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La crisis de Venezuela desde la mirada ecológica – Antonio Sarmiento Galán y Luis Tamayo Pérez

Como todos sabemos, el pasado 3 de enero el entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron capturados —secuestrados dijeron ellos— por parte del gobierno de los EEUU y acusados de diversos cargos de narcotráfico. No es la primera vez que el gobierno de los EEUU interviene una nación —hace exactamente 35 años años hizo lo mismo en Panamá— ni tampoco es la primera vez que el gobierno venezolano repite el argumento de que se trató de una “secuestro”. Así lo hicieron cuando los sobrinos de Cilia Flores, en el 2015, fueron engañados por agentes de la DEA y en vez de iniciar un lucrativo negocio “con un cártel mexicano que llevaría toneladas de cocaína a los EEUU”, se encontraron rodeados de agentes de la DEA de los EEUU y policía de Haití, pues ahí se haría la transacción, en posesión de 800 kg de cocaína extra pura —comprada a las FARC colombianas— y con múltiples grabaciones que los incriminaban de tal manera que sus pasaportes diplomáticos nada pudieron hacer para librarlos de la cárcel. El avión que transportaba la droga, además, provenía del hangar presidencial venezolano, iban custodiados por militares y en las grabaciones dijeron que los 5 millones de dólares estadounidenses que pretendían obtener eran para destinarlos a la campaña de su tía —Cilia Flores— al Congreso de Venezuela.[1]

Ciertamente Nicolás Maduro es indefendible. No sólo reto y se burló —y durante meses— del presidente de los EEUU, sino que —siguiendo el legado de Chávez — convirtió a la nación que posee mayores reservas probadas de petróleo en la tierra, en una de las más pobres de Latinoamérica. Años de políticas populistas e incorrectas obligaron a casi el 30% de los venezolanos a escapar de su país.[2]

La intervención en Venezuela de la administración de Donald Trump es una muestra de que el orden mundial ha cambiado. Antes las acciones como la que acaba de realizar el gobierno de ls EEUU debían justificarse: “intervenimos para defender la libertad, para reinstaurar la democracia”. Ahora el presidente Trump es directo y cínico: venimos por el petróleo. Los más enterados reconocen otra razón de orden geopolítico: los EEUU intervinieron Venezuela para cerrar la puerta a los avances de China y Rusia en la región, imponiéndose a sangre y fuego en su “zona de influencia” determinada por la doctrina Monroe (ahora denominada Donroe[3]): “América para los americanos”. Los EEUU no podían permitir que Venezuela abandonase el patrón dólar para vender su petróleo y lo hiciera en yuanes chinos. Es esa misma doctrina la que lleva a Trump a pretender convertir a Canadá en el estado 51 y apropiarse de Groenlandia. La guerra continúa narrada por George Orwell en su novela 1984 entre los tres superestados Oceania, Eurasia y Estasia parece estar haciéndose realidad.

Buena parte de lo venezolanos, sin embargo, están muy contentos con la intervención de las fuerzas armadas estadounidenses. Lo están porque, o habían tenido que escapar de su propio país a causa de las fallidas políticas de Chávez y Maduro, o porque residiendo en Venezuela se encontraron con que el dictador había sido depuesto, uno que no sólo encarceló por miles a los opositores, sino que continuó con las vergonzosas y muy populistas prácticas expropiatorias iniciadas por Chávez y que sumieron al país en la pobreza[4]. Y no dejemos de recordar que muchas de tales expropiaciones aún ahora se adeudan[5]. De las más de mil empresas que la revolución bolivariana expropió, solo un pequeño porcentaje continuó funcionando correctamente, las demás se convirtieron en, simplemente, empresas fantasma, abandonadas o improductivas. [6]  

Añadamos que si los venezolanos están esperando que la administración Trump se preocupe por su bienestar o por la vuelta de la democracia, será mejor que esperen sentados porque ello no aparece en la agenda de Trump. Lo más que pueden esperar es que las grandes corporaciones estadounidenses que volverán a administrar el petróleo venezolano les entreguen alguna migaja… y ello no será pronto. Lo que sí pueden quizás esperar es que pronto les permitan establecer empresas sin la amenaza constante de la expropiación. Aunque no creo que en las circunstancias actuales hagan fila los inversionistas que quieran invertir su capital en Venezuela.

