoría de 3:36 pm #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito

Cuento con moraleja – Víctor Roura

Había una vez un escritor irlandés que aceptó ir, invitado por un inquieto intelectual, a la provincia de una grande República para participar en un Festival Internacional de Poesía.

      Habría que aprovechar la insólita invitación.

      El recibimiento fue modesto, humilde el trato, casi a escondidas de los reflectores, sin preocupaciones por recibir a la prensa, sin molestos acompañantes, sin reverencias fastidiosas, tomando el mezcal sin cronistas que cronicaran las formas en que bebía el mezcal.

      Apenas comenzaba la década de los ochenta.

      Pero catorce años después, el poeta recibe el Premio Nobel de Literatura.

      La vida, entonces, comienza a cambiarle.

      Ahora que sí tiene dinero, curiosamente empiezan a invitarlo a diversos lugares del mundo para que lo recorra sin que desembolse un centavo de su ya voluminosa cuenta bancaria.

      Cuando lo que le sobran son los dólares, recibe invitaciones para ganar aún más dólares.

      Recuerda los tiempos pasados, con nostalgia.

      De aquella grande República donde lo invitaran con humildad a leer sus poemas en una hermosa provincia lo vuelven a llamar, pero el llamado ya no proviene de un inquieto intelectual sino ahora de toda una institución respetable que lo requiere para que lea su poesía no ya a una cálida pero pequeña provincia, pues su categoría habla de su calidad, sino en la mismísima capital de la inmensa República.

      Los gastos corren por cuenta de la respetada institución, y los viáticos, y cualquier gastillo extra, incluyendo —¿pero quién lo pone en entredicho?— el pago de las propias lecturas, pues la respetada institución sabe muy bien cuánto trabajo le cuesta al poeta escribir su poesía.

      Antes de que el poeta galardonado diga que sí, la respetada institución prepara, por fin, un primer libro traducido del gran poeta bajo su sello oficial.

      Faltaba más.

      La maquinaria labora con eficacia.

      El breve libro es entregado a la imprenta e impreso con cuidadosa premura.

      Los ejemplares salen de la imprenta en enero de 1998, tres años después de que la Academia Sueca premiara al poeta irlandés, pero… pero… pero…

      …Pero el poeta no puede venir, ocupado que ahora está, sino hasta el próximo año, exactamente un año después de la elaboración del libro.

      ¿Para qué la prisa?

      ¿A quién se le ocurrió cabalgar antes de alquilar el hipódromo?

      Calma.

      Momento.

      Todo tiene una solución.

      Los libros no deben salir de la imprenta hasta que el poeta venga a la grande República.

      Se decide, sabiamente, embodegar los tres mil ejemplares.

      ¿Para qué darlos a conocer antes del arribo del famoso literato?

      Un año después, una revista semanal exige a la respetada institución la primicia de la información.

      Luego de que la afanosa revista revela el proceso de la trascendencia del viaje del ínclito poeta irlandés a la grande República, la respetada institución envía comunicados a los periódicos para que ahora sí ellos también difundieran la visita del insigne poeta irlandés a la grande República.

      Las secciones culturales se afanan en la noticia.

      Un diario publica casi todos los días distintos detalles de la visita.

      El día esperado, el poeta ofrece una conferencia de prensa en la noche; pero es tan importante, y trascendental su visita, que los editores de los medios cierran tarde la edición con tal de no perder la nota y dejarse ganar por alguna otra sección cultural más astuta.

      Extrañamente, las secciones culturales ese día cierran alrededor de las doce de la noche —¡venciendo su propio prejuicio de la imposibilidad de cerrar a horas tan abstrusas de la nocturnidad!— pero a la mañana siguiente su esfuerzo es recompensado porque… ¡los editores se percatan de que todos actuaron de la mismita manera!: nadie es inferior ni superior en sus decisiones: ¡todos ganaron la nota!

      Hay reporteros que son invitados por la respetada institución a seguirle de cerca los pasos al poeta donde quiera que vaya y paga exclusivos transportes a los reporteros que van hacia la hermosa provincia, exactamente donde va el poeta, para que los periodistas se ufanen en sus crónicas y detallen, en actos donde la vanidad se escapa de las hogueras, incluso los momentos en que el poeta, cual ínclito varón superlativo, alza la mano para tomar (¡con ellos, rozagantes testigos del portentoso brindis!) una copita de mezcal.

      La respetada institución, en un acto inédito (sólo comparable a las ofertas radiofónicas y televisivas), ofrece mil libros gratuitos del poeta irlandés a las primeras mil personas que lleguen a escuchar al Poeta Nobel para que el Poeta Nobel se sienta correspondido, aclamado, leído.

      De la bodega empiezan a salir los ejemplares sigilosamente guardados.

      La velada literaria es apoteósica.

      Un éxito.

      La respetada institución, entonces, se congratula a sí misma de su portentosa visión cultural.

      El poeta se despide y, desde el avión, la grande República se va disminuyendo ante sus ojos hasta sólo ser una geografía minúscula, una página difuminada, un mapa ilegible en un baúl que se va cerrando lentamente.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, DE VÍCTOR ROURA, PUBLICADAS EN LALUPA.MX

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Last modified: 6 mayo, 2025
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