Autoría de 6:08 pm #Opinión, Columna invitada

Un verso a la vez – Sabine Schütze

Los escritores Yadira Cruz, Héctor Alejo y Sabine Schütze participaron del 15 al 22 de febrero en la Feria Internacional del Libro de La Habana, Cuba. Desde una retrospectiva literaria, la escritora Sabine Schütze nos comparte en exclusiva para LaLupa.mx el siguiente texto:

Cuba nos recibe con tres filas en la seguridad del aeropuerto. En dos ocasiones, cierran una y nos redirigen a otra. «Bienvenidos a Cuba, así es aquí, tengan paciencia», nos calma un turista. «Los cubanos hacemos fila por todo», comenta Ariel, el taxista que nos lleva del Aeropuerto Internacional José Martí a La Habana Vieja. «La fila de coches que ven a su derecha es por la falta de gasolina». Así comienza nuestra travesía hacia la calle Galiano, nuestro hogar compartido por una semana. «Los últimos tres días nos han mandado a casa; tampoco hay transporte público». Recordamos cuando en 2019 las gasolineras en Querétaro sufrieron desabasto. «Fue una semana; aquí es una constante. Sólo podemos cargar cuarenta litros», afirma Ariel, pensativo. «No les diré que aquí todo es bello como lo suelen hacer los guías de turistas. Estamos muy mal. La gente se va. En 2019 éramos once millones; ahora apenas somos ocho. El edificio a su izquierda es el Ministerio de Comunicación; no comunica nada».

Nos instalamos en el departamento y el administrador nos indica que al otro lado de la calle venden pizza. Al salir, nos abordan diversos taxistas. Cruzamos la calle para llegar a la pizzería, donde nos formamos tras los habitantes del barrio, vestidos con ropa estadounidense, en la ventana de una tienda pobremente abastecida. Mientras esperamos, el hedor de un río de basura en la esquina se mezcla con el aroma de las primeras pizzas, que sus dueños sostienen en las manos ante la falta de papel para envolverlas. Estamos al tanto de la escasez de artículos básicos en la isla, pero una cosa es saberlo y otra muy distinta experimentarlo.

El domingo exploramos la capital, que nos sorprende con sus contrastes: la cúpula dorada del Capitolio encandila al visitante, pero no logra ocultar las casas en ruinas que nos obligan a caminar por la calle. «Por el riesgo de que se caiga alguna piedra», nos advirtió el buen Ariel. Una ciudad con rostro de posguerra sonríe, chimuela, revelando un diente de oro.

Yadira Cruz, Héctor Alejo y yo habíamos venido a Cuba para presentar nuestras obras en la Feria Internacional del Libro de La Habana. No nos tocaría en la sede del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña, así que lo visitamos en nuestro día libre. Declinamos la oferta de un taxista que pedía mil quinientos pesos cubanos (poco más de 1200 pesos mexicanos) y, en su lugar, tomamos una guagua por cinco. Caminamos por el histórico baluarte defensivo de la ciudad y disfrutamos del bellísimo atardecer sobre la bahía. El tradicional cañonazo de las 21 horas rememora el disparado en la época colonial para anunciar el cierre de la muralla. En los puestos de editoriales observamos los precios de los libros cubanos, que oscilan entre diez y cien pesos cubanos. En ese instante confirmamos que nuestras obras serían invendibles. De regreso, nuevamente en la guagua, alguien grita: «¡Recórranse hasta el fondo, que no hay más transportes, todos deben caber!».

Los siguientes días son un desfile de presentaciones en el “Encuentro de jóvenes escritores de Iberoamérica”. El lunes, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, coincidimos en un panel con la actriz Patricia Rodda, el escritor Octavio Castillo, la escritora Fabiola Pinel y Antonio Nazzaro, del Centro Cultural Tina Modotti, para intercambiar ideas sobre “Literatura emergente y resiliencia: retos y alternativas de promoción literaria desde lo multidisciplinar”. Destacan los videopoemas, la combinación de distintas artes, la creación de comunidad entre artistas y la exploración de redes sociales sin enfatizar el propio nombre. En la tarde, donamos ejemplares de nuestros libros a la biblioteca de la Casa de las Américas, tras disfrutar de recitales de poesía a cargo de escritores locales premiados, como Nathaly Hernández, Liset Prego y Lorena Velázquez, bajo la conducción de Sinecio Verdecia, director de la Casa de la Poesía.

El martes leemos en el Pabellón Cuba. Bajo la conducción del escritor cubano Raúl Aguiar compartimos fragmentos de Jessie y el dragón, Detrás del muro y Anagnórica centuria. Luego nos entrevistan en el programa A buena hora en Radio Taino, “La FM de Cuba”. En la tarde presenciamos los homenajes a Basilia Papastamatíu y Virgilio López Lémus, a quien estaba dedicada la FILH 2025. Finalmente, una feria que homenajea a sus escritores en vida. En la noche leemos poesía en la UNEAC, donde me siento un fraude: «De poeta no tengo un pelo, ni soy joven y, como alemana, represento a México». Yadira y Héctor se lucen con su canción Lejos de tu lado, y yo quedo cautivada por la pluma del escritor Luis Enrique Mirambert y su poema sobre Chernóbil.

El miércoles nos vamos de pinta para seguir explorando La Habana: tomamos mojitos en La Bodeguita del Medio, como Hemingway, y estampamos mensajes en sus paredes. Deambulamos por la Plaza de la Revolución, nos trasladamos en el emblemático coco taxi y recorremos el pulmón de la capital, el Parque Almendares, a bordo de un descapotable clásico.

El jueves nos esperan en la Casa de la Poesía. Presentamos nuestras obras más recientes: Arrebatos, desvelos y verdades, Bajo tu mirada y Querido soldado desconocido. Al finalizar, rifamos ejemplares que gozan de gran popularidad entre los asistentes. Despedimos el día en la Casa del Alba, leyendo poesía y narrativa, y con la segunda presentación de Lejos de tu lado.

El viernes, en la gran final del evento, escuchamos los proyectos artísticos para las comunidades cubanas, elaboramos un tendedero literario con poemas ajenos y, en un programa infantil conducido por el escritor Maikel Rodríguez, Yadira declama un poema propio. «Me sorprende el nivel de empatía y admiración visto y sentido entre todos, una real comunidad literaria», expresa Héctor Alejo.

Llega la hora de decir «Hasta luego» a nuestros congéneres literarios, quienes nos acercaron a la isla en versos, dejando una huella profunda en nosotros. “Si renazco en poeta, quiero nacer en La Habana”, se maravilla Yadira Cruz. Agradecemos de corazón la gestión eficiente y amorosa del evento y de nuestra participación a Yanelys Encinosa, poeta, ensayista, gestora cultural y editora de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí.

Próximamente les compartiremos textos para que tengan oportunidad de conocerla a ella y a los poetas y escritores cubanos que nos deleitaron con sus creaciones durante nuestra estancia en La Habana. Al lado de la rabia que expresa su pluma y la melodiosidad con la que recitan, nuestros textos parecen no conocer la precariedad. Se ganaron mi respeto por no elegir el camino de los otros tres millones de cubanos, sino por quedarse e intentar cambiar el país, un verso a la vez.

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Last modified: 4 marzo, 2025
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