Autoría de 6:31 pm #Destacada, #Opinión, A Ojo de Pájaro - Gerardo Aguilar • 4 Comments

Hecho en México: nuestras hermosas aves endémicas. Región 5: Pacífico Sur – Gerardo Aguilar Anzures

Estamos llegando al final de nuestro recorrido virtual de aves endémicas de México. Aunque organicé la serie por regiones de distribución, con una entrega por región, no había una solución única para ello y en este capítulo dedicado al Pacífico Sur, te presentaré un par de especies que pudimos haber narrado en el estado de Morelos, en la segunda entrega. Puedes ver las cuatro entregas anteriores de esta serie en los enlaces siguientes:

Hecho en México: Nuestras hermosas aves endémicas. Región 1, Ciudad de México y sus alrededores – Gerardo Aguilar Anzures – La Lupa

Hecho en México: Nuestras hermosas aves endémicas. Región 2, de paseo por Morelos – Gerardo Aguilar Anzures – La Lupa

Hecho en México: Nuestras hermosas aves endémicas. Región 3: Jornada hacia el oriente – Gerardo Aguilar Anzures – La Lupa

Hecho en México: nuestras hermosas aves endémicas. Región 4 Pacífico Norte, de Sonora a Jalisco – Gerardo Aguilar Anzures – La Lupa

Una de las cosas que he podido darme cuenta con esta recopilación de avistamientos, es que todavía hay regiones de México de gran relevancia en las que no he podido pajarear, como los estados completos de Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua y Tabasco. En Aguascalientes, Baja California Sur, Colima y Zacatecas ha sido muy escasa mi actividad, pero la “deuda personal” más grande que siento es con Oaxaca, donde ya hice un viaje hace tiempo, pero solamente a la Sierra Norte y eso implica que aún me queda muchísimo por explorar, puesto que es un estado con una extraordinaria biodiversidad aviar. Espero que no pase mucho tiempo para que te comparta por medio de esta columna alguna nueva expedición oaxaqueña.

GUERRERO

Aunque el nombre del estado es en honor al héroe insurgente Vicente Guerrero, esta tierra se conoce porque su gente es aguerrida cuando es necesario y esto es aún más palpable en las regiones menos accesibles, como puede ser la Sierra de Atoyac. Ahí no es muy recomendable ir despreocupadamente, sino tener claro dónde iremos y qué contactos locales tendremos, para no correr riesgos, porque los extraños no siempre son bien recibidos. Y precisamente a estas bellas y agrestes laderas montañosas tenemos que ir, si queremos ver algunas de las especies más difíciles de encontrar entre las endémicas mexicanas.

Para abrir la jornada, tenemos a la especie de portada, que es rara y difícil de ver. Se trata de la chara garganta blanca, para la cual hicimos una expedición especial a un bosque de montaña en Guerrero, muy diferente y lejano de las playas de Acapulco o Zihuatanejo, con su arena y sus palmeras.

Chara Garganta Blanca (Cyanolyca mirabilis)

La Chara Garganta Blanca es un ave de tamaño mediano con plumaje azul-pizarra brillante en el cuerpo, cabeza  azul más oscuro y una llamativa garganta blanca que se extiende por el cuello. Su pico es delgado y afilado. Es una de las charas más tímidas.

Tiene una distribución muy restringida en los bosques húmedos de pino-encino y bosques mesófilos de niebla de la Sierra Madre del Sur, en los estados de Guerrero y Oaxaca.

Se alimenta de insectos, larvas, arañas y otros invertebrados que encuentra entre la hojarasca del suelo y el follaje denso. También consume semillas y frutos.

Es una especie en peligro de extinción debido a la destrucción de su hábitat. Su naturaleza esquiva y su canto discreto hacen que su detección sea  todo un  reto y su avistamiento un verdadero logro.

El viaje especial que hicimos tuvo un par de escalas para descansar y hacer observación en el trayecto. Por la tarde Llegamos al territorio de la chara, en un apartado lugar llamado Omitemi  y rentamos una cabaña, para pasar la noche y poder buscar el ave también al día siguiente.  Nuestra primera búsqueda al llegar fue productiva, con varias especies interesantes, pero ni rastro de la chara.

