REPORTAJE Y EDICIÓN FOTOGRÁFICA: AMÍLCAR SALAZAR ANAYA / LA LUPA.MX
El pasado 7 de marzo, tres guardias penitenciarios de Carolina del Sur, Estados Unidos, reventaron el viejo corazón del reo Brad Sigmon, de 68 años, utilizando rifles cargados con balas expansivas calibre .308, cartuchos tan pesados como para cazar osos de 500 kilos.
Fusilado luego de una simbólica agonía de 23 años en el corredor de la muerte de la Correccional Broad River, en el condado de Richland, Sigmon se convirtió en el primer ejecutado por un pelotón de fusilamiento en EU desde 2010, cuando se empleó dicho método en una cárcel de Ohio tras permanecer en desuso por más de medio siglo.
La autoridad carcelaria no concedió a Sigmon su último deseo: que por única vez se sirvieran piezas de pollo frito (“KFC”) a tres de sus compañeros de celda, arguyendo que la norma prohibía ingresar comida del exterior. Curiosamente, sí se dio al prisionero la macabra oportunidad de elegir la forma de morir.

Así fue que Sigmon prefirió las balas antes que ser electrocutado en la silla eléctrica o correr el riesgo de sufrir una “muerte prolongada en una camilla”, mediante la llamada inyección letal (una mezcla de fentobarbital, fármaco depresor del sistema nervioso, con otras substancias hipnóticas y anestésicas).
—¡Fusilen al abuelo! Así se escucha la inconcebible orden que ha dado Carolina del Sur para asesinar a uno de sus ciudadanos en este sangriento espectáculo— dijo a la prensa Gerald King, abogado de Sigmon, quien reconoció sus delitos (doble homicidio) desde que fue arrestado en 2001 y dedicó sus más de 20 años en prisión al estudio de la Biblia.
ARRECIAN EJECUCIONES AL INICIAR GESTIÓN DE TRUMP
La muerte por fusilamiento de Brad Sigmon fue apenas una de las 25 ejecuciones llevadas a cabo en el país del norte sólo durante los primeros cinco meses de la actual gestión de Donald Trump, de acuerdo con un seguimiento de casos criminales de LaLupa.mx
Entre el 20 de enero de 2025 (cuando Trump volvió a la Casa Blanca) y el 25 de junio de 2025 (al cierre de este informe) las cárceles de EU parecieron tener prisa para llevar a cabo 25 ejecuciones. Asimismo, actualmente ya están programadas otras cinco para celebrarse antes de fin del año, según datos del organismo civil Death Penalty Information Center.

Aún sin ser programadas y con tiempos de espera que van desde 10 a 30 años, hoy se encuentran en el llamado “corredor de la muerte” alrededor de 2,500 reclusos sentenciados. Muchos de ellos sólo aguardan la culminación de sus trámites de defensa o apelación, mientras que otros apenas desean que la mano de la burocracia judicial (o de la política) les indique el día y método con el que podrán ver el fin de sus días penitenciarios.
En opinión de abogados defensores, el cúmulo de casos demorados representa una “muerte en vida” para reos y familiares, inclusive para los parientes de las víctimas del crimen, ello porque los tiempos de espera entre sentencia y ejecución alcanzan un promedio de 15 años.
Si bien sólo 23 de 50 estados aplica la pena de muerte, el país de Disney y de Trump es el séptimo del mundo en materia de ejecuciones —después de China, Irán, Arabia Saudita, Vietnam, Irak y Egipto—, según datos de Amnistía Internacional, organismo que también menciona que 112 naciones ya han abolido esa forma de penalizar el crimen, entre estas México.
“OJO POR OJO”
En punto de las seis de la mañana del viernes 7 de marzo de 2025, Brad Sigmon fue sacado de su celda del penal Broad River y llevado a un área conocida como cámara de la muerte, donde 12 horas después, a las 18:05 horas, recibiría en el pecho las tres balas con las que sería fusilado.
El corazón de Sigmon estalló casi de la misma manera con la que 24 años antes, el 27 de abril de 2001, él mismo hiciera estallar con un bate de beisbol los cráneos de David y Gladys Larke, de 62 y 59 años, padres de su entonces enamorada, Rebecca Barbare.

