Autoría de 3:51 pm #Opinión, Patricia Eugenia - Narrativa en Corto • 8 Comments

Mi mosca – Patricia Eugenia

Todos los días, al pensar en el enojoso asunto, me sobrevenían unos accesos de tristeza descolorida con los que mi cuerpo se portaba extraño: o se aceleraba en caminatas obsesivas, rápidas e inútiles hacia ningún sitio, o se aletargaba tanto que me impedía quitar los ojos de la persona en quien los había posado por accidente, hasta que esta me decía: “¿Y tú, qué me ves?”… Desde entonces ando con la mirada en las nubes y me veo linda.

La tristeza por el enojoso asunto se fue volviendo rabia, y era como una mosca volando en círculos que zumbaba necia dentro de mi cabeza, y estaba allí incluso cuando me reía, insistiendo a su manera para que me regodeara en el enojo y la sinrazón; su impertinencia era tal, que llegó a producirme un insomnio morado… y cuando al fin lograba dormir, tenía sueños consoladores en los que un gran pulgar aplastaba bien a mi enemiga zumbadora y la convertía en una manchita húmeda y viscosa… y girando más sobre su cuerpecito, casi lograba desaparecerla… pero como bien dijo Calderón de la Barca: “… los sueños, sueños son”, y en la vigilia mi necia acompañante, con todo y sus ventosas y la trompa con la que me chupaba el alma, seguía viviendo conmigo.

Con el tiempo, me fui habituando a la presencia de mi mosca, a sus alitas transparentes, a su bullicio constante… Comencé a sentirla tan cercana e indispensable como mi ropa interior; después, no sólo dejó de molestarme, sino que tuve ocasión de notarle cierto encanto, y mi tristeza, enojo y rabia sin salida se transformaron en odio… y odiar tenía su belleza, era una especie de venganza discreta a quienes me ofendieron, que guardaba las formas sin perder elegancia, además, podía ser tan placentera como rascar una herida y arrancar la costra una y otra vez… ¡Ahh… la sangre!, ¡la espera enamorada de otra costra más grande, más gruesa…! ¡El nuevo escozor!…

Una distraída tarde de verano, dejé de percibir el cotidiano zumbido… ¡Dios! ¡Mi pequeña no estaba! ¿Cómo? ¿A dónde pudo haber ido? Comencé a transpirar, palidecí, me faltó el aire… Busqué con ansia en mi interior la figurita verde y brillante que había creado, y tras calarme mis lentes de aumento, la percibí tímida, transparente, casi invisible y a punto de salir por las ventanas de mis ojos; pero ¡bendito instinto!, los cerré a tiempo.

¿Acaso estaba olvidando el enojoso asunto, el rencor y el odio?… ¡Horror! ¿Y al tonto olvido, seguirían el perdón y la reconciliación?…

A tiempo comprendí que no sería nadie sin mi mosca. ¿¡Qué justificación tendrían sin ella mi apatía, mi desprecio por todos, mi mal carácter, mi personalidad!? ¿En qué me convertiría?… ¿En una bobalicona feliz?

Rápidamente, me puse a restaurar mis malos recuerdos y los aderecé con suposiciones oscuras, sin importarme lo falsas o improbables que fueran, agregué pensamientos perversos, amasé bien todo eso y puse, como ensalada, rencores tiernos aún sin madurar… luego, ofrecí ese maná a mi mosca, que, aunque algo recelosa primero, al final lo degustó encantada… 

Recuperé la calma cuando escuché suave, pero in crescendo, su terco, entrañable y verde vuelo. 

Bzzz Zzzz
Zzzz Zzzz…

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Last modified: 8 agosto, 2025
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