Por la noche salimos a buscar especies nocturnas y no tuvimos suerte, pero al menos pudimos escuchar al búho café. Sin embargo, la noche estrellada fue por sí misma un espectáculo, ya que estuvo despejada y como el paraje es tan aislado, la contaminación lumínica es mínima. Para mí fue extraordinario, ya que nunca antes había visto tantas estrellas y, sobre todo, la Vía Láctea con claridad.

Fue un gran día, pero había quedado pendiente el objetivo principal, que era la chara garganta blanca. Irremediablemente, esto me remitió a unos años antes, cuando fuimos a la Reserva de la chara pinta y no pudimos encontrarla, así que me pasó por la cabeza que éste podría ser el segundo episodio de “chara buscada, no encontrada”. Te invito a leer acerca de la búsqueda de la chara pinta es esta crónica:

Pero en el primer recorrido de la mañana siguiente, para regocijo y alivio de los seis expedicionarios, apareció la chara en la fronda baja de un árbol. Con poca luz, entre las ramas y a contraluz, pero al menos logré las primeras tomas de la codiciada especie. Después de un rico desayuno, como suelen ser los que te preparan en las pequeñas comunidades, regresamos a pajarear y pudimos ver mejor a esta bella ave. En esta sesión pude captar la imagen de portada y la que te comparto bajo estas líneas, que definitivamente están en el cofre de mis tesoros.

Chara garganta blanca

Habíamos hecho otro viaje especial a Guerrero unos años antes, para buscar otra  especie endémica, o mejor dicho, micro-endémica en la Sierra de Atoyac. Se trata de uno de los colibríes más pequeños  de nuestro país y desafortunadamente, es una especie amenazada.  Es la Coqueta de Atoyac. La región alberga a otras especies valiosas, algunas de ellas endémicas. Fue un viaje sumamente productivo y con gusto te comparto nuestros mejores hallazgos.

Carpintero Corona Gris (Colaptes auricularis)

El Carpintero Corona Gris es un ave de tamaño mediano con plumaje de tonos grises y café, finamente barrado. La cabeza es gris, con una línea negra desde la base del pico hasta el ojo. Los machos tienen una mancha roja en la nuca.

Habita en la Sierra Madre Occidental, desde el sur de Chihuahua hasta el norte de Oaxaca, en  bosques de montaña. Su dieta se compone principalmente de hormigas que extrae de la madera en descomposición y del suelo. También se alimenta de otros insectos, larvas y pequeños frutos.

En el viaje a la Sierra de Atoyac en busca de la Coqueta, pasamos por La Estancia, un pequeño caserío a la orilla de la sinuosa carretera  entre Atoyac de Álvarez y La Pintada, que es el remoto punto de avistamiento de la Coqueta. Hicimos una parada en una tienda y  aprovechamos para pajarear un rato en los alrededores y tuvimos la enorme fortuna de encontrar este hermoso carpintero en los árboles cercanos.

Esta especie se me hace muy interesante, puesto que el patrón de colores del plumaje es radicalmente diferente a la combinación más común de negro, blanco y rojo de muchos carpinteros. A lo mejor piensas que es una tontería pero a mí me da la impresión de que  su pecho estuviera como tejido de gancho, con estambre gris y verde.

Después de todas las horas de camino montañoso, fue un aliciente encontrar esta especie y once más en ese pequeño paraje, haciéndonos sentir optimistas por lo que nos esperaba en nuestro destino.

Carpintero corona gris

Colibrí Coqueta de Atoyac (Lophornis brachylophus)

Como su nombre sugiere, es un colibrí pequeño y extraordinariamente hermoso. El macho tiene una cresta de plumas rojizas muy cortas en la cabeza y un collar de mismo color, que contrastan con su plumaje de tonos verdes. Las hembras son más discretas.

