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Jornadas DIF: cuando la ayuda médica toca a la puerta de las familias queretanas

REPORTAJE Y FOTOS: BRAULIO CABRERA/LALUPA.MX

Unos minutos antes de las 5:00 de la mañana, incluso antes de la primera luz del alba, comunidades enteras del municipio de El Marqués salen de sus casas con rumbo al punto de encuentro. Ahí ya los esperan los vehículos —estaquitas y autos compactos pertenecientes a otros vecinos voluntarios— para salir rumbo a la comunidad de Coyotillos.

En esta ocasión, la calle frente a la parroquia es la sede de la Jornada de Asistencia Social por la Salud Preventiva de Grupos Vulnerables 2026 del DIF estatal: una iniciativa que otorga ayuda social gratuita a comunidades de media, alta y muy alta vulnerabilidad de los 18 municipios de Querétaro, con énfasis en las infancias, adolescentes, tercera edad y personas con capacidades diferentes.

A ttravés de las Jornadas DIF, se brindan a los grupos vulnerables del estado lentes de hasta 6 dioptrías, aparatos auditivos, sillas de ruedas todo terreno, sillas para Parálisis Cerebral Infantil (PCI), sillas para adultos con parálisis cerebral, bastones. Además de: limpiezas dentales, aplicaciones de flúor, obturaciones dentales, aplicaciones de sellador de fosetas y fisuras; aplicaciones de cementación dental, extracciones dentales, entre otros muchos servicios.

Es por ello que los habitantes de La Griega y otras comunidades se organizan cada que tienen alguna jornada cercana, pues los servicios que provee son esenciales para el bienestar de todos. Isabel Graciela, originaria de La Griega, lo explica clarito: “Estamos en un grupo de WhatsApp con una trabajadora del DIF y ella nos avisa cuando va a haber jornada, para que nosotros arrimemos a la gente, personas de la tercera edad y niños, principalmente. Nos organizamos y los ayudamos con los trámites aquí en la jornada”, dice entusiasmada.

Una de las mujeres del grupo de la tercera edad de Isabel es Doña Leonila, quien asiste acompañada de su esposo, Don Gabriel. Ambos aprovechan la jornada para realizarse varios exámenes y, sobre todo, obtener sus aparatos auditivos.

En sí, el proceso es muy sencillo, dice Doña Leonila: después de cumplir con un registro, los beneficiarios acceden al módulo móvil de audiometría, donde se encuentran un par de cabinas asiladas. Ahí, el técnico realiza el examen auditivo con el que determina el nivel de pérdida del oído y, con eso, calibra los aparatos que le permitirán volver a escuchar con claridad.

Doña Leonila comenzó a perder la audición hace dos años, más o menos. Lo primero que notó fue que ya no escuchaba igual la voz de su esposo, que es rasposa y grave. Por su parte, Don Gabriel, quien se dedicó toda la vida a trabajar en la construcción, comentó que jamás utilizó la protección auditiva al operar maquinaria y que, quizás, eso fue lo que dañó su oído con los años.

No obstante, ahora con sus nuevos aparatos pueden escucharse de maravilla y, también todo el bullicio de la gente que está reunida en la jornada, de los niños correteando a los perros callejeros que ladran despavoridos. Cerca de las 10:00 de la mañana, casi no quedan sillas libres y las personas esperan paradas, o ceden sus asientos a quienes más los necesitan.

Es el caso de Don José Siriaco Alejandro Hernández Redondo, quien espera sentado su turno para ser atendido en el módulo de ortopedia; a su lado izquierdo se encuentra su hija Alejandra y en el derecho su viejo y torcido bastón de aluminio.

La familia Hernández es originaria de la comunidad de Guadalupe La Venta, a unos 20 minutos de Coyotillos. Como muchos otros hombres de esa comunidad, Don José se dedicó desde niño al campo y —ahora, a sus 77 años— ese esfuerzo le ha pasado el costo a sus rodillas, que le duelen especialmente cuando camina un largo.

“Llevo trabajando desde los 14 años y el campo es algo muy pesado. Por eso pienso que es bueno que el gobierno nos apoye, porque realmente hay mucha gente que lo necesitamos y no tenemos los recursos para obtenerlo. También estoy muy agradecido con mi hija y con mi familia —pues tengo otros 8 hijos— ya que ellos me cuidan mucho”.

Sin embargo, no toda la gente de Guadalupe La Llave tiene tanta fortuna como Don José: “Tenemos muchos amigos y los invitamos, pero desgraciadamente prefieren perder el tiempo allá o, simplemente no tienen el recurso para trasladarse. Por eso yo siempre intento aprovechar los apoyos que nos da el gobierno y mi familia”

A propósito de eso, Don José estrena su nueva andadera caminando hacia el módulo de optometría, donde va a solicitar unos lentes ya que los anteriores —que también obtuvo en una jornada DIF— no soportaron el arduo trabajo del campo. 

Este módulo está compuesto por dos espacios, el primero donde los técnicos realizan las evaluaciones para conocer el tipo y avance del padecimiento visual; posteriormente, una mesa en la que se exhiben los distintos modelos de armazones y se llenan formularios para su posterior entrega, algunos días más tarde.

Ahí mismo se encuentra de nuevo Isabel, sólo que esta vez está acompañando a sus hijos. A Cielo, una de sus hijas, le realizan su examen y después de probarse varios armazones, elige unos redondos y transparentes, con los que se sonríe al verse al espejo.

“Sin lentes veo más o menos bien… Lo que más trabajo me cuesta es ver de lejos. Ahorita voy a pasar a cuarto año de la primaria y ahora sí, ya que regresamos de las vacaciones, voy a poder ver lejos en el patio. La verdad, me gustaron mucho los lentes que escogí”

“Yo le diría a otros niños que vengan a las jornadas también, aunque sea por sus lentes para que vean mejor. Los niños no tenemos tantos problemas de salud como los grandes, pero igual hay que venir”

Isabel mira a su hija con una sonrisa y respalda los dichos de Cielo: “Yo los invitaría a que se acerquen porque sí está muy bien, te hacen exámenes de todo y los apoyos que entregan están muy bien. Busquen dónde va a haber jornadas, organícense con sus vecinos y sus comunidades y vayan todos para aprovechar este apoyo”

La jornada continua durante varias horas más, mientras la plaza se va vaciando poco a poco. Más tarde, los diferentes grupos que se habían organizado para llegar juntos, vuelven a subir a las camionetas y emprenden el camino de vuelta a casa.

Gracias a las Jornadas DIF, personas de los 18 municipios regresan a sus casas con medicamentos, estudios médicos y nuevos aparatos que les faciliten su día a día y, en lo general, les brindan mayor tranquilidad y una mejor calidad de vida. Al día de hoy, se han atendido más de seis mil personas con aproximadamente 38 mil servicios. Y este 2026, el objetivo es atender, con un total de 85 jornadas, hasta 17 mil beneficiarios.

Para mayor información, comunícate a la Dirección de Desarrollo Comunitario a los teléfonos: 442 216 36 63 y 442 216 39 19.

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Last modified: 19 agosto, 2026
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