Sigmon era adicto al “crack” (una mezcla barata de cocaína y bicarbonato, entre otras sustancias), así que sin pensar en las consecuencias, quizá imaginando que matar a sus suegros le devolvería el amor perdido, salió de la casa rodante en que vivía para dirigirse al hogar de los Larke, llevando consigo el bate y un revólver.
La furia desplegada por Sigmon para matar a sus suegros no pareció tener límite, ya que a cada víctima le asestó un total de nueve golpes.
Pero cuando Barbare supo del asesinato de sus padres, por boca del propio Sigmon, lo primero que hizo fue mostrar su horror y apartarse del enloquecido amante, amenazando con denunciarlo a la policía, así que este, sin poder retenerla mientras huía, alcanzó a dispararle en una pantorrilla.
“LA VENGANZA NO ES MÍA”
Entrevistada recientemente por el diario USA Today, Barbare declaró no ser partidaria de la pena de muerte. Sin embargo, apuntó que sí estaba convencida de que Sigmon merecía seguir en la cárcel de por vida.
“La Biblia dice: ‘ojo por ojo, diente por diente’, pero si lees más abajo, dice: ‘La venganza no es mía, la venganza es de Dios’”. “En resumen, no creo que la ejecución de Brad me vaya a dar un cierre a esta historia.”

Por medio de su defensor, Sigmon difundió una carta con sus últimas palabras, mostrando un pensamiento similar al de Rebecca:
“Quiero que mi declaración final sea una muestra de amor a mis víctimas y familiares, con los que me disculpo sentidamente. En aquél tiempo yo era demasiado ignorante para darme cuenta de lo equivocado que estaba.
“Pero también hago un llamado a mis hermanos cristianos para que nos ayuden a erradicar la pena de muerte. En ningún lugar del Nuevo Testamento Dios le da al hombre la autoridad para matar a otro. ¿Acaso no os dio Moisés la ley?”
EN LA SILLA DE EJECUCIÓN
Tres custodios del penal Broad River se ofrecieron (“voluntariamente”, dijo la autoridad) para disparar rifles sobre el pecho de Sigmon, resguardando sus identidades detrás de un muro que dejó aislado al reo dentro de un cuarto sólo provisto de una silla metálica de ejecución.
La pared divisoria tenía rendijas creadas ex profeso para insertar los cañones y apuntar hacia la silla desde una distancia frontal de 4.6 metros.
Uno de los costados del cuarto de fusilamiento contaba con una rendija grande y alargada, provista de una ventanilla de cristal blindado. Detrás de esta se veía un pequeño auditorio con butacas para una veintena de testigos, entre funcionarios, abogados y reporteros.

Minutos antes de sentarse en la silla de la muerte, Sigmon fue obligado a quitarse la ropa de la cárcel y a enfundarse en un grueso overol plástico de color negro, mismo que a la altura del pecho tenía un orificio circular, a manera de una diana para tiro al blanco.
Antes de concluir el procedimiento, los verdugos tensaron dos correas para sujetar cráneo y mandíbula del reo, además de cubrir toda su cabeza hasta el cuello con una capucha del mismo color del overol.
Ataviado con traje y corbata, un funcionario penitenciario leyó en voz alta la orden de ejecución, previamente firmada por un juez de Carolina del Sur y posteriormente avalada por la Suprema Corte, misma que debió pronunciarse luego de un prolongado juicio de apelación iniciado por el abogado King.
Quizá para sustituir al legendario grito del fusilamiento (“preparen, apunten, fuego”), un sistema electrónico emitió tres punzantes pitidos antes de ser opacados por el estruendo de la pólvora.

El cuerpo de Sigmon se estremeció durante diez segundos. La sangre que debió fluir no fue vista por los testigos que veían la escena detrás del vidrio, dado que el líquido escurrió bajo la ropa plástica hasta depositarse en un recipiente que contaba con un silencioso motor de drenaje instalado bajo las patas de la silla.
Para concluir el rito funerario, un médico entró al cuarto de ejecución para acercarse al cuerpo y escudriñarlo con un estetoscopio. El galeno hizo una pausa, guardó su equipo y con voz grave decretó la muerte de Sigmon a las 18:08 horas.
HIJO DE TIGRE DEL EJÉRCITO
Brad Keith Sigmon nació en 1957 en la comunidad de Taylors, Carolina del Sur. Fue hijo de una mujer de apenas 17 años, pero quien ya había dado a luz a cuatro chicos.
El jefe de familia era un soldado de rango medio del ejército de EU, quien ocupaba su tiempo libre en beber alcohol y mirar la TV, además de hostigar y golpear tanto a la esposa como al propio Brad, especialmente cuando salía en defensa de su madre.
El matrimonio se disolvió antes de que Brad cumpliera diez años, por lo que al ingresar la madre a su primer empleo, el adolescente debió dejar la escuela para poder cuidar a los hermanos. Al llegar a los 16, Sigmon obtuvo un empleo como mozo sin capacitación, por lo que no tardó en olvidar las buenas intenciones e incursionar en el delito, debutando a los 18 con el robo por asalto a una tienda.