Pero lo mencionado anteriormente es sólo la catástrofe humanitaria. Desde el punto de vista planetario lo que pasa en Venezuela es mucho peor.

La mirada planetaria

Como antes indicamos, Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo de toda la tierra, un petróleo extra pesado que requiere mucho esfuerzo para producir gasolinas y otros derivados. La pobreza de Venezuela deriva también de que —con los bajos precios actuales del petróleo— no era suficientemente rentable extraer y procesar su petróleo en la bastante anticuada PDVSA. Las refinerías mucho más modernas de los EEUU sí podrían hacerlo, aunque las ganancias tardarán en llegar una década. Pero una vez establecido, y bien aceitado, el esquema permitirá a los EEUU aprovechar las reservas venezolanas… hasta que se agoten.

Sin embargo, debemos recordar que la quema de los combustibles fósiles de Venezuela constituye un lujo que la tierra, simplemente, no puede darse.

Un futuro más seguro es posible, para Venezuela y para el mundo, si optamos por la energía limpia en lugar de las viejas políticas petroleras.

Pero el gobierno de los EEUU, al apropiarse de las vastas reservas petroleras venezolanas, abriendo la puerta a la entrada de compañías petroleras estadounidenses y la reconstrucción de su industria va en sentido contrario de lo que tendría que hacer el mundo para evitar los peores efectos del calentamiento global. Muchos esperábamos que el 2026 fuese el año cuando comenzase el abandono de los combustibles fósiles y así trazar un futuro energético más seguro y estable para las generaciones venideras.

Venezuela posee mayores reservas de petróleo que cualquier otro país del mundo. El momento y el énfasis en tomar el control de las mayores reservas petroleras probadas del planeta dejan claro que el petróleo es fundamental en este conflicto, no solo un asunto secundario. Ésta es la brutal continuidad de la política de combustibles fósiles: durante décadas, el control sobre los recursos fósiles ha distorsionado la política exterior, justificado intervenciones militares y guerras, todo ello disfrazado de “seguridad” o “necesidad económica”.

A medida que se profundiza la crisis climática, aferrarse al petróleo sólo multiplica el riesgo de que quedemos encerrados en un mundo de violencia, volatilidad y acuerdos autoritarios. Un futuro más seguro no es un ideal abstracto, es una decisión política.

Toda inversión en energía limpia es una inversión en paz, estabilidad y autodeterminación de los pueblos.

Al comenzar el nuevo año, la pregunta es clara: ¿seguimos repitiendo los viejos y letales patrones energéticos impulsados ​​por el petróleo o finalmente elegimos un sistema energético que ya no requiera guerras para sostenerse?

Esto no se trata sólo de Venezuela, se trata de todos nosotros.

Esto no se trata sólo del pueblo venezolano, aunque su vida, seguridad y derecho a la autodeterminación son profundamente importantes. Se trata del mundo entero. Se trata del tipo de futuro energético que elijamos y de quién paga el precio cuando los países poderosos se niegan a abandonar los combustibles fósiles, porque la crisis climática no se detiene en las fronteras. Si quemamos los aproximadamente 303 mil millones de barriles de crudo de las reservas venezolanas, todo el planeta pagará las consecuencias, incluidos esos mismos ciudadanos estadounidenses a quienes el gobierno estadounidense afirma beneficiar.

Este jueves se cumple un año de los incendios forestales que arrasaron Los Ángeles, destruyendo barrios, obligando a familias a huir y convirtiendo comunidades enteras en cenizas. Esos incendios no fueron accidentales: cada nuevo yacimiento petrolífero, cada decisión de expandir las perforaciones, aviva una crisis que ya perjudica a millones de personas que no participaron en su creación.