Con una población extremadamente pequeña que se limita a los bosques secos del alto Balsas, en la Sierra de Atoyac, se le considera en peligro crítico de extinción.

Su dieta se basa en el néctar de flores pequeñas que busca constantemente en ramas altas de árboles.

 Su diminuto tamaño y la rareza de sus avistamientos lo convierten en una de las joyas más codiciadas y en uno de los mayores desafíos para los observadores y fotógrafos de aves en México.

El viaje para buscarlo fue iniciativa de mi amigo, el gran fotógrafo de naturaleza Daniel Garza Tobón y él hizo contacto con un estudiante de la Universidad Autónoma de Guerrero, llamado Ángel que había  publicado una fotografía de la especie y que nos sirvió de guía en el viaje. También fue nuestro “Ángel guardián”, ya que es originario de la zona de la Sierra y sabe por dónde andar sin riesgo y es persona conocida en la comunidad, lo cuál es muy importante para que “no nos fueran a desconocer”.

Si quieres leer a detalle acerca de esta expedición muy  especial, te invito a leer la crónica completa:

En realidad fue complicado observar y fotografiar a la Coqueta de Atoyac. Sus flores favoritas se encuentran en un árbol que llaman nanche y las pequeñas flores blancas están a varios metros del suelo. Aparte de todo, siendo un colibrí tan pequeño, suele sufrir “bullying” de las otras cuatro o cinco especies de colibríes que hay en la zona. Dos de ellas, también son endémicas y te platicaré de ellas más abajo. En otras palabras, mis fotos de la Coqueta no fueron las mejores, a pesar de lo mucho que lo intenté y de  muchìsimas fotos que se fueron a la basura. Tengo la intención de mejorarlas, pero aún me quedan otras regiones de nuestro país que tengo como prioridad visitar, así que no me queda claro cuándo pueda regresar a la Sierra de Atoyac por este pequeño.

Coqueta de Atoyac

Colibrí Guerrerense (Eupherusa poliocerca)

El Colibrí Guerrerense es de tamaño mediano, con un plumaje  verde iridiscente  en el cuerpo y una cola larga y blanca que se extiende más allá de las alas. Su pico es largo, delgado y ligeramente curvado. El color blanco de su cola es muy distintivo y lo hace inconfundible en vuelo.

Su distribución está restringida a la Sierra Madre del Sur, en los estados de Guerrero y el oeste de Oaxaca. Habita en bosques húmedos de pino-encino y bosques mesófilos de niebla.

Su dieta se basa principalmente en el néctar de las flores, pero también consume pequeños insectos y arañas que atrapa en vuelo o recolecta de las plantas para complementar su alimentación.

Aunque su situación es menos grave que la de la Coqueta de Atoyac, el colibrí guerrerense también es una especie amenazada bajo la NOM-59.

Colibrí guerrerense

Ermitaño Mexicano (Phaethornis mexicanus)

El Ermitaño Mexicano es un colibrí de tamaño mediano con un pico muy largo y curvo. Su plumaje es de tonos pardos y grises, con una franja oscura que atraviesa el ojo y una garganta pálida. Su cola es larga y las plumas centrales son más alargadas y de color blanco. A menudo se le encuentra en el sotobosque, buscando su alimento.

Se encuentra en las zonas montañosas de la vertiente del Pacífico, desde el sur de Sinaloa hasta Oaxaca, así como en la Cuenca del Balsas. Habita en bosques tropicales secos, bosques de pino-encino y bosques mesófilos de niebla.

Su dieta principal es el néctar de las flores que busca volando a lo largo de senderos regulares, un comportamiento conocido como “trampeo” de néctar. También consume pequeños insectos y arañas para complementar su dieta.

Su reciente reconocimiento como una especie separada del Ermitaño Mesoamericano lo convierte en una de las aves endémicas más valiosas y recientes en la lista de los observadores de aves en México. De hecho, cuando hicimos el viaje, todavía no se había escindido esta especie, así que de la noche a la mañana “me brotó” otra endémica, sin mover un dedo.

