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En el Centro del Adulto Mayor Nänxu, los abuelitos hallan un motivo para vivir y ser felices

HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NUÑEZ/LALUPA.MX

FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

En el Centro del Adulto Mayor Nänxu, la casa del abuelo, la gente encuentra un motivo para vivir y ser feliz, forman amistades y hasta nuevas familias, aseguran Laura, Elena, Arturo y Martín. La experiencia les lleva a recomendar no tenerle miedo a la vejez, juntarse con personas de su generación, no dejar de aprender y dejarse cuidar. Todo eso lo encuentran, dicen, en este espacio del Sistema Municipal de Querétaro para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Laura
Elena

Con seis casas dedicadas a las Personas Adultas Mayores en la capital de Querétaro, el DIF del municipio de Querétaro entrega más de doce mil despensas de forma bimestral a los beneficiarios, que también acceden a comedores, talleres de canto, guitarra, baile, yoga, computación, inglés, cartonería, pintura y atención psicológica, geriátrica, nutricional y fisioterapia. El objetivo es que la gente encuentre un lugar seguro para convivir y aprender. 

Arturo

Las actividades y el apoyo que reciben, así como los círculos de convivencia, hacen que la gente asista al sitio durante muchos años y algunos de sus integrantes, dejaron de acudir hasta cumplir los 105 años. Reunirse les hace sentirse bien, porque “aquí hay muchas historias tristes, interesantes, muchas vidas pavorosas, pero cuando nos reunimos, parecemos familias, nos buscamos, platicamos. Aquí te la pasas muy bien”. 

Martín

La vida es una belleza

María Laura Sámano López tiene 69 años, ocho de ellos como usuaria del Centro. Se enteró de este sitio por una amiga y se decidió a aprovechar los programas para evitar quedarse en casa. “Todo el centro está bien bonito, la convivencia, los maestros son excelentes, aquí encontré muchas cosas que me gustan y estoy feliz, tomo clases de ritmoterapia, activarte, inglés, psicología y arte”.

Ella solamente acude tres días a la semana pero aprovecha cada minuto, sobre todo para convivir con otras personas de su edad, porque “somos más afines en las cosas que hacemos en esta etapa, cuidar a nietos está muy padre, pero ya pasó el tiempo de niños para mí. Aquí hago la comida y recibo una despensa que es de mucha ayuda porque son productos que sí se consumen. La comida del comedor es muy rica”.

Tras ocho años de ir a Nänxu, asegura que hay un antes y un después en su cuerpo y en su mente, porque “aquí me divierto, hago ejercicio, aprendo, he tenido muchos cambios. Tengo dos hijos y viven aparte, esta es una etapa muy bonita, porque disfruto mucho de hacer lo que a mí me gusta”.

Para Elena Sánchez Velez, de 85 años, este espacio le confirma que el secreto para pasarla bien es tenerle “mucho amor a la vida”. Con cinco hijos y 12 nietos, trata de repartir su tiempo porque muchas veces quieren estar con ella, “como son mayores, escogen un día y me dicen: abuela me voy a comer contigo, les hago su comida especial, les gusta la sopita de fideos, milanesas, chicharroncito con chile, nopalitos, frijolitos de la olla, lo preparo todo a la antigüita”. Sus hijos, dice, la llevaron a conocer Toronto, Alaska y España.

En el Centro Nänxu, al que asiste desde hace diez años, encuentra un ambiente diferente. “Me enteré por una sobrina que venía aquí, ella dejó de venir porque le quedaba muy lejos, a mí me queda cerquita, camino diez minutos hasta aquí, tomo clases de logoterapia, psicología, ritmoterapia y solamente vengo dos días a la semana, con eso quedo muy satisfecha. En terapia me dejan de tarea hacer ejercicios en mi casa, hacer mandalas y los coloreo y los traigo y estoy muy contenta”.

Además, Elena se dedica a escribir el libro La historia de mi abuela, porque una nieta le pidió plasmar su vida en letras. Durante 30 años se dedicó a la venta de seguros y fianzas, vivió tres años en Punta Cana, República Dominicana , donde está su hija, pero no le gustó, “ya había vendido todas mis cosas, renté mi casa, pero no aguanté el calor, no me gustó la comida y no había gente de mi edad, así que en 2012 me regresé aquí a Querétaro”.

En el centro de día disfruta el pozole, aunque no lo preparan muy seguido, pero “todo está rico aquí”. Las actividades dentro de este espacio del municipio le permitieron hacer nuevas amistades, que se extienden fuera de Nánxu, así que por su experiencia, no hay que tenerle miedo a envejecer, porque “la vida es una belleza, y aquí está una muy contenta y muy feliz”.

Calidez y sueños para encontrar un motivo para vivir 

A sus 71 años, Jorge Arturo Contreras González, platica que se dedicó a la ingeniería toda su vida. Egresado del Politécnico, dio clases durante mucho tiempo y por 12 años trabajó para una empresa en Estados Unidos y Canadá. Cuando se pensionó, alguien le recomendó no encerrarse en casa sino mantener su ritmo de vida. Conoció a Nänxu a través de una amiga de la Ciudad de México. “Aquí me he encontrado un ambiente cálido, ha sido muy agradable este par de años de estar conviviendo”.