La decisión de Estados Unidos de atacar y tomar el control del petróleo venezolano subraya lo lejos que estamos de romper las cadenas de la dependencia petrolera. El carbón, el metano, el petróleo y el gas no solo calientan el planeta, sino que moldean la política global de maneras peligrosas. Debido a que las reservas de combustibles fósiles se concentran en unas pocas regiones, convierten a países enteros en puntos de presión permanentes. El control del petróleo se convierte en control del poder, y ese poder se defiende con amenazas, sanciones y, a veces, bombas.

Mientras los combustibles fósiles sigan siendo la columna vertebral de la economía global, el conflicto siempre seguirá a la energía. La inestabilidad no es un accidente en este sistema. Es inherente. Esto es exactamente lo que el movimiento climático ha estado advirtiendo durante décadas: los combustibles fósiles no son solo un problema climático. Son un problema de paz. Un problema de justicia. Un problema de democracia.

La eliminación gradual no es opcional, es urgente. Se supone que 2026 será el año en que los gobiernos finalmente comiencen a convertir sus promesas sobre combustibles fósiles en acciones reales, y eso aún es posible. Tras años de advertencias científicas, olas de calor récord, inundaciones, incendios y sequías, la dirección es clara: eliminar gradualmente el carbón, el petróleo y el gas, y avanzar rápidamente hacia energías limpias y renovables. Durante la última conferencia climática de la ONU, en noviembre de 2025, más de 80 países apoyaron una hoja de ruta para eliminar gradualmente el uso de combustibles fósiles. Ese compromiso no fue simbólico. Fue un reconocimiento de que seguir dependiendo del petróleo y el gas aboca al mundo a un futuro de desastres climáticos, caos político y creciente conflicto.

El texto final de la COP30 no incluyó referencia alguna a los combustibles fósiles, y los gobiernos de Colombia y los Países Bajos dieron un paso al frente para demostrar un liderazgo muy necesario al anunciar la primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa hacia el Abandono de los Combustibles Fósiles. Esta histórica reunión tendrá lugar los días 28 y 29 de abril de 2026 en Santa Marta, Colombia, y representa una gran oportunidad para que nuestros líderes asuman compromisos reales y viables para detener el petróleo y el caos (climático, político y humanitario) que siembra de una vez por todas.

La energía limpia no sólo es más limpia, sino también más segura. Los paneles solares no provocan guerras. Las turbinas eólicas no requieren protección militar. Las energías renovables comunitarias no desestabilizan regiones enteras. Cada retraso en la eliminación gradual de los combustibles fósiles aumenta la probabilidad de crisis como esta. La crisis climática exige un cambio de rumbo global hacia el abandono de los combustibles fósiles, no nuevas guerras por su causa. 2026 debe ser un momento en el que el mundo cambie de rumbo hacia el abandono de los combustibles fósiles y la inversión en un futuro más seguro y limpio. Empecemos con el pie correcto. Hagámoslo realidad.

Cuernavaca, Morelos, 12 de enero de 2026.


Antonio Sarmiento Galán es investigador de la Unidad Cuernavaca del Instituto de Matemáticas de la UNAM.

Luis Tamayo Pérez es catedrático de la Facultad de Psicología, UAEM.

[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-42361974

[2] https://urosario.edu.co/periodico-nova-et-vetera/sociedad/mas-del-277-de-los-venezolanos-dejo-su-pais-en-la-ultima-decada-causa-del-regimen

[3] https://www.elfinanciero.com.mx/mundo/2026/01/08/que-es-la-doctrina-donroe-y-que-tiene-que-ver-con-la-intervencion-de-trump-en-venezuela-esto-dice-la-unam/

[4] https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Hugo-Chavez-expropio-casi-1200-empresas-en-diez-anos-20130307-0045.html  

[5] https://diario.mx/internacional/2026/jan/07/adeuda-venezuela-12-mil-mdd-por-sus-expropiaciones-1100660.html 

[6] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40246550

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Last modified: 13 enero, 2026
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