CRÓNICA Y FOTOS: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX
Bajo la techumbre metálica de la delegación Felipe Carrillo Puerto, de la capital queretana, se comienza a reunir una decena de habitantes de la colonia que le da nombre a la demarcación, y que fueron afectados por las lluvias de la semana pasada. Esperan la hora en la que personal del DIF estatal entregue alimentos a los damnificados de las precipitaciones que vinieron a romper con sus rutinas y afectaron su patrimonio.
El menú de este día es crema de calabaza, ceviche de lenteja, aguas de jamaica y melón, así como melón de postre; para acompañar, tostadas.

Quienes elaboran los alimentos y los reparten son Aracelí Trejo, Beatriz Hernández Aguilar, María Eva y Paloma Briones.
Narran que la comida la hacen para 200 personas, aproximadamente. Ellas mismas son quienes se encargan de la elaboración y servir a las personas, quienes llegan con sus recipientes para recibir los alimentos.

La plaza de la delegación, que es compartida con el atrio de la parroquia de San Miguel Arcángel Carrillo, luce tranquila. A una semana de las inundaciones causadas por las lluvias las huellas de lo sucedido aún permanecen en puertas de viviendas en negocios: los costales de arena no se han movido de sus lugares. Siempre hay que estar prevenidos.
Las mujeres explican que a veces se quedan tristes porque las 200 raciones de alimentos no alcanzan para todas las personas que acuden por el beneficio. Quisieran dar más comida, pero es hasta donde alcance.

Mientras sacan las tostadas de las bolsas para ponerlas en tinas y poder repartirlas con mayor rapidez, expresan que comienzan a cocinar desde las nueve de la mañana, todos los días, pues la ayuda a los damnificados y afectados por las lluvias se repartirá hasta el jueves de la próxima semana, incluyendo el fin de semana.
Poco antes de las dos de la tarde, Aracelí, Beatriz, María y Paloma comienzan a repartir los alimentos. Los ciudadanos, en orden, esperan su turno. El olor del ceviche hace salivar a más de uno que percibe el olor del platillo.
“Es un muy buen servicio. La gente es muy amable y dan buena atención”, dice Verónica Romero, quien señala que apenas el jueves pudieron ayudarle a sacar el agua de su cochera, pues la bomba que llevaban las autoridades, de tanto trabajo se descompuso.

Explica que sólo tuvo afectaciones en la cochera de su casa. Por fortuna el agua no entró a las habitaciones, pero aún así, tuvieron que pasar casi una semana con el agua en su casa.
Mirna Anayelí llega con su mamá. También fue afectada por las lluvias. Comenta que actualmente vive en una pequeña habitación que rentan sus padres. Sólo hay espacio para una cama, por lo que su papá y su mamá duermen en el suelo y ella y su familia lo hacen en la cama.

El día de la inundación, recuerda, no se daban abasto para sacar el agua, pues también comenzó a regresar el agua del drenaje.
“Donde nos estamos quedando con mi mamá, no sé si el dueño no impermeabilizó, pero se empezó a trasminar el agua por la pared y el agua bajaba por la pared. Le dije a mi mamá que les dijéramos (a las autoridades) que si pueden ayudarnos en algo porque entra uno a la casa y huele a humedad”, subraya.

En unos minutos la comida es repartida. Dos centenas de personas tendrán asegurados los alimentos por un día más, mientras recuperan su normalidad y su vida.



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