Traigo la lista, pero puedo recordar sin verla: Eran… el pago en el banco, comprar un colador, sacar fotocopias y… y… eran cuatro cosas: sacar las fotos, ¡ah, y comprar pan!
Para la cena, a mi nieta y a mí nos gusta ese pan ⧿piensas mientras lo ves en su charola plateada dentro de la vitrina⧿, así que llevaré dos. ¿Cómo es que se llamaba?, ¿timbiriche? no, ¿saltimbanqui? no. Tengo que recordar ⧿te insistes, haces un esfuerzo⧿, ¿tíbiri, arlequín, Trípoli? Sabes que puedes pedirlo sencillamente como aquel ⧿mientras lo señalas con el dedo⧿ “el de chochitos blancos” –le aclararías a la mujer si le quedara duda⧿, pero no, me niego ⧿sostienes ante ti. Tienes que recordar el nombre, que era… ¡Ay!, la señorita de la cofia blanca se acerca.
¿Qué pan desea, señor?
Mmh… ¡Deme una concha, señorita! Y un… a… bolillo, dos cuernos y… nada más, sí.
Qué horrible es salir de allí vapuleado por una dependientita que te sonríe, comprensiva, pensando de seguro: “hay que ser corteses con los viejos, olvidan cosas”.
Te echas a andar, vencido, tras una batalla invisible: avanzas una cuadra, dos, tres, con una sensación de amargor… bien que podrías caminar de vuelta por el pan, pero ¿y tu orgullo?, ¡ay! tu pobre orgullo sexagenario… ¡si no te dolieran tanto los pies! Vas llegando… ¿Qué le responderé a mi pequeña cuando me reclame por su Garibaldi?




Así es la vitrina con la que se enfrentó el anciano, ¡estoy segura!
Gracias José Antonio, a ti y a tu ilustrador.
Gracias a ti por compartir tu excelente narrativa. Abrazo
Esa sensación de derrota tras darse por vencido y enseguida recordar, me es tan familiar, yo hubiera regresado con orgullo dándole un aire de victoria a mi regreso, con un alegre: “ deme dos garibaldis, para mi nieta “
Como una idea de último momento, porque soy tragona.
Claro!! Una abuela regresaría por los garibaldis!! Pero un abuelo??? Còmo!!!
Apenas, al clavo!!
La dificultad del personaje para aceptar que no se acordaba del nombre del pan, en esta narración es importante, porque es hombre y sexagenario; con estas dos características te acercas con claridad a definir a este personaje.
A la lista del pan agregaria un…un…¿cómo se llama? Ese panquesito con figura de regilete que exhibían cuando niña junto a los garibaldis.
Todavía no llego a los sesentas y ya doy 3 vueltas a la cocina preguntandome cada vez…¿a qué venía?
Lo del orgullo, mi madre dice que se usa para otras cosas, entonces ¿cómo se llama mi pan favorito?.
Me encantan tus narraciones Paty, encuentro un pedacito de mi en todas.
Que barbara Paty. Como me hiciste reírse con este texto. Me vi reflejada en él.
Esta genial. Cada día escribes mejor. Te acercas a tus compañeras de la séptima edad.
El orgullo vale y regreso
Jaaaa, ya te iba a contestar nomás terminaba el relato: ¡Garibaldi! ¡Carajo!.
Quiero uno, espero recordar su nombre donde los venden…
Yo le hubiera dado la descripción exacta del pan, o lo hubiera buscado en toda la panadería. Aunque… Ha habido momentos en que como ese hombre… Me voy llevando otra cosa por la pena de preguntar. Muy buen texto!!! Hasta se me antojó.
Hola Paty, me encantó.
Muy buena la historia y lo que refleja de la situación en las etapas de la edad de los 60,70,etc. qué ya no hay ése me importa poco lo que pasa ó piensen, yo regreso, y pido los garibaldis como de que no. Saludos y abrazos.
Si ¡carajo! A mis 28 años también me pasa.