La imagen que te presento bajo estas líneas  fue tomada en la mano de uno de los expedicionarios, ya que el colibrí cayó en una de las redes que los biólogos utilizan para monitoreo. Aunque pudimos ver al ermitaño en libertad varias veces, en realidad no pude obtener una buena foto en vuelo de esta especie. 

Ermitaño mexicano

Ese viaje a Atoyac fue un verdadero banquete de colibríes, puesto que  pudimos ver varias especies más, algunas valiosas,  como el guerrerense, el ermitaño mexicano, el picudo coroniazul o el cola pinta y otras más comunes, como el berilo y el corona violeta.

Respecto a la peligrosidad de la región, en realidad los recorridos que hicimos fueron tranquilos y en general, la gente no se veía alerta o preocupada, como sí me tocó experimentar en otras regiones como Tamaulipas o San Luis Potosí, aclarando que esto puede cambiar  en el tiempo para bien o para mal,  con los movimientos y áreas de influencia del crimen organizado.

Es una triste realidad que uno no pajarea siempre donde quiere, sino donde puede hacerlo, dentro de una relativa seguridad. La actividad, al desarrollarse en parajes que pueden ser solitarios, es riesgosa ante la criminalidad. Un observador, que lleva cámara, binoculares, celular e incluso automóvil, lamentablemente puede ser presa fácil y rentable para los maleantes.

OAXACA

Incluyo a Oaxaca como “estado honorario”  en  mis crónicas de aves endémicas de México, porque no hacerlo sería una injusta omisión, derivada de mi escasa presencia en el estado. Sin embargo, muchas de las especies que he visto  en Morelos o Pacífico Norte, también se encuentran en Oaxaca y por ello, me permito la libertad de asignar un par de ellas a este capítulo.

Tecolote colimense (Glaucidium palmarum)

El Tecolote colimense es un búho pequeño, con un plumaje de tonos marrones y rojizos, finamente moteado. Tiene una cabeza redonda sin “orejas” de plumas y ojos grandes y amarillos. Es un depredador nocturno pero a menudo se le ve activo al amanecer y al atardecer.

Esta especie se distribuye a lo largo de la vertiente del Pacífico, desde el sur de Sinaloa hasta Oaxaca. Habita en bosques tropicales secos, selvas bajas caducifolias, bosques de pino-encino y zonas de transición.

Se alimenta de insectos grandes, lagartijas, roedores y aves pequeñas que captura en vuelo o en el suelo. Su canto es una serie de notas silbadas, muy distintivas, que emite en la quietud de la noche o en el crepúsculo. Es común poder escucharlo antes de verlo.

Estos tecolotes pequeños del género Glaucidium me son muy entrañables, por su belleza y por ese inevitable magneto que es su mirada penetrante. Un dato que tal vez te sorprenda, es que tecolotes y búhos no pueden mover sus ojos, que están fijos en las cuencas oculares, por ello deben girar la cabeza completa para desplazar su campo visual y mirar hacia un lado y otro. Esto puede verse un tanto extraño y contribuye a que haya supersticiones y miedos causados por la ignorancia, que pueden llevar a la gente a matar a estos extraordinarios animales, considerándolos malignos.

Y aunque parezca un peluche, no te dejes engañar: A pesar de su pequeño tamaño, el tecolote colimense es un cazador formidable.

 Tuve el primer avistamiento de esta especie en el Área Natural Protegida de Las Estacas, que rodea al famoso balneario del mismo nombre, lugar de una biodiversidad espectacular. También tuve oportunidad de verlo en Nayarit y Jalisco.

DERECHOS RESERVADOS

 Carpintero Enmascarado ( Melanerpes chrysogenys )

Es un ave colorida y de tamaño mediano, con un dorso barrado en blanco y negro y un vientre pálido. Los machos presentan una corona y nuca rojas vibrantes, que en las hembras se limita a la nuca. Su característica más distintiva es la mancha amarilla o dorada en las mejillas.

Se distribuye a lo largo de la vertiente del Pacífico, desde Sinaloa hasta Oaxaca. Habita en bosques tropicales secos, selvas bajas caducifolias, matorrales espinosos y en áreas con cactáceas y árboles dispersos, donde encuentra su alimento.

