REPORTAJE Y EDICIÓN FOTOGRÁFICA: AMÍLCAR SALAZAR ANAYA – ENVIADO / LA LUPA.MX
Entre la gente que transita la vida junto a montañas que parecen tocar el cielo, cañones profundos y valles radiantes —ámbitos característicos de la Sierra Gorda de Querétaro — hay dos palabras que últimamente se pronuncian a la menor provocación y que causan inquietud, abatimiento o enojo.
“Remesas”, es la primera palabra.
—Aquí andamos igual que las remesas: partidos a la mitad. Esta era una ciudad de comercio, donde se movían todos los productos de la región y ahora está muerto. Pasan días en que no vendo ni una prenda interior —dice Arturo Ponce, dueño de Novedades Ponce, tienda de ropa de la comunidad de La Lagunita, en el municipio de Landa de Matamoros.
La segunda palabra, a veces socorrida para soltar maldiciones, es el apellido del actual presidente de Estados Unidos.
—Ese Trump es un demonio, nomás véale los ojos —dice en pleno jardín central de Jalpan de Serra el octogenario Juan Ugalde, mientras espera a que llegue el vehículo que suele entregar el dinero de las remesas en la oficina del viejo telégrafo, ahora financiera gubernamental, cuyas puertas aún no se abren al público. Son más de las dos de la tarde y el sol cae a plomo.

SIERRA GORDA: EL ECO DE WASHINGTON
En las alcaldías contiguas de Jalpan de Serra, Landa de Matamoros y Arroyo Seco, el sonido de los teléfonos celulares ha cambiado. Ya no repican tanto por WhatsApp las buenas noticias de un envío de dólares desde Texas, Virginia o Arkansas. El silencio reina en muchos hogares.
Desde que en Washington iniciaron las controvertidas políticas del presidente Donald Trump, la cotidianeidad de este pulmón queretano ha sido golpeada. La deportación masiva de paisanos y la caída en picada de las remesas comienzan a dejar a trabajadores y comerciantes sin aliento, con sus familias contra las cuerdas. La inquietud por el futuro cunde por las comunidades.
Según datos del Banco de México (BM), desde mediados de 2025 se ha registrado una caída de las remesas a nivel nacional con un descenso mayor al 16 por ciento.
En el caso de Querétaro, este captó 309 millones de dólares (mdd) durante el segundo trimestre de 2025, lo que representa una caída del 9.3 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2024, cuando recibió 340 mdd.
Pero la reducción a los envíos monetarios a Querétaro tuvo un mayor impacto en la Sierra Gorda, donde existe una mayor dependencia de lo que ocurre dentro de EU, como es el caso de las redadas masivas o la imposición de aranceles a las transferencias de dólares.
MUNICIPIOS EN CAÍDA LIBRE
Landa de Matamoros es el municipio de la Sierra Gorda más afectado por esta crisis, con una caída de las remesas de un 20 por ciento hasta el segundo trimestre de 2025. La alcaldía ya mostraba curvas descendentes en la recepción de divisas entre 2022 y 2024, al pasar de 9.56 mdd a 4.41 mdd recibidos, ello en cifras trimestrales.

Con un promedio de afectación del 11.8 por ciento, Pinal de Amoles fue el segundo ayuntamiento más golpeado por el fenómeno, al recibir 3.57 mdd durante el segundo trimestre de 2025 en comparación con los 6.58 mdd que captó en el mismo lapso de 2022.
San Joaquín es el tercer municipio que mostró un fuerte desplome de divisas, pasando de recibir 7.28 mdd a sólo 2.42 entre 2022 y 2024.
Especialistas prevén que para el cierre de 2025 las remesas serranas aun podrán caer un 10 por ciento adicional, además de que la tradicional caravana migrante de diciembre podrá resultar histórica, al reducirse a la mitad la usual derrama económica, ello bajo el supuesto de que serán menos los paisanos que se animen a cruzar la frontera entre ambos países.
LA SIERRA GORDA: UN MODELO A LA DERIVA
Jalpan de Serra, Landa de Matamoros y Arroyo Seco son ayuntamientos de contrastes. De un lado, la majestuosidad de las montañas y la riqueza de los bosques, declarados Reserva de la Biósfera. Del otro, la realidad de una economía que siempre ha dependido de los que se van. El llamado “efecto Trump” ha sembrado la preocupación y ahora brota a flor de labios.
—¿Qué siente con las malas noticias que llegan de EU? —se pregunta al comerciante de ropa Arturo Ponce, para continuar la charla con LaLupa.mx
—Pues estoy preocupado, bastante preocupado diría yo. La Sierra Gorda depende mucho de lo que pasa en EU, así que la crisis pega el triple o más, sobre todo porque en esta parte de Querétaro no hay fuentes de trabajo: tenemos tienditas, negocios chiquitos donde la gente que necesita empleo podría encontrar algo. Pero a como están las ventas, ahorita nadie contrata.

“Yo aquí soy el dueño, pero no me sale contratar a alguien; entonces, si no tengo nada qué hacer en mi casa, vengo y atiendo. No he querido cerrar el negocio porque tiene antigüedad y prestigio. Está en muy buen lugar, aunque ahorita vea vacía la calle. Es la situación económica: nadie sale, nadie gasta, nadie nos visita… Ahora que los vi, creí que eran de los peregrinos que vinieron con la iglesia, a lo de la virgen. Una disculpa. Pero qué bueno que nos visitan y más si pueden dar a conocer lo que está pasando en La Lagunita.”
Arturo Ponce, quien laboró en el municipio de Landa de Matamoros durante la gestión de la ex edil Honorina Amador y es pariente de Marina Ponce, quien también fue alcaldesa, habla de las dificultades que enfrentaron ambas gobernantes para encontrar a empresarios dispuestos a fundar empresas o mover fábricas de Querétaro a esta región.
“Pero no se logró nada, nunca se ha podido lograr. Yo pienso que se necesita más influencia: del gobernador para arriba, y también voluntad política del partido que sea; también de parte de las cámaras industriales: que el inversionista vea que hay muchos jóvenes que quisieran trabajar y aprender de tecnologías sin tener qué irse a la capital o a EU.”