Brad Sigmon llegó a la madurez con altibajos, algunos días trabajando y en otros delinquiendo, pero sin pisar la cárcel. Inclusive, tuvo una buena racha, se casó y tuvo un hijo, quien durante el reciente juicio de su padre salió a defenderlo, afirmando: “fue un buen padre y esposo”.
Sin embargo, Sigmon pareció seguir las enseñanzas de su padre militar: abandonó a la esposa y se marchó del hogar para comenzar a vivir en su remolque, espacio donde ya podía beber y drogarse a gusto, tal y como él mismo lo vivió en carne propia durante su infancia.
Con todo, Sigmon pareció reverdecer un tiempo cuando conoció a Rebecca, con quien vivió durante tres años (1998-2001). “Me enamoré perdidamente de ella”, afirmó durante el juicio.
“De muchas cosas en la vida puedo arrepentirme, excepto de haberla amado. Hice lo que hice por amor. No resistí la vida sin ella”, dijo Sigmon al agente policial que lo arrestó luego de matar a los suegros, mismos que, según acotó, “nunca me aceptaron como era”.

¿INYECCIÓN LETAL O “EXPERIMENTO” CON NITRÓGENO?
Dejando a un lado el caso de fusilamiento de Brad Sigmon, siete de las diez ejecuciones realizadas en EU durante el primer trimestre de 2025 fueron con la tradicional inyección letal, mientras que en las dos restantes se utilizó un método que entre algunos criminólogos aún se considera “experimental”: la muerte por hipoxia y/o sustitución del oxígeno por gas nitrógeno.
La Organización de las Naciones Unidas equipara el uso letal del gas nitrógeno como una “forma de tortura cruel y degradante”. Sin embargo, este ha comenzado a usarse en las prisiones de EU como una alternativa para enfrentar la llamada “crisis de la inyección letal”, consistente en la falta de disponibilidad de fármacos.
Expertos en el tema indican que dicha crisis se originó por la creciente negativa de ciertas firmas farmacéuticas europeas para utilizar sus patentes en propósitos que contradicen su misión “en pro de la salud humana”, además de exponerlas al escarnio público en países como Alemania, Francia y Suiza, dado que ningún país de Europa avala la pena de muerte.
Un acuerdo reciente, tomado entre EU y dichas empresas, ha agilizado de manera temporal el surtido de las substancias, pero ello bajo la condición de que el nombre de las firmas se mantenga en calidad de “reservado”.

