A pesar de pertenecer al mismo movimiento, de haber coincidido desde hace años en su empeño por llegar al poder y de que ella se asuma como su discípula y heredera de su legado, sus diferencias se notan cada vez más.
A un año de haber asumido la presidencia de la República y de convertirse en la sucesora de Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum Pardo se ha encargado de demostrarlo.
Lo ha hecho en dos aspectos: Uno, el combate a la delincuencia y a la violencia, y dos, la forma de enfrentar la corrupción.
Y aun cuando estas diferencias cada vez son más amplias, no han mellado sus todavía inamovibles coincidencias en el aspecto ideológico y el político.
Combatir y no combatir la violencia
Las cifras, y sobre todo la política seguida frente a la delincuencia, nos muestran las dos caras de la misma moneda.
Una es la fallida política lopezobradorista, de brindar abrazos en lugar de balazos a los malhechores; es decir, de conciliar o “pacificarse” con los bandidos en lugar de combatirlos, so pretexto de evitar “daños colaterales” e incremento de la criminalidad.
No fue retórica o un dicho, fue una realidad el hecho de que el expresidente dejó de combatir a los cárteles e impidió la captura de los líderes de los mismos.
Hoy tenemos claro que uno de los grandes fracasos del cuatroteísmo fue en este renglón.
El saldo quedó claro pues su sexenio registró la cifra más alta en la historia del país de asesinatos dolosos: 199 mil 970, o sea, un asesinato cada 15 minutos.
La elevada cantidad de muertos en el sexenio lopezobradorista contrasta con las cifras del actual gobierno, que en su primer año suma 26 mil 220. Promedia 70 al día contra 94 en el sexenio anterior.
La diferencia está entre no combatir al crimen y el hecho de sí hacerlo. Ella no ha sido omisa como sí lo fue su antecesor.
El discurso contra la corrupción
El otro tema que los separa es el de la corrupción, por lo menos en lo que ha pronunciamientos verbales.
Recordemos que López Obrador siempre negó que hubiera corrupción en su administración; proclamó su extinción prácticamente el primer día de su sexenio, al igual que la desaparición del delito de robo de combustible.
Pero ni una ni otra cosa sucedió. O sea, mintió.
A lo largo de los seis años de su gobierno prácticamente no hubo investigaciones y apenas un puñado de personas fueron sancionadas por casos de corrupción (claro, ninguna de primer nivel).
Cuando abordaba discursivamente el tema, lo hacía con el único afán de convencernos de que ya se había extinguido y que encabezaba una inmaculada administración, cuando en su interior —ahora lo sabemos— la podredumbre avanzaba.
Claudia Sheinbaum, por su parte, ha hablado abiertamente de la corrupción, de la intolerancia hacia la misma y de combatirla “hasta donde tope”. Es decir, de principio ha aceptado que subsiste en las instancias gubernamentales federales.
Sin embargo y a pesar de sus discursos directos, claros y sin rodeos, hasta el momento no ha habido consecuencias reales de sus palabras.
Las acusaciones contra funcionarios o legisladores pertenecientes a la “cuarta transformación” por la presunta comisión de delitos, no han tenido como consecuencia la apertura de investigaciones y menos aún de procedimientos judiciales.

La misma, pero revolcada
Ella sí habla de combatir la corrupción, él aseguraba que ya no existía. La realidad nos ha puesto frente a escandalosos casos de narcotráfico, abuso de poder y otros delitos de personeros “morenistas” o de sus aliados, sin que hasta ahora haya existido el castigo correspondiente.
Aparentemente, Claudia Sheinbaum apunta a mejorar la situación en ambos aspectos. Su gran problema es que no puede evitar que corrupción y delincuencia se encuentran entrelazados por un cordón formado por algunos integrantes de Morena.
Su problema es que de proceder, tendría que romper con López Obrador y meter a la cárcel a varios de sus correligionarios. La otra, es “fingir demencia” e ignorar los delitos y que hay delincuentes pero conservarse fiel a su mentor.
Juan José Arreola de Dios
Periodista / Comunicación Política
Twitter (X): @juanjosearreola
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