Se alimenta de insectos que extrae de la corteza de los árboles con su pico afilado, así como frutas, semillas y néctar de cactáceas columnares, perforando sus tallos para acceder a los jugos.

Al igual que otros carpinteros, es esencial para la salud de los ecosistemas forestales al controlar poblaciones de insectos y al crear cavidades en los árboles que son utilizadas por otras especies como refugio o nido.

Mi primer avistamiento fue hace un poco más de 10 años, en junio de 2015 en la Zona Arqueológica de Xochicalco, Morelos. Este sitio es absolutamente maravilloso, porque combina una riqueza arqueológica descomunal, junto con una biodiversidad maravillosa. Aparte de los múltiples avistamientos en Morelos, he tenido la oportunidad de ver al carpintero enmascarado en Nayarit y Sinaloa.

Por favor, no me odies por “humanizarlo”, pero me divierte pensar que este carpintero tiene cara de susto, o por lo menos, de “perpetuo asombro”, si te parece más apropiado.  Es un ave muy vital y siempre me da un enorme gusto verla.

Carpintero enmascarado

MICHOACÁN

Vencejo Nuca Blanca (Streptoprocne semicollaris)

El Vencejo Nuca Blanca es un ave de gran tamaño y un vuelo extraordinariamente rápido y acrobático. Su plumaje es predominantemente negro brillante, con una distintiva y ancha banda blanca que rodea la nuca, lo que le da su nombre. Sus alas son largas, delgadas y en forma de hoz.

 Se distribuye en las regiones montañosas del país, desde el norte de Sonora y Chihuahua, a lo largo de la Sierra Madre Occidental y Oriental, hasta el sur de Oaxaca y Chiapas. Habita en cañones rocosos, acantilados y montañas donde anida en cuevas.

Se alimenta exclusivamente de insectos voladores que captura en pleno vuelo, moviéndose en grandes bandadas. Anida en colonias en las paredes de las cuevas, usando materiales como barro y saliva para construir sus nidos.

Aunque he podido verlo en múltiples ocasiones, el recuerdo más entrañable que tengo es de un viaje que hicimos Daniel Garza Tobón y yo para buscar vencejos en la zona de Tacámbaro, Michoacán. En esa ciudad hay un lugar extraordinario, que es la Cascada Santa Paula, donde pudimos ver cuatro especies diferentes de vencejo: el cara blanca, el negro, el cuello castaño y el más común de todos, pero el único endémico, que es el nuca blanca, del cual estamos platicando ahora. El vuelo de los vencejos fue fascinante y poder ver las cuatro especies, todo un lujo. Sin embargo, la fotografía de estas aves es bastante difícil, por lo rápido y errático de su vuelo y porque normalmente sus cuerpos oscuros contra un cielo brillante dificultan mucho captar los pequeños rasgos que los diferencian: la nuca blanca, o el cuello castaño, por ejemplo y solo se ven como siluetas negras en el cielo. En el caso del nuca blanca, la identificación es más sencilla, porque es significativamente más grande que los demás.

Vencejo nuca blanca

Como otros viajes con Daniel, éste no careció de riesgo y aventura, ya que  al terminar de observar vencejos, salimos muy entrada la tarde de Tacámbaro hacia Morelia, para buscar más especies en otra parte de Michoacán al día siguiente. El trayecto era por la carretera libre, que es sinuosa y muy oscura por la noche, pero además nos llovió una buena parte del camino. Después de un trayecto que para mí resultó muy largo, fue un alivio ver las luces de la ciudad al llegar a las afueras de Morelia. Sin embargo, todavía nos faltaba peregrinar un poco, porque llegamos como a las 10 pm y en los primeros hoteles que preguntamos, no había habitaciones disponibles. Finalmente nos pudimos instalar y salimos a cenar, lo único que había abierto a esas horas: tacos.

