HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX
FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX
Soy un luchador en todo el sentido de la palabra y quisiera que la gente conociera más la lucha grecorromana, que los pequeños vengan a entrenar, porque, aunque no se vive de ser deportista, sí atiendes a tu corazón, sostiene Dorian Emmanuel Trejo Olguín, quien con 18 años es bicampeón panamericano, premio estatal del deporte 2025 y sueña con llegar a los Juegos Olímpicos. El equipo de la selección queretana, afirma, es el mejor de México.

Dorian tiene la experiencia de tres triunfos en Juegos Panamericanos Junior, el primero en Ciudad de México y el segundo en Perú, donde obtuvo el oro en ambas competencias. El tercer Juego Panamericano que se realizó este año, también en Perú, lo llevó a obtener la medalla de plata. Es bicampeón nacional, premio estatal del deporte 2023 y se le reconoce como una de las mayores promesas en la lucha grecorromana.

Entrena todos los días porque “tú puedes estar descansando, pero otro está entrenando”, así que hace todo lo posible por ganar un lugar en los Juegos Olímpicos y conseguir una medalla para México. Desde los 11 años compite de manera profesional y entre sus logros se encuentran el Mundial de Lucha U17 en Turquía, aunque su desarrollo profesional es más amplio.




Su acercamiento con el deporte se dio desde muy pequeño, cuando entrenaba futbol americano junior y tochito, que jugaba como parte del llamado descanso activo, pero no lo disfrutaba igual. “Lo practiqué pero no me gustaba y cuando tenía como nueve años, ahí por donde yo vivía, vi una jaula en un segundo piso de una casa, un octágono de la Ultimate Fighting Championship (UFC) y yo quise ir a entrenar ahí, porque había visto videos de las peleas de la UFC, mi mamá habló con el profe sobre el box y todo eso y me gustaron las artes marciales mixtas”.

Alrededor de un año después de que empezó a practicar, lo descubrió el también luchador queretano Samuel Gurria y lo llevó al Instituto del Deporte y la Recreación del Estado de Querétaro (Indereq). “Siempre le voy a estar agradecido, porque si no fuera por él, no habría conocido la lucha grecorromana, porque él me entrenaba, me daba lucha y decía que tenía mucho talento, que si era bueno ahí, pues mucho más como luchador y le dijo a mi mamá que me trajera al Querétaro 2000”.

Después de ver su desempeño, un par de profesores querían tenerlo como su deportista y al final se quedó con el entrenador Juan Carlos Linares Valdés, de lucha grecorromana y desde ahí “la lucha me ha dado toda una carrera deportiva, aquí me han dado todo, me mandaron a mis estatales, a mi primer regional, mi primer nacional y los ganaba y llevo puro oro, excepto la plata de los Panamericano, pero sé que tengo talento en el deporte”.

Los tres o cuatro años que jugó futbol americano le tocó ser centro en ofensiva, linebacker y ala en defensiva, entre otras posiciones. Su rendimiento le permitió tener una beca en una escuela privada y aunque por su edad debía jugar en categorías pequeñas, su peso y su tamaño hicieron que lo subieran a otra categoría con jugadores dos o tres años mayores “y yo les ponía los cascazos a ellos y por eso me gusta el futbol, me gustaría volverlo a jugar un día”.

Por ahora, prefiere centrarse en la lucha grecorromana, porque disfruta cada minuto de entrenamiento, “aquí vengo con mis amigos, mis entrenadores, casi casi es otra familia, si vengo pensativo o triste, pues llego y me encuentro a mis amigos, porque aquí en lucha es otro rollo, estamos risa y risa y entrenar con la selección de Querétaro es entrenar con los mejores de México, y me da felicidad y me da alegría. Cada que vengo y entreno, lo disfruto, cuando lucho, lo disfruto”.




Su meta es llegar a los Juegos Olímpicos y ya se prepara para los clasificatorios de los Juegos Centroamericanos en noviembre próximo, “y si me meto ahí, ya estaría entrando al ciclo olímpico y estoy emocionado porque estoy chico y debo competir con adultos, porque es abierto, estoy muy emocionado y no le tengo miedo a los adultos, porque ya luché contra ellos en un Panamericano y quedé cuarto”.

Aprendió a no tenerle miedo a los luchadores más altos, más experimentados y con más logros, porque confía en su técnica, su disciplina y su estrategia. “Luché contra un campeón del mundo y tercero en olímpicos, que es Gabriel Rosillo de Cuba y un hondureño muy bueno, que en su país es casi una estrella, un gigante, los ves con respeto, pero se les pierde el miedo porque luchas con bastantes”.

Cuando era más pequeño sí se dejaba guiar por la apariencia, sobre todo cuando veía a los luchadores estadounidenses que son más altos y con mucho músculo, entonces “sí me daba miedo, como en el Juego Panamericano, cuando fue la final contra un estadounidense, mi entrenador me alentó y le empecé a meter, sentí confianza y salió la de oro”.


Dorian sabe que la lucha grecorromana puede parecer muy difícil y ruda, pero su familia lo impulsa a continuar. Reconoce que su familia paterna es más protectora, pero “a mí me gusta darme de topes, me gustan los golpes en la competencia, no me he rajado”, aunque el día después del enfrentamiento es especialmente difícil. Ese día no sientes nada, puedes saltar, brincar, pero el día siguiente amaneces con las costillas, la cara con moretones, el cuello, las piernas, todo dolorido”.

Agrega que “mi papá dice: si yo nunca te pegué y ahora te está pegando alguien más y mi abuelita dice: no quiero que te estés metiendo ahí, porque ven mis videos y mi abuelita llora, después me dice que si mi papá y mi mamá nunca me pegaron, nunca me maltrataron, para qué me meto a que me hagan eso, pero saben que a mí me gusta, les da miedo, por eso mi papá no podía ver mis videos, le daba ansiedad. Mi mamá es más como yo, más aventada,”.

Recuperarse de una competencia sencilla le toma unos tres días, pero como las competencias duran meses, requiere al menos una semana para sentirse mejor, porque cuando le toca ir a las concentraciones de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte de México (Conade), “es vivir entrenando”.

“Te levantas a correr, entrenas, luego te duermes, luego entrenas, te duermes y otra vez entrenas y te duermes. Aquí es diferente porque tengo que ir a la universidad, vengo aquí, entreno, me voy al gimnasio o luego vengo primero aquí en la mañana, otra vez en la tarde en el gimnasio, pero siempre entrenando, porque como dicen: tú puedes estar descansando, pero otro está entrenando, por eso trato de ser muy disciplinado en mis entrenamientos quiero que mi tiempo sea para mí, por eso no tengo novia, porque yo no puedo salir, para mí siempre va a ser primero esto, luego esto y después esto”.

Actualmente estudia la licenciatura en dirección del deporte, porque le interesa dedicarse a este sector toda la vida y para eso necesita forjarse una buena carrera para ayudar a los demás deportistas, porque “muchas veces la familia tiene que sacar de la bolsa, no se vive de ser deportista, pero atiendes a tu corazón, no lo haces por dinero, sino porque te gusta y quieres que los más chiquitos sientan esa emoción”.



Efectivamente no se vive de el deporte, sin embargo con preparación y dedicación se puede cuando ti cuerpo te lo pide y dejas de entrenar.
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