Ya en otras ocasiones hemo mencionado que algunas personas, en particular, servidores públicos y profesionistas del ramo de la construcción, manifiestan su total incredulidad a la posibilidad de daño por sismo en Querétaro, tomando como referencia a manera de prueba el que construcciones coloniales no hayan sufrido daño, citando, por ejemplo, el hecho de que los arcos del acueducto de la Cd. de Santiago de Querétaro sigan en pie desde que fueron erigidos en 1738.
Sin embargo, la región forma parte de una porción de la corteza de la Tierra que, si bien no presenta la frecuencia de ocurrencia de sismos de zonas como lo son los estados de Guerrero, Oaxaca o Chiapas, sí es susceptible de sufrir eventos de magnitud intermedia ligados con alguna de las múltiples fallas geológicas que transectan la zona central de México y que pueden resultar sumamente dañinos.
El que no se se tenga memoria de un sismo que haya causado daños en la Cd. de Santiago de Querétaro, no implica que pueda eximirse a ésta y otras poblaciones del estado de este tipo de peligros ya que esto se debe a los largos períodos que se requieren para “recargar” cada una de las fallas en esta región y a la manera en que se presentan en el tiempo.
Algunos cálculos preliminares basados en estudios de paleosismos nos arrojan cifras de 200 a 500 años para la frecuencia de ocurrencia promediada de sismos dañinos en la zona central del Eje Volcánico Mexicano (donde está localizada gran parte del estado), pudiendo ocurrir en “enjambres” o en tiempos cercanos uno de otro. Dada la breve historia de la ciudad comparada con el registro geológico de paleosismos no es de sorprender que no se tenga memoria de daños por sismos.
De cualquier manera, es verdad que se cuenta con poca información relacionada con sismos que hayan afectado seriamente el territorio del estado o las zonas aledañas. Sin embargo, hay que recalcar que el que la historia no plasme hechos lamentables puede deberse tanto a las dimensiones de las ciudades en el pasado, como a la baja densidad de población.
No obstante, el hecho es que existen casos históricos ocurridos en la región a los que es necesario prestar atención por su importancia. Y justamente fue en noviembre pero de 1887 la fecha en que ocurrió el mayor sismo del que se tiene noticia que haya afectado alguna población en Querétaro.

A continuación transcribimos los reportes de lo ocurrido el 26 de noviembre de 1887 tomado de Efemérides seísmicas mexicanas, por Juan Orozco y Berra, Memorias de la Soc. Científica Antonio Alzate, México, 1888.
“En Querétaro se sintió a las dos de la mañana un temblor oscilatorio, que repitió bastante fuerte a las cinco y doce minutos de la mañana, el movimiento fue oscilatorio de NE a SO.
En Jalpan, Pinal de Amoles, Cadereyta y Tolimán se sintió a la misma hora y con la misma dirección en las oscilaciones, durando doce segundos; no causó grandes perjuicios y fue más fuerte en Pinal de Amoles donde duró treinta segundos.
A las cinco y diez y ocho minutos de la mañana, se sintió en S. Juan del Río un temblor oscilatorio de E. a O.; duración aproximada cinco segundos. Fue acompañado de ruido subterráneo. Se hizo sentir en Puerto del Oro, Escanelilla y Río Blanco (Estado de Querétaro); en este último punto murió un individuo aplastado por las rocas que se desaprendieron de la montaña.
En Peñamiller (Querétaro) fuerte temblor trepidatorio y de oscilación a las cinco de la mañana; repitió a poco y a las ocho y cuatro minutos de la noche de SE. a NO”.
La siguiente carta se publicó en el “Monitor del Pueblo” del 1º de Diciembre de 1887.
“Nuestro corresponsal nos escribe lo siguiente:
Pinal de Amoles, Noviembre 26 de 1887.- Sres. Redactores del “Monitor del Pueblo”- Muy Señores míos:
Participo a vdes. que hoy a las cinco y veinte minutos de la mañana tuvo lugar en esta población un terrible temblor oscilatorio, con la increíble duración de cincuenta y ocho segundos próximamente, y cuya dirección fue de S.E. a N.O.; habiéndose repetido por segunda y tercera vez, aunque con menor intensidad, y con duración de cuatro y dos segundos respectivamente.
Todas las fincas, no obstante su construcción y su pequeñez relativa, sufrieron varios desperfectos, y en algunas son tales las aberturas que miden hasta doce centímetros de latitud, siendo su longitud igual a la altura de las paredes.
