Autoría de 10:49 pm #Opinión, Luis Tamayo Pérez - Ecosofía • 3 Comments

La COP30 de Brasil y la incertidumbre mexicana – Luis Tamayo Pérez y Antonio Sarmiento Galán

Mientras que, en la sesión inaugural, el presidente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) António Guterres, reconoció el “fracaso moral” de la humanidad por no lograr que se adopten las medidas conducentes a evitar los peores efectos del calentamiento global antropogénico (CGA) y múltiples pueblos originarios se manifestaron quejándose por el flagelo, terminó la Conferencia de las partes realizada por la ONU en Belém, Brasil (COP30).[1]

Los resultados de dicha reunión multinacional sólo pueden calificarse como pobres: mientras se acordó que los fondos para la adaptación al cambio climático debían triplicarse, no se aclaró cómo se lograría; se volvieron a revisar los indicadores para medir los progresos del Objetivo Global de Adaptación (y quedaron al final 59); también se creó el Programa de Trabajo para la Transición Justa, el cual busca establecer una economía baja en carbono, pero ni siquiera se incluyó en el documento final la ruta que conduciría a la eliminación gradual de la dependencia a los combustibles fósiles.

Además, los acuerdos de la COP30 no fueron vinculantes y pueden quedar, como ha ocurrido en otras ocasiones, como simples “buenas intenciones”. No olvidemos tampoco que la administración Trump, la que ahora gobierna en la nación que históricamente mayores emisiones de gases de efecto invernadero ha generado, decidió no participar en la reunión, por lo que en ella sólo se contó con la presencia de algunos representantes estatales de los EEUU —como Gavin Newsom, el gobernador demócrata de California, quien sostuvo que “Trump era temporal”, es decir, que su posición negacionista del cambio climático no representaba a la nación americana—, mientras que China, en la persona de su viceprimer ministro Ding Xuexiang, reiteró su compromiso y liderazgo en la promoción de la transición a las energías de fuentes renovables, lo cual no deja de darnos cierta esperanza.

Mientras tanto el clima de la tierra continúa su avance acelerado a la desestabilización: los límites planetarios establecidos por el Instituto de Potsdam para la investigación de los impactos del cambio climático (Potsdam Institute for Climate Impact Research, PIKR) incrementan su número y gravedad, los fenómenos hidrometeorológicos (inundaciones, sequías, ondas de calor, incendios forestales) aumentan su frecuencia y virulencia, y los más pobres de la tierra, aquellos que nunca gozaron de la jauja promovida por la quema de los combustibles fósiles, son los que primero resienten los impactos del calentamiento global.

Si pensamos en México, la situación es también muy complicada. En su intervención en la COP30, Alicia Bárcena Ibarra, la secretaria de la Semarnat designada por la presidenta Claudia Sheinbaum, sostuvo que era muy difícil conciliar crecimiento económico y sostenibilidad, pero que, sin embargo, había sido instruida para comprometerse a seguir un nuevo plan de Contribución Determinada Nacionalmente (NDC) 3.0, el cual establece que México reducirá significativamente sus emisiones y aumentará la inversión en la transición a las “energías limpias”, todo ello en un marco de cooperación multinacional y justicia ambiental.

Bárcena plantea eso en un contexto nacional realmente complicado pues actualmente tenemos una presidenta que al par que prometió un importante cambio en la política ambiental del país, apenas ha podido avanzar en ello a causa de encontrarse acorralada no sólo por las exigencias de controlar el narco proveniente de la administración Trump, sino por los corruptos grupos de presión que AMLO dejó plantados en su gobierno —los cuales están involucrados con el narco y el “huachicol fiscal”—, así como por AMLO mismo, el cual amenazó con volver a la escena política si ocurría un ataque a la soberanía nacional, lo cual muchos leyeron como una amenaza abierta a la presidenta.

Tan inesperada reaparición del ex presidente fue leída como una amenaza pues ocurrió en el contexto del incremento de la presión derivada del descubrimiento de que Hernán Bermúdez Requena, el secretario de seguridad en el Tabasco gobernado por “el hermano” de AMLO —Adán Augusto López— era, ni más ni menos, que el líder de “La Barredora” (el cartel de cárteles ligado al Jalisco Nueva Generación que no sólo traficaba drogas y secuestraba personas, sino que estaba fuertemente involucrado en el robo a la nación por la venta de hidrocarburos —el denominado “huachicol fiscal”—, en el cual parece estar también muy involucrado el hijo mismo de AMLO —Andrés Manuel López Beltrán— mejor conocido como “Andy”).

 Todo parece indicar también que la exigencia de la renuncia del ahora ex fiscal Alejandro Gertz Manero deriva de una exigencia que podría expresarse así: ¡no se metan con nuestros negocios! Sólo así puede hacerse comprensible que haya sido desmantelado un negocio multimillonario —el “huachicol fiscal”— el cual involucraba no sólo pipas de gasolina y enormes depósitos de hidrocarburos sino ¡incluso un barco petrolero! Y que, al ser descubierto y sus materiales confiscados ¡no se haya detenido ni a una sola persona!

El “huachicol fiscal” es, quizás, el robo más grande realizado a la nación en toda su historia y los responsables, los que se enriquecieron gracias al ilícito, parecen están protegidos desde el poder.

Es por ello que no tiene por qué extrañarnos que la COP30 de Brasil sea muy desesperanzadora, la situación de nuestra nación lo es también y, desgraciadamente, no se aprecia que contemos con una ciudadanía consciente, decidida y numerosa, capaz de corregir el rumbo.

Cuernavaca, Morelos, 4 de diciembre de 2025.


Luis Tamayo Pérez es catedrático de la Facultad de Psicología, UAEM.

Antonio Sarmiento Galán es investigador de la Unidad Cuernavaca del Instituto de Matemáticas de la UNAM.

[1] https://www.un.org/es/climatechange/cop30

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Last modified: 6 diciembre, 2025
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