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Luzma, Ara y Eva, “cuidadoras colapsadas”, reciben apoyo emocional para enfrentar sus cargas

REPORTAJE: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX

FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

El día que Luzma explotó a gritos hacia su mamá de 80 años se dio cuenta que necesitaba ayuda para poder cuidarla. Aracely y Eva también reconocieron que requerían apoyo para enfrentar la carga emocional de cuidar a su madre de 94 años. Las tres cuidan con amor, pero aceptaron que solamente quienes cuidan a las personas adultas mayores o con discapacidad saben de la frustración, la tristeza y la sobrecarga que se puede sentir en esta labor.

Se estima que entre el 10.2 y el 10.6 por ciento de la población del municipio de Querétaro pertenece al grupo de personas adultas mayores, de acuerdo con datos que proporcionó el procurador de Protección a las Personas Adultas Mayores del Sistema Municipal de Querétaro para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Zury Dazaev Martínez Marín. Los cuidadores más comunes son las hijas e hijos, pero no siempre tienen preparación para realizar ese trabajo.

Por eso, el psicólogo Alejandro Gil Barrera Domínguez detalló que en casi el 70 por ciento de los casos de omisión, negligencia o violencia contra personas adultas mayores o con discapacidad que se atienden en el DIF municipal, se señala a las personas cuidadoras como responsables. Sin embargo, su intención no es dañar, solamente están sobrepasadas. 

Para reducir esas cifras el DIF municipal puso en marcha el primer “Círculo de Apoyo para Personas Cuidadoras Colapsadas”, donde se brinda acompañamiento emocional a quienes enfrentan el agotamiento por cuidar de otras personas y se otorgan herramientas para que puedan abordar la situación que viven sin sentirse culpables. 

Se habla de un colapso cuando la persona cuidadora  sufre estrés físico, mental y emocional por la sobrecarga de dedicarse a alguien más. Barrera Domínguez explicó que ese agotamiento se puede manifestar en problemas físicos, como cansancio, dolores, problemas de sueño o el descontrol de enfermedades. También se presentan problemas emocionales, como enojo, frustración o tristeza y problemas económicos o sociales porque quien cuida se dedica todo el tiempo a la persona que requiere la atención y se olvida de sí mismo.

Ser cuidadora colapsada

Luz María Pérez Rubio se reconoce como cuidadora colapsada. Es la cuarta de nueve hermanos, pero solamente tres atienden a su mamá de 80 años. Luz la cuida cuatro días, en los que deja a su propia familia para irse a quedar a casa de su mamá y estar al pendiente de sus medicamentos, citas con doctores y otros cuidados, porque “por su edad, cada vez se le olvidan más las cosas. Yo llego a su casa el domingo a las 12 del día y la dejo el jueves a las 10 o a las 11 de la mañana. Dejé de trabajar para atenderla”.

Hace casi cinco años falleció su papá y a partir de ahí su  mamá dejó de ser activa, “porque ella era voluntaria, era muy fuerte. Todavía camina y se vale por sí sola, pero está iniciando la demencia”. Su mayor preocupación, es entender cómo involucrar al resto de la familia en el cuidado sin generar problemas entre los hermanos.

“A veces sí colapso, por eso quise venir a terapia. Mi colapso es como frustración, a veces le digo a mi mamá: me quieres volver loca, pero también soy mamá y entiendo su tristeza porque sus hijos no la llaman, no la atienden y me pongo en su lugar y sé que sufre, cuando sufre por esa angustia, yo me frustro, porque quisiera que fueran, pero están enojados y de ahí no los saco, la llevo a donde están, pero no tiene el valor de bajar a saludarlos porque dice: ellos se enojaron, pues que no me vean”.

Su mamá repite mucho las mismas cosas o ideas y a veces, Luz siente que no puede más. Los tres días que no le toca cuidarla, trata de salir y despejarse, sobre todo, ir a terapia. “Hoy en terapia me halagaron, me hicieron el día, porque casi siempre siento impotencia, ¿qué puedo hacer? En mi casa, en mi familia, dicen que mi mamá hace lo que yo digo y no es así, los reto a que se queden cuatro días a cuidarla, para que entiendan, pero ellos no me incluyen, hacen reuniones y no me invitan, ni siquiera a mi mamá, a veces”. 

