Autoría de 12:15 am #Destacada, Carlos Campos – Pongamos que hablo de libros • 3 Comments

Hay Festival Querétaro: un enclave de consumo, sin impacto en la comunidad (I de II) – Carlos Campos

Diez años después de su llegada, el Hay Festival en Querétaro ha consolidado un lugar indiscutible en la agenda internacional de las letras y las ideas. Su presencia ha puesto a la ciudad en el mapa cultural global, junto a urbes como Cartagena de Indias o Segovia, y ha ofrecido a miles de asistentes la posibilidad de escuchar a escritores, periodistas y pensadores de prestigio mundial. Cada edición ha reforzado la marca de Querétaro como ciudad cultural, al tiempo que le ha otorgado a México un espacio privilegiado dentro de la red de festivales que la organización británica despliega en distintos países.

No obstante, una década de distancia también permite la mirada crítica. Una encuesta en la que participaron 27 actores culturales locales muestra un panorama más complejo: el capital simbólico que el festival genera no se traduce necesariamente en un beneficio cultural compartido. El prestigio que atrae visitantes y proyecta la ciudad hacia fuera convive con la percepción de una escasa incidencia en el desarrollo de la vida cultural cotidiana. La tensión es clara: hegemonía del prestigio vs. crisis de pertinencia local.

El escaparate internacional y sus límites

De las respuestas recabadas, diez destacan la fuerza del Hay como escaparate internacional. Para un participante: “imagino que ha posicionado al estado en una mira internacional que antes no tenía”. Otro afirma: “La oportunidad de conocer escritores y tener la posibilidad de entrevistarlos me voló la cabeza”. Estos testimonios expresan la dimensión más evidente del festival: la posibilidad de acercarse a figuras globales y acceder, de primera mano, a conversaciones que difícilmente se tendrían en un circuito local.

Ese capital simbólico es real y no puede minimizarse. El Hay Festival se ha convertido en un sello de calidad cultural: su sola presencia legitima a la ciudad como un nodo en la red mundial de la literatura y las ideas. En términos de marketing territorial, Querétaro gana visibilidad, prestigio y proyección. Para ciertos públicos, asistir al festival equivale a conectarse con una comunidad intelectual cosmopolita y formar parte, aunque sea temporalmente, de un universo cultural de alto nivel.

Sin embargo, esa narrativa se contrapone con 13 voces que insisten en el fracaso del festival para permear en la conciencia cultural de la mayoría de los queretanos. “El Hay no es conocido por la mayoría… hay que estar dentro del medio cultural para enterarse”, señala un encuestado. Otro va más allá: “No creo que trascienda en el público en general. Se ha quedado en un nicho de gente interesada en la cultura, pero no ha logrado expandirse hacia otros sectores sociales”.

Aquí emerge una fractura decisiva: lo que para unos es una experiencia inolvidable y profundamente individual, para otros es un espectáculo elitista, desligado de la vida cultural cotidiana. El prestigio que el Hay Festival otorga a la ciudad en el exterior no se corresponde con un reconocimiento interno de igual magnitud.

Un festival que opera como enclave

La crítica más reiterada apunta a la falta de vinculación orgánica con la comunidad cultural local. Nueve de las respuestas recabadas lo expresan con claridad: “El Hay no está planeado como un esfuerzo de vinculación sino de imposición: un show ya montado que se presenta en la ciudad”. Otro testimonio coincide: “No existe un vínculo efectivo institucional que integre de manera equitativa las propuestas literarias al programa”.

La imagen es contundente: el festival funciona como un enclave, es decir, un evento global que aterriza en la ciudad pero que no dialoga de manera horizontal con su tejido cultural. El aparato se monta, se desarrolla y se desmonta, sin que el intercambio con escritores, editores o colectivos locales tenga la profundidad que se esperaría tras diez años de presencia.

Ese distanciamiento alimenta un resentimiento latente. Para ciertos actores, el Hay Festival se percibe como un evento que se beneficia de recursos públicos —patrocinios, apoyos logísticos, facilidades institucionales— sin ofrecer un retorno proporcional en términos de desarrollo cultural para quienes sostienen la vida artística local durante todo el año. La crítica no es sólo a la lógica del festival, sino también al modo en que las autoridades han gestionado esta relación: privilegiando la importación de prestigio sobre la construcción paciente de comunidad.

