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La fotografía me lo ha dado todo: Juan Botello

ENTREVISTA: JOSÉ ANTONIO GURREA C./LALUPA.MX

FOTOS: ROCÍO RUIZ/LALUPA.MX

Don Juan Botello observa fijamente a su interlocutor, posa la mano derecha cerrada sobre el mentón, inclina ligeramente la cabeza hacia atrás y, acto seguido, suelta una reflexión sobre las características y las habilidades que debe tener un fotógrafo: “En primer lugar, paciencia. El fotógrafo debe ser muy consciente de que va a eternizar un instante, un momento. Por ello debe desarrollar esta cualidad para esperar el momento perfecto con la luz ideal para capturar esos instantes que jamás se van a repetir.

“En segundo lugar, creatividad para poder plasmar una perspectiva personal en cada fotografía, y no debe faltar la observación, pues ésta te permite ver detalles importantes que otras personas podrían pasar por alto. Es importante que, desde que sale de casa, un fotógrafo tenga en mente qué imagen o imágenes quiere plasmar, quiere producir. Para qué quiere esa fotografía. Eso es fundamental”.

Antes de proseguir, este hombre —protagonista de la fotografía queretana desde hace décadas— hace una pausa, levanta su taza y bebe un pequeño sorbo de café. Al hacerlo, aspira profundamente y cierra los ojos. Ser sensible, Juan huele y paladea la aromática bebida. Luego, baja la taza, y continúa con sus cavilaciones: “Hay otra cuestión: el fotógrafo debe conocer e introducirse en su cámara, en sus equipos. Esto implica, por ejemplo, tener un conocimiento detallado sobre su funcionamiento, las características de los lentes, o la velocidad de obturación. Obtener una fotografía no es solamente estar observando a través del lente y disparar, sino que debe haber composición, el fotógrafo debe vivir la foto, sentirla”.

Cuando Juan Botello cavila no lo hace desde el púlpito o desde la soberbia de quien cree saberlo todo, sino como el experimentado hombre que durante medio siglo practicó el oficio de la fotografía, comenzando “desde abajo”, y que, hoy, al llegar al séptimo piso, ha decidido “colgar” las cámaras —al menos profesionalmente— para darle paso a los jóvenes y para “atender a la familia”.

“Tengo 70 años, nací en 1955. No me estoy retirando ni por la exigencia del trabajo ni por el cansancio del oficio. Simplemente hay que darle su lugar a los jóvenes que están llegando con muchas ganas, con mucho talento. Además, hay que atender a la familia, que, a veces, durante todos estos años ha quedado relegada. Tú, como periodista, lo sabes, un fotógrafo de prensa no tiene un horario fijo: podemos empezar a las 7 de la mañana y terminar a las 11, 12 de la noche, o de repente, tener que cubrir un accidente o una inundación, o que se nos asigne la guardia por la noche, un domingo o en días festivos”.

Fotógrafo del municipio de Querétaro hasta hace unas semanas, su última chamba, Juan Botello habla a LaLupa.mx de su larga trayectoria, de su paso por el oficio, y, por supuesto, de sus inicios en los lejanos años de la preparatoria, cuando él era un imberbe jovencito de 16 años, por ahí de 1971.

“Éramos un grupo de jóvenes, de chiquillos, que andábamos empezando a querer hacer algo. Resulta que uno de los amigos nos invitó a repartir las fotografías que su hermano tomaba en bodas, 15 años, bautizos… Este amigo nos dice: ‘A mi hermano se le juntaron algunos eventos y quiere que nos vayamos a repartir sus fotos’. Nos daba un peso por cada foto que entregábamos. En ese entonces, se tomaba la fotografía, se levantaba el nombre, la dirección y, posteriormente, se llevaba al domicilio del cliente, dos o tres días después. Entré con ese amigo, pero no con el afán de hacer fotos. Mi idea era terminar la preparatoria y posteriormente probar en el área de Derecho”.