En el taller entendió que necesita comunicar sus emociones con el resto de su familia, también refrendó su decisión de cuidarla porque sacó adelante a nueve hijos. “El día más difícil para mí, cuando supe que necesitaba ayuda, fue cuando me prestó una tina y se la regresé, pero decía que era otra, que la suya era más grande, lo repetía y lo repetía y yo me pegué a mí misma muchas veces en la cabeza (con la mano) y le grité: ‘mamá, entiende, tu tina es esa’, le grité muy fuerte y mi mamá se espantó, ese día lo supe, no le pegué a ella, pero sí a mí y me di cuenta que tenía un problema y no la puedo dejar de atender, por eso decidí buscar ayuda”. 

Hasta 10 reportes al mes por malos tratos contra personas adultas mayores o con discapacidad 

El procurador de Protección a las Personas Adultas Mayores del Sistema Municipal de Querétaro para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), Zury Nazareth Martínez Marín, precisó que entre el 10.2 y el 10.6 por ciento de la población del municipio de Querétaro pertenece al grupo de personas adultas mayores.

Para mejorar la calidad de vida de este sector poblacional y de sus cuidadores, en el DIF municipal entendieron que “el cuidador también necesita ser cuidado y es justamente darles un círculo de apoyo para personas cuidadoras colapsadas, para llenarlas de herramientas tanto físicas como emocionales, para poder seguir llevando a cabo esta actividad, esta responsabilidad del cuidado de personas adultas mayores o con discapacidad”.

Estos círculos buscan una disminución de los casos de violencia contra las personas adultas mayores y que desaparezcan situaciones como la omisión de cuidados y el abandono de este grupo poblacional. Por eso, en estos grupos se abordan temas como la tolerancia, la resiliencia ante la gran responsabilidad de cuidar a otra persona y se planearon para mejorar la salud emocional de quienes apoyan a los grupos vulnerables por su edad o por alguna discapacidad. 

Martínez Marín detalló que cada mes hay alrededor de 10 reportes, a veces más, a través de la línea 089, en los que se hace referencia a alguna situación de violencia, de abandono, de descuido o de omisión de cuidados hacia una persona adulta mayor. En el momento en que se recibe la llamada, un equipo multidisciplinar, que integran profesionistas de trabajo social, psicología, derecho y fisioterapia, acude al domicilio que se refiere para realizar una intervención y encontrar redes de apoyo para que la familia entienda su obligación y responsabilidad, al tiempo que se involucra a vecinos y amistades.

Como último recurso, si la familia obligada a brindar el cuidado no atiende los requerimientos, se informa de estos hechos a la Fiscalía General de Querétaro porque muchas veces se comete un delito y es necesario iniciar una acción jurídica contra quien resulte responsable por el abuso o por la omisión. “Son la menor cantidad de los casos, pero sí hemos presentado estas denuncias”, señaló. 

El procurador aclaró que estas situaciones son muy complicadas para las personas cuidadoras, porque muchas de ellas no quieren atender a un adulto mayor porque en su dinámica familiar llegan a decir: “a mí no me cuidaba, a mí no me daba, ¿por qué la tengo que cuidar? Y si le sumamos las carencias de estas personas, hijo, hija, familiar, tío, hermano, para cuidar a la persona adulta mayor, se complica aún más, porque estas carencias pueden ser desde la económica hasta cuestiones emocionales. Difícilmente las personas estamos preparadas para cuidar a alguien más, a veces apenas nos podemos cuidar a nosotros mismos”.

Zury Martínez puntualizó que también se debe considerar los requerimientos económicos, toda vez que las personas adultas mayores o con discapacidad necesitan ciertos medicamentos y alimentos específicos, o bien, atención médica especializada y en ocasiones el traslado se complica. 

Cuando lo vemos desde afuera, añadió, “pareciera que queremos culpar a la familia por no cuidar, pero la verdad es que justamente parte del trabajo que hace el equipo multidisciplinario es conocer todo el contexto familiar para poder llevar a cabo las acciones que más le beneficien a la familia y al adulto mayor”.