DIEZ EJECUTADOS POR TRIMESTRE EN EU
Además de Brad Sigmon, otros nueve reos fueron ejecutados en cárceles de EU durante el primer trimestre de 2025. LaLupa.mx presenta a continuación un resumen de estos casos:
BOWMAN: “INOCENTE” HASTA EL FINAL
El 31 de enero de 2025, en Carolina del Norte, fue aplicada la inyección letal a Marion Bowman, de 46 años, acusado de asesinar en 2001 a la joven Kandee Martin, de 21 años. Sin embargo, durante los 24 años que pasó en prisión Bowman se mantuvo firme para negar ser el autor del homicidio. En su momento señaló a dos amigos suyos como sospechosos del crimen, pero no aportó pruebas para involucrarlos. El día de su ejecución, Bowman leyó sus últimas palabras: “No maté a Kandee, soy inocente de los crímenes por los que estoy aquí para morir. Sé que la familia de Kandee sufre, su enojo es justificable (…), pero espero que encuentren paz.”
NELSON: PROBLEMAS DE IRA
El 5 de febrero de 2025, en Texas, fue ejecutado con inyección letal Steven Nelson, de 37 años, acusado de asfixiar en 2011 con una bolsa de plástico a un pastor eclesiástico. Nelson ya tenía un largo historial como delincuente juvenil cuando llegó a la cárcel, y allá mismo estranguló a otro reo con el que no simpatizaba. Sus problemas de ira lo siguieron de por vida, tanto que en pleno tribunal, al momento de oír la sentencia en su contra, saltó del asiento, estando encadenado de pies y manos, e intentó rociar al juez con el extintor de incendios que arrancó de una pared.
FRAZIER: FEMINICIDA ASFIXIADO
El 6 de febrero de 2025, Demetrius Frazier, prisionero de Alabama con 52 años, fue asfixiado con gas nitrógeno, bajo los cargos de violación y asesinato en 1991 de Pauline Brown, de 41 años, delitos que aceptó y por los que se disculpó con familiares de la mujer. Ello firmaron una petición para que no lo ejecutaran, pidiendo que se le dictara una prisión perpetua. Pero el juez no otorgó clemencia y mandó a Frazier al corredor de la muerte, donde pronto le instalaron una mascarilla conectada a un tanque de gas nitrógeno. Su muerte se decretó tras cinco minutos de “asfixia controlada”.
FORD: MAL COMPAÑERO DE PESCA
El 13 de febrero de 2025, James Dennis Ford, de 64 años, fue ejecutado en Florida, acusado de matar en 1997 a su compañero de pesca, Gregory Malnory, al igual que a su esposa Kimberly. Según la acusación, Ford disparó un rifle sobre la cabeza del amigo, mientras que a la mujer la violó, golpeó y finalmente baleó con el mismo fusil. El abogado de Ford pidió clemencia al juez, alegado que su cliente sufrió abusos en la infancia, lo cual lo habría vuelto alcohólico y drogadicto. Dijo también que padecía diabetes, que sufría desmayos y conducta errática. Al final, Ford dejó atrás sus problemas mediante la inyección letal.
TABLER: PISTOLERO CONVERTIDO EN ESCRITOR
El 13 de febrero de 2025, en Texas, Richard Tabler, de 46 años, fue ejecutado por participar, junto con un cómplice, en una balacera ocurrida en 2004 dentro de un cabaret. Ahí fueron asesinadas cuatro personas y lesionadas gravemente más de 12. De las acusaciones por homicidio, la justicia sólo pudo probarle dos, pero fueron suficientes para condenarlo a morir con inyección letal. Durante su estadía de 20 años en prisión, Tabler solía escribir cartas a los jueces; en algunas de estas exigía “ser ejecutado cuanto antes” y en otras suplicaba clemencia. Inclusive publicó un libro de memorias desde el corredor de la muerte. Pero nada de ello cambió su fatal destino.

HOFFMAN: EL BUDISMO LO HIZO CONFESAR
El 18 de marzo de 2025, en Luisiana, fue cumplida una orden judicial para asfixiar con nitrógeno a Jessie Hoffman, de 46 años, luego de aguardar en el corredor de la muerte por casi tres décadas. Fue acusado de secuestrar, violar y matar de un tiro en la nuca a la publicista Mary Elliot, en 1996. Hoffman trabajaba como acomodador de autos en el sótano del hotel Sheraton de Nueva Orleans, a donde llegó Mary en busca de su vehículo. Hoffman negó ese crimen durante muchos años, aunque terminó por confesarlo en cuanto se convirtió al budismo dentro de la cárcel. A petición suya, fue declarado muerto mientras un monje budista elevaba rezos en su honor.
GUNCHES: SICARIO ARREPENTIDO
El 19 de marzo de 2025, Aarón Gunches fue ejecutado con inyección letal en una cárcel de Arizona, acusado de matar de cuatro tiros a Ted Price, ex marido de su amante Katherine Lecher, una mujer adicta a la metanfetamina y quien le pidió desaparecer al hombre, ello en el año 2002. Antes de llegar a la cárcel, Gunches se resistió al arresto policial, disparando a un agente en dos ocasiones y causándole lesiones graves. Apenas pisó la cárcel, dijo estar arrepentido de su crimen, pidiendo que se le dictara la pena de muerte, solicitud que se cumplió hasta que pasaron 23 años.
GRISSOM: VÍCTIMAS “CIRCUNSTANCIALES”
El 20 de marzo de 2025, en una cárcel de Oklahoma, fue ejecutado con inyección letal Wendell Grissom, de 56 años, un sujeto que desde que fue arrestado confesó haber participado, junto con un socio, en el asalto a una casa en donde mataron a tiros a dos mujeres que cuidaban a un bebé. “Fueron víctimas circunstanciales”, dijo a la policía, indicando que el hogar asaltado lo eligieron al azar. Los dos truhanes confesaron en diferentes juicios haber asesinado después beber whisky y fumar “cristal”. Al entrar a la cárcel, Grissom dijo que prefería la pena de muerte. “No quiero pasar el resto de mi vida aquí”, suplicó, quizá sin imaginar que tendría que quedarse durante sus últimas dos décadas de vida en el corredor de la muerte.
JAMES: SU “URGENCIA” DE MORIR
El 20 de marzo de 2025, en Florida, Edward Thomas James recibió la inyección letal luego de ser el sentenciado a muerte de mayor antigüedad en la prisión: 30 años de espera. En 1993 ingresó a la casa de una familia en la que estranguló a una anciana y a su nieta de ocho años, a quien también violó. Además, hirió con un cuchillo a otras cuatro niñas, a las que violentó sexualmente durante horas. En su defensa, James argumentó que entonces su vida estaba inmersa en la drogadicción y que sufría de lagunas mentales, por lo que ya había olvidado muchos detalles del pasado. Meses antes de su ejecución, James dijo a compañeros de celda que creía ser “el hombre más urgido de morir del mundo”.