Cuando habla de aquellos años “maravillosos”, a don Juan le brillan los ojos y su rostro se ilumina como el de un chiquillo recordando alguna travesura: “Pasó el tiempo, seguimos frecuentando al amigo y de repente le digo: ‘Oye Héctor, enséñame a hacer fotos’. ‘¿De veras quieres aprender a hacer fotos?… Vente, pásale al cuarto oscuro, acuérdate que hay que apagar la luz, que todo esté oscuro para que no se vaya a velar el rollo’. Apagué la luz. Empezamos a platicar y, en la oscuridad, escucho que hay ruido y movimiento. Pasado un momento, Héctor me dice: ‘Enciende la luz’. La prendo y le digo: ‘Ahora sí. ¿Qué hay que hacer primero?’ Entonces, Héctor me dice: ‘Ah, chavo, no te fijaste, pues ni modo’. Créeme que eso me dio muchísimo coraje. No dije nada, y me fui a la biblioteca, llegué con el bibliotecario y le dije que quería un libro sobre el proceso de la fotografía. Realmente, así es como comencé a aprender este arte”.

Al final, sin embargo, Héctor, el amigo que no le quiso enseñar a revelar, no resultó tan egoísta, pues fue a través de éste como Juan consiguió su primer empleo en el sector oficial: “Este amigo le trabajaba a Banrural (Banco Nacional de Crédito Rural) su material. Eran diapositivas, y yo, como empleado de Héctor, era quien revelaba, e inclusive llevaba el material a donde había que llevarlo. Pero resulta que cierto día, a principios de los 80, en Banrural me propusieron montar en las oficinas del banco un laboratorio. Yo no quise ser malagradecido y le informé a Héctor sobre la propuesta, él me dijo que no había problema y, entonces, llegué a Banrural, tanto a revelar como a levantar imágenes, lo mismo en Querétaro, que en Guanajuato y Estado de México. Ahí estuve 10 años, hasta 1991 cuando comenzó el proceso de liquidación de este organismo. Poco después, en el 94, un compañero que estuvo también trabajando en ese banco me invitó a entrar a la Comisión Estatal de Aguas (CEA)”.

Don Juan Botello en 1979

En la CEA, don Juan trabajó en el Departamento de Cultura del Agua, de 1994 a 1999. Ahí generaba las imágenes que promovían la cultura del cuidado del agua. Y aunque la mayor parte de su trayectoria profesional se desarrolló en el sector oficial, recuerda con satisfacción su breve paso por algunos medios: “Trabajé con don Pablo Osejo (el papá de Luis Gabriel) en Senda, una revista mensual. Me tocó iniciarla con él, por ahí de 1977. También tuve la fortuna de colaborar con don Andrés Estévez en uno de sus periódicos deportivos, entre 1985 y 1986″.

Contrariamente a lo que podría suponerse, la primera invitación para que don Juan se integrara al municipio de Querétaro (en el trienio de Paco Garrido), no fue como fotógrafo sino como redactor de la síntesis informativa, que en aquellos años —con una Internet aún muy primitiva— se hacía con recortes de periódico y resúmenes escritos con máquina de escribir. “Conocí a Miguel Ángel Vichique, quien era el director de Comunicación Social de Garrido, y me dice: ‘Oye, vente a trabajar conmigo’, pero me asigna al equipo de quienes hacían la síntesis informativa, le digo: ‘Pero yo no sé escribir a máquina’. Él me explicó que en fotografía tenía su equipo completo. Sin embargo, meses después se abrió una vacante en foto y así es como me integré a municipio. Eso fue en 1999”.

Días de pandemia. Los exgobernadores Mariano Palacios y Enrique Burgos, en amena charla. Foto: Juan Botello

Paco Garrido brinca a la gubernatura en octubre de 2003 y Miguel Ángel Vichique se va con él. Don Juan se queda en el municipio, pero poco después de la llegada de Armando Rivera como alcalde, es dado de baja. “Entonces busqué a Miguel Ángel y le pedí una oportunidad. No había plazas disponibles en fotografía de gobierno del estado, por lo que mientras se definía qué era lo que podía yo hacer, me envía a Radio Querétaro (el antecedente de RTQ) para que me dieran algunas actividades. Pasado un tiempo el director de la emisora me dice: ‘No te puedo encomendar nada serio porque en cualquier momento te va a llamar Vichique y me vas a dejar aquí colgado. ¿Te vas con Miguel Ángel o te vienes conmigo?’ Decido, entonces, quedarme en radio.