El cuidado se hace con amor, pero a veces te rebasa, admiten 

Las hermanas Aracely y Eva Irena Loya Almanza se encargan del cuidado de su mamá de 94 años. “Nosotras también somos adultas mayores, pero la cuidamos a ella y requiere mucha atención, requiere todo el tiempo, tanto así que a veces nos hacemos a un lado para poder seguir atendiéndola y eso empieza a generar situaciones conflictivas, familiares y de salud personal porque como me dedico tanto a esa persona, que me pierdo de mí, no me atiendo, no me cuido”, destacó Eva. 

Acudir al círculo para personas cuidadoras colapsadas les ayudó a entender que no son las únicas que enfrentan estas emociones, ya que “difícilmente la gente entiende lo que pasamos los cuidadores, parece muy sencillo cuando estás fuera, pero quienes tenemos experiencia cuidando a enfermos, personas con Alzheimer, narcisistas o enfermedades terminales, sí entendemos. Solamente las personas cuidadoras conocemos la realidad”, agregó Aracely.

Ellas tienen la fortuna de ayudarse entre las dos, pero saben que hay muchos otros casos en los que la familia se deslinda de la responsabilidad y dejan la carga en una sola persona frente a situaciones muy complejas y muy variadas. Aracely subrayó que todo el cuidado “se hace con gusto, se hace con amor, pero a veces te rebasa, no necesariamente estás 24 horas, pero la carga emocional es mucha”.

Para Eva esto se vive como “cuando tienes un bebé y dejas de ser tú misma. Cuando tuve a mi bebita, siendo profesionista, dejé de trabajar cuatro años, ella creció y es independiente. Aquí volvemos a la misma circunstancia, aunque un poquito más complicado porque es una persona adulta y debes dejar de ser tú para atenderla. No sales, no te cuidas, te dejas”.

Eso las lleva a preguntarse hasta dónde tienen la responsabilidad de hacerlo, hasta qué punto pueden abandonarse para cuidar a otra persona, porque a veces son extremadamente demandantes y a veces “sientes que se te va la vida, no puedes hacer las actividades que hacías y te sientes como liebre encandilada porque no solamente tienes las cargas materiales, sino las emocionales”.

“A veces la situación del enfermo, del anciano, te arrastra a un círculo en el que empiezas a sentir que pierdes la mente y este taller nos hace sentir que no somos las únicas, que estamos apoyadas, que hay instituciones que tienen toda la infraestructura para dar el  apoyo psicológico”, reiteró Aracely.

“No sentirnos solas”, piden cuidadoras

El procurador resaltó que la gente que asiste a los círculos para personas cuidadoras encuentra un espacio con una dinámica de experiencias mutuas que les brindan herramientas para poder enfrentar esta responsabilidad y “compartir esa experiencia les hace saber que no son las únicas personas que lo enfrentan, que se vale frustrarse, pero que hay que encontrar espacios de resiliencia para volver a encontrar cómo cuidar a la persona que lo requiere”. 

En el caso de Luzma, este espacio se convirtió en un sitio especial para explicar su frustración y consideró que se necesita más capacitación para atender a las personas adultas mayores, porque “duele mucho que no haya unidad, que no se les atienda, que no nos hagamos conscientes de lo que necesitan y necesitamos”. 

Aracely y Eva tienen la suerte de comunicarse y ponerse de acuerdo para cuidar a su mamá, pero hay otras personas que no tienen esa fortuna, por eso, el taller les ayudó a no sentirse solas porque conocieron a compañeras que viven las mismas condiciones y emociones, así que es como liberarse de culpas, de penas o de afectaciones dentro de las familias.

“A veces se deteriora, incluso, tu núcleo familiar cuando no hay un orden correcto, cuando abandonas todo. A través de la vida criamos a nuestros hijos, trabajamos, en mi caso me jubilé y ahora tenemos una bebé de 94 años que es nuestra mamá y nos exige como mamá y a veces se porta como bebé. Es mi madre querida, pero a veces es muy difícil y este espacio nos hace cuestionar nuestros límites y nuestro respeto. Estamos entiendo las cosas que debemos atender para poder cuidar”, recalcó Aracely.

Las personas cuidadoras de personas adultas mayores o con discapacidad que deseen recibir acompañamiento emocional pueden comunicarse al teléfono 442 595 5829. También pueden acudir a la Procuraduría de Protección a las Personas Adultas Mayores del DIF municipal en la calle Santiago de Veraguas sin número, Colonia Lázaro Cárdenas III.

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Last modified: 27 agosto, 2025
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