Al dìa siguiente salimos temprano  con rumbo a Tzitzio, también en Michoacán, puesto que habían reportado una especie muy rara, que es la golondrina sinaloense, misma que no encontramos, pero el lugar es hermoso y me da oportunidad de platicarte a continuación de la última especie de nuestro recorrido, la cual nos regaló un maravilloso avistamiento.

Colorín Pecho Naranja ( Passerina leclancherii )

El Colorín Pecho Naranja es una joya de plumaje vibrante y contrastante. Los machos poseen una cabeza y espalda de un azul brillante, que contrasta espectacularmente con un pecho y vientre de color naranja intenso a amarillo. Las hembras son más opacas, con tonos verdosos y amarillentos.

Se distribuye a lo largo de la vertiente del Pacífico hasta el sureste de Chiapas. Prefiere hábitats de bosque tropical caducifolio seco, matorrales espinosos y áreas arbustivas abiertas, a menudo cerca de asentamientos humanos o zonas agrícolas.

Su dieta se basa en semillas de pastos y otras plantas herbáceas, pequeños frutos y bayas. Durante la temporada de cría, también consume insectos y larvas para satisfacer las necesidades nutricionales de los polluelos.

Recuerdo mi primer avistamiento de este hermoso colorín, en el descenso al Rìo Hormiga, en Tetlamatzin, cerca de la Zona Arqueológica de Xochicalco, Morelos. Con la luz de sol en pleno, los colores parecían irreales. Desde entonces tengo esta especie en especial estima.

En el viaje a Michoacán en busca de vencejos, llegamos a la localidad de Tzitzio, como a una hora de camino hacia el sur de Morelia. El lugar en sí es bello, como proclama su propio nombre, que significa “Lugar hermoso” en chichimeca… Claro que llegaron los colonizadores españoles y con fervor y poca imaginación, lo renombraron como “San Guillermo” pero afortunadamente, retomó su nombre original en el México independiente.

Fuimos a ese pueblito, puesto que habían reportado ahí a la golondrina sinaloense (Progne sinaloa). Tuvimos una muy buena pajareada, con casi 30 especies, algunas muy interesantes.  El colorín pecho naranja se llevó una mención especial, ya que  estuvo un buen rato en espacio abierto y con buena luz, como invitándonos a fotografiarlo. La imagen que te comparto más abajo es una de mis favoritas de la especie, por encima de cientos de tomas que he hecho de ella, principalmente en Morelos.

Colorín pecho naranja

Pero la golondrina codiciada no apareció… Más tarde, cuando almorzamos en el único restaurante abierto en el pueblo, los lugareños nos dijeron que sí llegaba ahí la golondrina, pero hasta el anochecer. Incluso nos dijeron que se perchaban en fila en los cables de luz, frente a la iglesia (como buenas golondrinas). Decidimos que era mucho tentar a la suerte esperar a la golondrina y viajar tarde una segunda noche, por caminos desconocidos en Michoacán, ya que el trayecto de regreso era de aproximadamente cinco horas.  Con cierta renuencia, emprendimos el regreso a buena hora, llegando a la CDMX como a las 8 pm, molidos de cansancio. Esto fue en 2022 y a la fecha nos sigue faltando esa especie a Daniel y a mí.

EPÍLOGO

Pues aquí damos por terminado nuestro viaje por las especies endémicas de México que tengo en mi acervo fotográfico. Algunas de las tomas son motivo de orgullo, por el valor de la especie y por la imagen en sí… otras, como pudiste ver, apenas alcanzan un nivel digno de publicarse. Pero todas tienen algo en común y es el orgullo y la satisfacción de haberlas logrado. Compilarlas y complementarlas con las historias que hay detrás de ellas, fue una tarea más grande de lo que inicialmente estimé y precisamente por ello, llegar al final de estas narraciones me es doblemente gratificante y no me queda más que agradecerte por tu compañía a lo largo de mis viajes y por la motivación que tu lectura representa para mí.

Nos leeremos pronto, en una nueva crónica, que aún está en proceso de cobrar forma en mi mente.

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Last modified: 26 septiembre, 2025
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