“A partir de ahí me dan algunas actividades. Me tocaba abrir la transmisión a las 6 de la mañana. Entre otros programas me brindan la oportunidad de conducir el de la Filarmónica de Querétaro. Y, sobre todo, algo que a mí me encantó muchísimo, fue que me tocó ser la voz de La Hora Nacional, inclusive del anuncio de Querétaro en La Hora Nacional. Una gran experiencia, pero después llega Pepe Calzada a la gubernatura, cambian todas las estructuras y Mónica Ramírez me da las gracias. Entonces se da la oportunidad de regresar a municipio, pues Arsenio Bañuelos entra a Comunicación Social, y le pido una oportunidad. Era 2009, y de ahí ya no me muevo. Me tocó ser el fotógrafo de Pancho Domínguez, de Carmelita Zúñiga, quien entra como presidenta municipal cuando Pancho se va al Senado. Y también, por supuesto, de Roberto Loyola, Marcos Aguilar, Luis Nava y Felifer”.

Pancho tomando protesta como presidente municipal de Querétaro. Foto: Juan Botello

Carmelita Zúñiga. Foto: Juan Botello

Juan Botello se explaya cuando narra cómo vivió el paso de la fotografía analógica a la digital, un verdadero parteaguas al que no todos pudieron adaptarse. “La diferencia es enorme. En la época analógica cubríamos un evento con dos o tres rollos de 36 exposiciones, y ya era muchísimo. Sin embargo, hoy, con una cámara digital, podemos capturar cientos o miles de fotografías. En aquellos tiempos teníamos que estar mucho más atentos a lo que iba a suceder, porque teníamos muy poca exposición. En el momento de disparar teníamos que hacer el disparo efectivo, si no, era echar a perder el trabajo. Además, si se trataba de fotos a color era hacer la toma, llevar el rollo a alguna tienda, esperar a que lo revelaran y regresar a recogerlo. Por eso manejábamos más el blanco y negro. Actualmente, tenemos la facilidad de adelantarnos, de tomar las imágenes, de escoger la que más nos parezca y de enviarla, prácticamente en tiempo real, a la redacción, a la oficina. Algo que en 1994, cuando presentaron la primera cámara digital, parecía una utopía”.

Más allá de las características y las habilidades que debe tener un fotógrafo, Juan se encuentra convencido de la importancia de la práctica constante. Por eso llama a los fotógrafos en ciernes a salir a toma fotos regularmente, a experimentar con diferentes técnicas y tipos de fotografía, y aprender de los errores y de los aciertos. “Analizar que hice, que me faltó, que me sobró, encuadré, no encuadré. También ayuda, y mucho, asistir a talleres y cursos de fotografía, ya sea online o presencial. Eso permitirá a los fotógrafos noveles el poder mantenerse al día y, algo, muy importante, les brindará la oportunidad de recibir comentarios de otros fotógrafos”.

Roberto Loyola. Foto: Juan Botello
Luis Nava. Foto: Juan Botello
Felifer Macías. Foto: Juan Botello

Aunque don Juan no sabe aún a qué se dedicará ahora que ha llegado la hora del retiro laboral, algo que sí tiene claro es que seguirá tomando fotos. “Para mí va a ser difícil separarme de mi compañera (la cámara), a la que, parece mentira, he traído conmigo 50 años. Y si bien aún todavía no decido bien a bien qué es lo que voy a hacer, de una cosa estoy seguro: voy a seguir tomando fotos. Soy de las personas que de repente va caminando y ve una abeja que se acerca a una flor, y ahí voy y la trato de fotografiar, o veo paisajes hermosos o escenas cotidianas y, claro, también trato de capturarlas”.

Foto: Juan Botello

Botello asegura que en estos 50 años de carrera como fotógrafo, jamás se ha arrepentido de no haber estudiado Derecho. “Te voy a ser sincero. A duras penas terminé la preparatoria, así que cuando llegó la oportunidad de tener ingresos con este hermoso oficio, pues me gustó la cámara, me gustó la fotografía, y no, no me arrepiento de haber seguido este camino. Al contrario, estoy plenamente convencido de que la fotografía me lo ha dado todo”.

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Last modified: 8 agosto, 2025
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