“Yo pensaba nadar, correr, pero aquí encontré compañeros de mi edad para jugar cachibol. También encontré algo más: a los 16 años estudié para locutor, me hubiera encantado estar atrás de un micrófono dando noticias, pero lo único que logré hacer fue decir en radio: nuestro siguiente programa Kalimán, y al terminar, inglés para principiantes, RCN Radio, la que le gusta a usted, transmitiendo desde Vallarta número 6 en el sexto piso, fue lo único, pero era sin paga, tenía que estar dos horas y lo dejé, pero aquí encontré clases de teatro”.

En los dos años que tiene en Nänxu ya participó en seis obras. En la última hizo el papel de un cuadro. “Mi personaje se había muerto y hablaban de mí frente al cuadro, así que me la pasé haciendo caras por lo que decían y los asistentes se reían. Llevamos la obra a diferentes centros y algunos especificaron que el aplauso era para el retrato. Eso me hace recordar que en el cine Mariscala también le puse voz a algunos documentales. Aquí estamos ensayando la obra Mujeres en apuros”. 

Para Arturo, hay una enseñanza básica que se debe seguir “lo dice el libro de El Principito, ser feliz debe ser nuestra meta y luchar contra quienes se opongan, hay que mostrar a quien no sabe que la felicidad es gratis y que solamente con el corazón se ve bien, aquí hay muchas historias tristes, interesantes, muchas vidas pavorosas, pero cuando nos reunimos, parecemos familias, nos buscamos, platicamos. En este centro me encontré a Miguel, que conoció a mi papá, a mi padrino de bautismo, me encontré a Cata que estudió en la misma primaria que yo”.

Por eso, sostiene que cualquier persona adulta mayor debería acudir a este lugar, “levantarse, arreglarse, llegar aquí y encontrar un motivo para vivir, hay un ambiente muy cálido y nos divertimos. Yo entré al canto los jueves porque no toco la guitarra, pero me dicen: no dejes de venir, hace falta tu voz, aquí hay actividades para el día de la madre, del padre, del abuelo, en los cumpleaños hay convivios, aquí te la pasas muy bien”. 

Con 95 años, Martín Colchado, ya cumplió seis años de asistir al centro y cuando se podía mover mejor tomó todas las clases que ofrecían, ahora solamente entra a cartonería. A lo largo de su vida fue mecánico y aprendió otros oficios, antes de estudiar como docente, a lo que se dedicó durante 30 años, así que las actividades con las manos le quedan bien y sueña con montar una exposición con sus obras: muebles en miniatura y algunos juegos, como una rueda de la fortuna que está en construcción.  

“Soy casi de las personas más grandes en venir, aunque había un señor que tenía 105 años, ya casi no entraba a clases, pero andaba feliz y preguntaba: ¿cuántos años crees que tengo? 50, lo vacilábamos y respondía, nooo, 101 y tantos meses. Después de los 105 desapareció, dejó de venir, no supimos por qué, pero aquí fue feliz”, afirma.

La paciencia es la clave

El coordinador para el Desarrollo Integral de Personas Adultas Mayores del DIF municipal de Querétaro, Alejandro Lozano Velázquez, detalla que esta área tiene cuatro tipo de apoyos sociales, el alimentario, que incluye la entrega de una despensa de forma bimestral con un padrón de más de doce mil personas con riesgo funcional a quienes se les entrega directo en su casa; el programa Comer bien para vivir mejor,en el que hay personas que asisten a los centros a recoger su apoyo y hay otros 105 grupos independientes en todo el municipio, con diferentes cantidades de integrantes, desde 17 personas en Santa Rosa Jáuregui, hasta 450 personas en Felipe Carrillo Puerto. Ellos también reciben estas ayudas alimentarias. 

Los otros apoyos consisten en comedor, talleres y atención a la salud, que abarca geriatría, nutrición, psicología y fisioterapia. “Todo se encuentra en las seis casas del adulto mayor, dos en el Centro Cultural Comunitario Epigmenio González, el otro en el Centro Cultural Comunitario Felipe Carrillo Puerto, en esos contamos solamente con temas de salud y talleres. Tenemos la matriz en el Centro del Adulto Mayor Nänxu, que significa la casa del abuelo, de ahí tenemos la Casona en la delegación Felipe Carrillo Puerto, la casa de Josefa Vergara y la de Cayetano Rubio, que está pegado a la delegación, ahí tenemos salud, talleres y comedor”.

Entre los talleres a los que puede ingresar la gente se encuentran canto, guitarra, baile, yoga, computación, inglés, cartonería, pintura y diferentes programas para su bienestar.  Una de las actividades más importantes es la salud física y mental sobre todo porque muchos enfrentan la pérdida de hijos, parejas o viven situaciones que facilitan que se presenten casos de depresión. Aunque estos espacios son un centro de día, Alejandro Lozano pide a la gente no confundirse porque hay quienes dejan a sus padres desde las 8 de la mañana hasta las 4:30 de la tarde.

“Es injusto para ellos, no tenemos cuidadores, no somos un albergue. Queremos trabajar en conjunto, detectar si hay deterioros cognitivos, ver qué otros cuidados son buenos para mejorar su salud y bienestar. Lo que siempre hay que recordarnos es que la paciencia es la clave, la paciencia es el camino que yo y todos estamos construyendo porque algún día voy a estar aquí y quiero que me traten como los estoy tratando”, resalta el coordinador. 

Para ingresar a los centros del Adulto Mayor es necesario presentar la copia de una identificación oficial, copia de la Clave única del Registro de Población (CURP), comprobante de domicilio y un comprobante médico. Aunque no se cuenta con lista de espera, los centros sí tienen un cupo máximo en los talleres y a veces la gente debe esperar algún tiempo antes de poder empezar.

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Last modified: 3 julio, 2025
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