Autoría de 5:24 pm #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito

El futbol sin humor – Víctor Roura

ILUSTRACIONES DE MORDILLO

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Pelé (Brasil, 1940-2022, fallecido a los 82 años de edad) afirmaba que el futbol había sido la parte más importante de su vida: “Siempre viví en su atmósfera, con todos mis sentidos, y todo aquello que se refiera al futbol me ha interesado naturalmente siempre. Tengo visto, a través de mi vida, todo lo que se ha creado en torno a este deporte, que es el más popular del mundo: libros, películas, álbumes fotográficos, etcétera. Y ahora me doy cuenta de que pocas veces he visto ser utilizado el futbol con tanta intensidad como material de humor. Tal vez el futbol contenga ya en sí mismo alegría suficiente como para que el humor se haya ocupado poco de él”.

      Brasil se ha coronado campeón del mundo en cinco ocasiones, récord inigualado hasta este momento, consiguiéndolo la última vez en Corea-Japón el 30 de junio de 2002 tras vencer 2-0 a Alemania. Tampoco, nunca, Edson Arantes do Nascimento obtuvo el dinero que consiguieron, luego, futbolistas como Maradona, Messi o Cristiano Ronaldo, ni tampoco, nunca, ninguno de los tres mencionados viajaba en su coche, como lo hacía Pelé, con decenas de balones para, si se los encontraba en su camino, regalárselos a los niños necesitados.

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El libro Football (Lumen + Tusquets, 1982), de Mordillo, sigue siendo el “clásico” en este renglón, si bien en este 2026, es decir 34 años después, fue editado el volumen El Mundial de la patada: futbol en su tinta, publicado por la Asociación Mexicana de Caricaturistas, Artes y Oficios, qie continúa en esta misma tesitura humorística.

      Tenía razón Pelé cuando afirmaba en el prólogo del libro de Guillermo Mordillo Menéndez (Argentina, 1932-2019, fallecido a la edad de 86 años) que, a pesar de ser tan cotidiano, el futbol carece de humor, aunque haya quienes lo jueguen con alegría: “La verdad es que, viendo el libro de Mordillo —dijo Pelé—, he sentido una alegría parecida a la que se siente al meter un gol. Es muy bueno que uno de los [entonces] mejores cartonistas del mundo utilice el futbol como tema de su humor. Y Mordillo lo hace muy bien”.

      Efectivamente, Mordillo incluyó 54 cartones que eran el único ejemplo, hasta esa fecha, del buen humor futbolístico compendiado en un libro.

      ¿Por qué sería evitado, como tema humorístico, el futbol?

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En las antologías de cuentos, asimismo, el futbol es una cosa seria. La literatura tampoco se ha permitido jugar jocosamente con el balón. Y viéndolo desde la perspectiva real, desde el mero campo de juego, el futbol tampoco es visto con humor.

      Ningún jugador bromea, ni es ocurrente, ni sonríe —a menos que se meta un gol a su favor, por supuesto. Puro formalismo, solemnidad, seriedad en exceso

      Los jugadores parecen salir a la cancha no a divertirse, toman el futbol demasiado en serio, se extravían en sus disquisiciones formales (sobre todo ahora, cuando se gana mucho dinero en ese deporte), se explican con severa cautela las razones por las cuales no pudo entrar ese maldito balón a la red contraria. Hasta el que pudo meter el gol no está divertido.

      Cuando los locutores lo entrevistan al final del partido, el anotador explica con solemnidad su gol:

      —Esté, sí, yo esperaba la pelota, esté, y tuve la suerte de empujarla hasta dentro, y el portero no pudo hacer nada, esté, cómo decirle, fue un buen pase de mi compañero, y no me distraje, esté, sí…

      La mayoría de los jugadores carece de alegría. Sólo los niños se divierten cuando juegan futbol, porque los jóvenes se lo toman con harta solemnidad. ¿Quién ha visto sonreír a Ronaldo? Ni cuando va a cobrar los millones de dólares sonríe. Claro, no hablo de esa sonrisa lógica que produce el haber metido un gol. Sería el colmo. Es el único momento en que el futbolista sonríe, pero es una sonrisa volátil, fugaz, superficial.

      ¿De qué puede sonreír un hombre que ha anotado un gol cuando su equipo va perdiendo por cinco goles en contra?

      Yo recuerdo haber visto jugar al Loco Aussín en el Veracruz de los años sesenta. Le decían Loco porque era un hombre que salia a divertirse a las canchas. En un momento dado, por ejemplo, se acostaba en el pasto a descansar y a silbar una melodía, mientras sus compañeros se mataban por el balón. Iba por todos lados de la cancha sin control alguno. De pronto, tomaba el esférico y se iba corriendo en sentido contrario, o sea contra su propia portería, y luego enviaba el balón hacia fuera del terreno de juego nomás porque sí. El Loco Aussín sabía divertirse en el futbol, como pocos. Por eso no es recordado, por eso ha pasado al olvido, por su locuacidad. Porque el futbol es un asunto serio.

