Todos los días, al pensar en el enojoso asunto, me sobrevenían unos accesos de tristeza descolorida con los que mi cuerpo se portaba extraño: o se aceleraba en caminatas obsesivas, rápidas e inútiles hacia ningún sitio, o se aletargaba tanto que me impedía quitar los ojos de la persona en quien los había posado por accidente, hasta que esta me decía: “¿Y tú, qué me ves?”… Desde entonces ando con la mirada en las nubes y me veo linda.
La tristeza por el enojoso asunto se fue volviendo rabia, y era como una mosca volando en círculos que zumbaba necia dentro de mi cabeza, y estaba allí incluso cuando me reía, insistiendo a su manera para que me regodeara en el enojo y la sinrazón; su impertinencia era tal, que llegó a producirme un insomnio morado… y cuando al fin lograba dormir, tenía sueños consoladores en los que un gran pulgar aplastaba bien a mi enemiga zumbadora y la convertía en una manchita húmeda y viscosa… y girando más sobre su cuerpecito, casi lograba desaparecerla… pero como bien dijo Calderón de la Barca: “… los sueños, sueños son”, y en la vigilia mi necia acompañante, con todo y sus ventosas y la trompa con la que me chupaba el alma, seguía viviendo conmigo.
Con el tiempo, me fui habituando a la presencia de mi mosca, a sus alitas transparentes, a su bullicio constante… Comencé a sentirla tan cercana e indispensable como mi ropa interior; después, no sólo dejó de molestarme, sino que tuve ocasión de notarle cierto encanto, y mi tristeza, enojo y rabia sin salida se transformaron en odio… y odiar tenía su belleza, era una especie de venganza discreta a quienes me ofendieron, que guardaba las formas sin perder elegancia, además, podía ser tan placentera como rascar una herida y arrancar la costra una y otra vez… ¡Ahh… la sangre!, ¡la espera enamorada de otra costra más grande, más gruesa…! ¡El nuevo escozor!…
Una distraída tarde de verano, dejé de percibir el cotidiano zumbido… ¡Dios! ¡Mi pequeña no estaba! ¿Cómo? ¿A dónde pudo haber ido? Comencé a transpirar, palidecí, me faltó el aire… Busqué con ansia en mi interior la figurita verde y brillante que había creado, y tras calarme mis lentes de aumento, la percibí tímida, transparente, casi invisible y a punto de salir por las ventanas de mis ojos; pero ¡bendito instinto!, los cerré a tiempo.
¿Acaso estaba olvidando el enojoso asunto, el rencor y el odio?… ¡Horror! ¿Y al tonto olvido, seguirían el perdón y la reconciliación?…
A tiempo comprendí que no sería nadie sin mi mosca. ¿¡Qué justificación tendrían sin ella mi apatía, mi desprecio por todos, mi mal carácter, mi personalidad!? ¿En qué me convertiría?… ¿En una bobalicona feliz?
Rápidamente, me puse a restaurar mis malos recuerdos y los aderecé con suposiciones oscuras, sin importarme lo falsas o improbables que fueran, agregué pensamientos perversos, amasé bien todo eso y puse, como ensalada, rencores tiernos aún sin madurar… luego, ofrecí ese maná a mi mosca, que, aunque algo recelosa primero, al final lo degustó encantada…
Recuperé la calma cuando escuché suave, pero in crescendo, su terco, entrañable y verde vuelo.
Bzzz Zzzz
Zzzz Zzzz…
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¡Extraordinaria ilustración!
Wow… espejo de un rencor!!!
Extraordinaria redacción y figuras literarias. Muy bien Paty mejorando cada día más.
¿cual será ese enojoso asunro? que parece aún sigue vivo, la mosca en tu interior parece un escape anímico, hasta yo la quiero sin mas. Pobrecita zumbadora, es increíble que siga, espero que se hermanen y aparezca la luz del olvido o un destello de felicidad causante de tu amargo odio, los mejores deseos para ti y tu pequeña amigita cuasi imaginaria que aún zumba en tu interior.
Saludos a las dos
Sentimientos encontrados.Un insecto transformador y al final parte de ti.Muy bien.
Suele suceder. Dicen por allí que del odio al amor hay solo un paso.
Odias a esa mosca zumbado y ahora ya la amas.
A mi me llega a pasar cuando un condenado mosco se mete a mi recámara, me dan ganas de atraparlo, arruyarlo hasta que se duerma y luego zumarle en el oído, para que vea lo que se siente.
Muy buen texto Paty cada día escribes mejor.
Bendita mosca zumbadora de alitas transparentes, que con su revoloteo me evita caer en la dulce trampa del…”pues, si no fue para tanto”.
Ingenioso recurso literario Paty ¿quién no tiene una mosca oculta, quizá disfrazada de abeja?
Texto que lleva a pensar que las emociones de enojo, odio y frustración pueden durar largo tiempo en nuestro corazón y como se dificulta soltarlas, dejarlas ir. Nos aferramos a ellas como si fueran un tesoro. Excelente analogía con la mosca. Deja mucho que reflexionar.