El síntoma de un ecosistema cultural débil

Cinco de las respuestas van más allá del juicio al festival y colocan la mirada en un problema estructural: un ecosistema cultural queretano débil, cerrado y con escasa industria. El Hay Festival, en este sentido, sería más un síntoma que una causa. “Fuera del Hay Festival no hay otro evento relevante local de la misma importancia y presupuesto”, lamenta un encuestado.

Lo que aparece aquí es la constatación de una brecha: por un lado, un modelo de consumo cultural mediado por el espectáculo y, por el otro, la ausencia de políticas públicas culturales robustas que fortalezcan la producción cultural de base. El festival, con su maquinaria internacional, no encuentra un ecosistema local vigoroso con el cual interactuar, sino un campo cultural frágil, marcado por la precariedad institucional y la falta de infraestructura para la creación, la edición o la distribución de obra literaria.

En este marco, la crítica al Hay Festival se desplaza hacia las instituciones locales: ¿por qué, en lugar de destinar recursos a eventos internacionales efímeros, no se ha invertido con la misma intensidad en el fortalecimiento de editoriales independientes, librerías locales o programas de formación de públicos? La paradoja es evidente: mientras Querétaro aparece en el mapa mundial gracias al Hay, su base cultural doméstica sigue dependiendo de esfuerzos aislados y de la resiliencia de proyectos independientes.

Entre el consumo y la comunidad

El balance general, a diez años de distancia, es sociológicamente claro: el Hay Festival en Querétaro ha sido un generador de capital simbólico global y de experiencias culturales intensas para un público reducido, pero ha fallado en convertirse en una institución integradora del ecosistema local. Opera como símbolo de prestigio, pero no como motor de comunidad, a pesar de que desde la administración municipal, a través de la secretaria de cultura, se intentó sin éxito denominarlo “el festival más callejero”.

La lógica que ha prevalecido es la del consumo cultural: asistir a conferencias, presenciar diálogos, acceder a la voz de escritores y pensadores consagrados. Pero ese consumo no necesariamente se traduce en procesos de mediación lectora sostenidos, en encuentros entre creadores locales y globales, ni en redes de colaboración que fortalezcan al campo literario queretano. El festival ofrece un acceso privilegiado a lo internacional, pero deja sin resolver la necesidad de construir una cultura de base que involucre a públicos más amplios y diversos.

El reto de la próxima década

La pregunta clave es qué sucederá en los próximos diez años. ¿Seguirá el Hay Festival operando como enclave global en Querétaro o encontrará formas de articularse con la vida cultural local? El reto es evidente: pasar de un modelo de enclave —donde lo global se impone— a uno de articulación, donde las lógicas del espectáculo internacional convivan con la construcción paciente y democrática de un campo cultural local sólido.

Para lograrlo, no basta con la presencia de grandes nombres ni con la asistencia masiva a los eventos. Se requieren políticas culturales que conviertan al festival en un nodo de articulación y no en un satélite distante. Esto implica diseñar mecanismos de participación real para escritores, editores y colectivos locales; abrir espacios de coprogramación; fomentar encuentros horizontales entre lo global y lo local; y, sobre todo, garantizar que el prestigio internacional se traduzca en fortalecimiento del ecosistema cultural doméstico.

A diez años de distancia, el Hay Festival en Querétaro deja una lección valiosa: el prestigio global es importante, pero no suficiente. Una ciudad culturalmente viva no se construye únicamente con espectáculos de alto nivel, sino con un entramado de prácticas, actores e instituciones que sostengan la vida cultural día a día. El futuro del festival dependerá de su capacidad de pasar de ser un espectáculo para el consumo a un proceso de construcción comunitaria.

La encuesta “A 10 años del Hay Festival Querétaro” se levantó de manera abierta mediante la plataforma Formularios de Google, del 09 al 16 de septiembre. Las respuestas fueron completamente anónimas, ninguna opinión se atribuyó a nombres propios. El análisis de contenido de las respuestas se hizo de manera colectiva mediante la herramienta Atlas.Ti. Las respuestas se pueden consultar de manera íntegra en el siguiente enlace: http://bit.ly/3K7Eedl

 AQUI PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “PONGAMOS QUE HABLO DE LIBROS”, LA COLUMNA DE CARLOS CAMPOS PARA LALUPA.MX

https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/carlos-campos-pongamos-que-hablo-de-libros

(Visited 336 times, 1 visits today)
Last modified: 19 septiembre, 2025
Cerrar