      Por algo, Eduardo Galeano en su libro El Futbol / A sol y sombra (Siglo XXI, 1995) habla de la “guerra danzada” para describir a este deporte: “En el futbol —decía Galeano (Uruguay, 1940-2015, fallecido a los 74 años de edad)—, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación. Estos guerreros sin armas ni corazas exorcizan los demonios de la multitud, y le confirman la fe: en cada enfrentamiento entre dos equipos, entran en combate viejos odios y amores heredados de padres a hijos. El estadio tiene torres y estandartes, como un castillo, y un foso hondo y ancho alrededor del campo. Al medio, una raya blanca señala los territorios en disputa. En cada extremo, aguardan los arcos, que serán bombardeados a pelotazos. Ante los arcos, el área se llama zona de peligro. En el círculo central, los capitanes intercambian banderines y se saludan como el rito manda. Suena el silbato del árbitro y la pelota, otro viento silbador, se pone en movimiento. La pelota va y viene y un jugador se la lleva y la pasea, hasta que le meten un trancazo y cae despatarrado. La víctima no se levanta. En la inmensidad de la hierba verde, el jugador yace. En la inmensidad de las tribunas, las voces truenan. La hinchada enemiga ruge amablemente:

      “—¡Que se muera!

      “—Devi morire!

      “—Tuez-le!

      “—Mach ihn nieder!

      “—Let him die!

      “—Kill kill kill!”

4

 El futbol es una guerra.

      ¿Y alguien va a combatir con alegría?

      Pero los hay, en efecto. Hay quienes, contrariando las reglas solemnes, salen al campo a divertirse. Uno de ellos era aquel espléndido Garrincha (Manuel Francisco dos Santos, Río de Janeiro, 1933-1983, fallecido a la edad de 49 años). Y Galeano lo recordaba: “Alguno de sus muchos hermanos lo bautizó Garrincha, que es el nombre de un pajarito inútil y feo. Cuando empezó a jugar al futbol, los médicos le hicieron la cruz: diagnosticaron que nunca llegaría a ser un deportista este anormal, este pobre resto del hambre y de la poliomielitis, burro y cojo, con un cerebro infantil, una columna vertebral hecha uñas y las dos permas torcidas.

      “Nunca hubo un puntero derecho como él. En el Mundial del 58 fue el mejor en su puesto. En el Mundial del 62, el mejor jugador del campeonato. Pero a lo largo de sus años en la cancha, Garrincha fue más: él fue el hombre que dio más alegría en toda la historia del futbol.

      “Cuando él estaba allí, el campo de juego era un picadero de circo; la pelota, un bicho amaestrado; el partido, una invitación a la fiesta. Garrincha no se dejaba sacar la pelota, niño defendiendo su mascota, y la pelota y él cometían diabluras que mataban de risa a la gente: él saltaba sobre ella, ella brincaba sobre él, ella se escondía, él se escapaba, ella lo corría. En el camino, los rivales se chocaban entre sí, se enredaban las piernas, se mareaban, caian sentados. Garrincha ejercía sus picardías de malandra a la orilla de la cancha, sobre el borde derecho, lejos del centro: criado en los suburbios, en los suburbios jugaba.

      “Jugaba para un club llamado Botafogo, que significa prendefuego, y ése era él: el botafogo que encendía los estadios, loco por el aguardiente y por todo lo ardiente, el que huía de las concentraciones, escapándose por la ventana, porque desde los lejanos andurriales lo llamaba alguna pelota que pedía ser jugada, alguna música que exigía ser bailada, alguna mujer que quería ser besada.

      “¿Un ganador? Un perdedor con buena suerte. Y la buena suerte no dura. Bien dicen en Brasil que si la mierda tuviera valor, los pobres nacerían sin culo.

      “Garrincha murió de su muerte: pobre, borracho y solo”.

      Era un humorista de la cancha, como ya no hay.

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Hoy en día, el futbol es un acto de extrema solemnidad, que por una buena jugada en 90 minutos puede sacar de pobre a cualquier aficionado. Si los jugadores en el campo supieran que al futbol habría que tomárselo en broma, el propio futbol ascendería en sus trazos. Pero no. En la cancha apreciamos a 22 tipos tan solemnes como un vecino irritado. El futbol, por eso, y los futbolistas lo saben de memoria, es un deporte, no un juego. Los únicos que se divierten son los espectadores… porque están jugando sin tocar el balón.

      El argentino Mordillo lo sabía muy bien.

      Por eso, como espectador, había creado el único libro, hasta entonces,  de humor sobre el futbol. Por eso es raro, y más que raro es un hecho insólito, que haya cartonistas en una sección periodística de deportes. Simplemente, no los hay. Porque es muy difícil encontrarle un chiste a los juegos. Vaya paradoja: con los juegos, nadie juega con humor.

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Last modified: 3 agosto, 2026
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