Desgracias personales, afortunadamente, no hay que lamentar ninguna, no obstante lo inconveniente de la hora y haberse desprendido grandes rocas de los cerros inmediatos, las cuales por fortuna no llegaron hasta la población.
A esta hora, que son las siete de la mañana, no ha sido posible todavía calcular las pérdidas que haya habido; pero se supone que si el temblor hubiera durado dos segundos más, no hubiera quedado más que la memoria de este pueblo.
Hace cuatro años, en el mes de Mayo, también se verificó aquí un temblor a las ocho de la noche, pero no duró más que dos segundos; y es el único de que había memoria, pues son aquí sumamente raros estos fenómenos y estamos tan poco familiarizados con ellos, que ahora que se han verificado, poco nos ha faltado para exclamar como el portugués del cuento: ‘Non tembres terra, que non te fago nada’.
Tan luego que se calculen las pérdidas y reúna yo más datos referentes al asunto, tendré el gusto de remitirlos a esta redacción.
Soy de vdes., Sres. Redactores, afectísimo servidor.- Guadalupe Herrera.”

Por otro lado, de acuerdo a Los sismos en la historia de México, por García Acosta y Suárez. Fondo de Cultura Económica, México, 1996.
“ Según anunció el Observatorio Meteorológico Central: En Querétaro, el 26 de noviembre, a las 5 horas 12 minutos de la mañana, se ha sentido un temblor bastante fuerte, y se calcula duraría cosa de doce segundos, su oscilación fue de NE a SO, muchas personas aseguran hubo otro a las 2 a.m., aunque muy violento; por telegrama recibido de las oficinas telegráficas de Jalpan, Pinal de Amoles, Cadereyta y Tolimán, se sabe que a la misma hora, poco más o menos, se verificó el mismo temblor con duración de 12 segundos, causando algunas cuarteaduras en los edificios y parroquias de Jalpan, en Pinal de Amoles fue muy fuerte, causando muchos estragos en los edificios y en la parroquia, durando más de 30 segundos, su oscilación fue de NE a SO. José Manuel Pastor.”
De los sucesos descritos anteriormente, podemos añadir que el sismo de 1887 estuvo muy posiblemente localizado en las cercanías de Pinal de Amoles, Jalpan y Landa, en la región de la Sierra Gorda. Se menciona que dicha actividad ocasionó que los vecinos de la zona huyeran al campo aterrorizados. Los reportes indican, además, que se cuarteó la cúpula de un templo y se desplomaron tanto una casa cural como algunas otras casas en Landa (Orozco y Berra, 1888).
A este sismo se le ha estimado una magnitud de 5.3. Se sabe que por aquel tiempo las cuarteaduras ocasionadas por un sismo obligaron a sustituir parte del relieve de la fachada de la Misión de Jalpan, que mostraba a Santiago Apóstol, por un reloj que todavía se aprecia el día de hoy. Sin embargo, la fecha de la ocurrencia de los daños es contradictoria porque algunas fuentes indican como ocurrida a raíz el sismo de 1892, no teniéndose noticia de algun evento local en esa fecha.
A últimas fechas podemos hacer referencia al sismo ocurrido el 10 de septiembre de 1989, en los alrededores de Landa de Matamoros, al cual se le estimó una magnitud de 4.6 por el Servicio Sismológico Nacional. Se ha determinado que algunas zonas cercanas a la Cd. de Querétaro alcanzaron una intensidad de VIII en la escala de Mercalli-Modificada lo cual implica daños a construcciones con materiales débiles, así como agrietamientos.
En tiempos más recientes, episodios de sismicidad de baja magnitud han tenido lugar y se registraron instrumentalmente en las cercanías de Sanfandila durante los primeros meses de 1998; esporádicamente durante 2001 en la vecindad de Huimilpan; en la zona de Arroyo Seco de diciembre de 2001 a marzo de 2002; en enero y febrero de 2011 en el municipio de Peñamiller; en San Joaquín en 2004, 2012 y 2019; y en Cadereyta en 2018 y 2019, por lo que el Centro de Geociencias de la UNAM desde 2011 instaló una red sísmica de monitoreo permanente, la cual se sigue actualizando con nuevas estaciones para tener un mejor entendimiento de las condiciones sismogenéticas de esta región y proporcionar información de utilidad para una mejor prevención de desastres causados por sismos.