NARCOS MEXICANOS PODRÍAN ENFRENTAR PENA DE MUERTE
Desde sus campañas por la presidencia de EU, Donald Trump hizo gala de su deseo de aplicar la pena de muerte para castigar delitos graves, dentro de los cuales el inquilino de la Casa Blanca pidió recientemente a los 50 gobernadores de su país añadir el de narcotráfico, con dedicatoria para seis cárteles mexicanos a los que pronto designó como “grupos terroristas”
La pena de muerte es, según especialistas, el mayor riesgo judicial que actualmente enfrenta ante los tribunales estadounidenses un grupo integrado por 29 capos (28 de nacionalidad mexicana) que el pasado 27 de febrero fueron entregados a EU por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, entre estos el tristemente célebre “narco de narcos”, Rafael Caro Quintero.
A este grupo de potenciales candidatos a la pena máxima se suma el capo sinaloense Ismael El Mayo Zambada, quien actualmente lidia con un tribunal de Nueva York luego de que en julio de 2024 fuera (presumiblemente) traicionado por sus antiguos socios, Los Chapitos, para ser subido a la fuerza a una avioneta y entregado a agentes de EU en El Paso, Texas.

Abogados de narcos mexicanos que ahora enfrentan cargos ante tribunales de EU han expresado en entrevistas el temor de que las fiscalías de EU pidan a los jueces que se imponga la pena de muerte a sus clientes y ello les complique las gestiones de defensa.
Y es que al no haber sido estos capos formalmente extraditados a EU, sino solo “expulsados” o “extraídos” de México, muchos no podrán acogerse a los acuerdos internacionales que impiden que un reo mexicano pueda ser condenado con una sanción que no se aplique en nuestro país, como es el caso de la pena de muerte.
“El señor Zambada no quiere ir a juicio y está dispuesto a aceptar la responsabilidad de un cargo que no implique la pena de muerte”, dijo en Nueva York uno de los defensores del capo, Frank Pérez, mientras que Elizabeth Macedonio, abogada de Caro Quintero, aceptó que también podría negociar un acuerdo equivalente bajo la idea de que su defendido no enfrente la pena máxima.

La ejecución de reos por parte del Estado —un tema que universalmente ha causado polémica entre ciudadanos, víctimas, delincuentes y especialistas—, ha estallado en el submundo de los cárteles, con secuelas que resultan difíciles de prever.
@amilcarsalazara
AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “FILO ROJO”, LA SECCIÓN DE AMÍLCAR SALAZAR ANAYA PARA LALUPA.MX
https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/amilcar-salazar-filo-rojo



Este reportaje motiva a meditar en un montón de cosas. Excelente escrito, como siempre.
Sobrecogedor.
Delincuentes y jueces parecen la misma cosa. No a la pena de muerte.
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