Ponce dice estar convencido de que la población serrana aplaudiría sin remilgos al inversionista o gobernante que lograra trasladar a la sierra “al menos a una fábrica como las que tienen allá en Querétaro”, ante lo cual se anima a sugerir dicha meta al gobernador Mauricio Kuri.
“Estoy seguro de que por aquí sería bienvenida cualquier fábrica que viniera a dar trabajo. Además del empleo, también se necesita que traigan la capacitación técnica, porque eso es precisamente lo que piden los muchachos que terminan por irse al otro lado.”
A las preocupaciones de Ponce se suma la de familiares suyos que ahora mismo están en EU y enfrentan el acoso de la policía migratoria.
—Allá tengo un hermano; él ya es residente, así que no me preocupa tanto, pero tengo otro, el más chico, que es ilegal. Y él me dice que a veces no sale a trabajar por el miedo a los de Migración, que andan por todas partes, rondando. También se dan casos en los que el patrón le dice a su trabajador: “mañana no vengas”, o “sólo ven dos días”, porque puede venir Migración. Y así los traen, con el pendiente de que los puedan deportar.
“Está muy difícil el problema, tanto allá como aquí. De hecho, si hago cuentas, a La Lagunita ya llegaron, que yo sepa, cinco deportados. Todos amigos míos, son gente buena y trabajadora”
NOCHES EN VELA PENSANDO EN LOS HIJOS
Aún no llega al centro de Jalpan de Serra la unidad que traerá el dinero de las remesas, de modo que Juan Ugalde tiene tiempo para esperar y también para contar a LaLupa.mx que él también, como muchos jalpenses, pasa noches en vela pensando en la difícil situación de su hijo mayor, quien desde hace nueve años vive en San Ángelo, población de Texas, trabajando en la industria de la construcción.
“Mi hijo anda por allá, es arquitecto, nomás que sin papeles, pero gracias a Dios nunca deja de mandarnos un dinerito. Pero aunque no pudiera mandarnos nada, nos tiene inquietos que no le vaya a pasar nada. Están metiendo a la gente a la cárcel nada más por trabajar, imagínense.”
Ugalde reconoce vivir de las remesas que su hijo transfiere cada mes para él y su esposa. Dice, un tanto apenado, que a su edad ya nadie le da trabajo, que no tiene pensión del IMSS porque nunca cotizó y que la (“famosa”) Tarjeta del Bienestar no le ha llegado.
“Lo bueno es que hace veinte años hice mi casa y de ahí nadie me saca… sólo mi mujer”, cuenta con voz chispeante, explicando que hace veinte años pudo construir su hogar gracias a los dólares que logró reunir mientras laboró durante 30 años en los ricos campos agrícolas de Winter Garden, en Florida.

—¿Qué tantos amigos suyos, de su generación, tienen hijos en EU?
—Muchos, a lo mejor todos. Aquí en Jalpan sería raro ver una casa donde no tengan a alguien al otro lado. Aunque uno no quisiera, los hijos terminan yéndose. Pero casi siempre vuelven. Si los educamos bien, con valores, nunca se olvidan de uno.
“HAY GENTE, NOMÁS QUE NO SALE”
En la montañosa comunidad de Purísima de Arista, municipio de Arroyo Seco, la soledad de las calles y de los patios de casonas que parecen estar deshabitadas —en su mayoría construidas bajo estilos arquitectónicos típicos de EU—, sorprende a los enviados de LaLupa.mx:
—¿Por qué se ve todo tan solito? Como que no hubiera nadie en las casas —se pregunta a Sara Martínez, mujer de 60 años que ha salido a la calle principal a comprar arroz en una de las pocas tiendas de abarrotes que posee este pueblo de apenas tres mil habitantes.
—Sí hay gente en muchas casas, nomás que no salen, casi no tienen a qué salir.
“En Purísima casi somos pura gente mayor. Los que trabajan andan en EU, algunos están en Querétaro y otros lados”, explica la mujer.
Sara dice vivir en una casa pequeña construida por su ex esposo, quien si bien trabajaba para la CFE, un día renunció y se fue a EU, de donde ya no regresó. Eso fue hace casi 20 años.
Desde entonces, Sara está dedicada de tiempo completo a cuidar a su hija menor, quien tiene 35 años y padece una discapacidad. Tiene otra hija de 37 años que vive en el estado de Virginia, casada con un mexicano, ambos en situación migratoria irregular, por lo que está muy nerviosa.
“Me han dicho que está muy difícil por allá. A mí me preocupa mucho, pero ellos me dicen que se están cuidando, que ya no piense en eso.”

Sara comenta que para ella es una bendición que tanto su hija como su yerno le envíen continuo apoyo económico desde EU, ya que solamente gracias a ello ha podido enfrentar la vida al lado de su hija enferma.
Cuanta la mujer que aún siendo su yerno un hombre muy trabajador, que tiene su propio negocio de construcción, hasta ahora no han podido arreglar sus papeles de residencia.
“Dios bendito que nada les pase y me los siga cuidando.”
LA MIEL DE SU VIDA
Cornelia se apoya con un bastón, pero no por ello deja de salir a caminar diariamente por las calles de Purísima de Arista, inclusive a doble turno. Por las mañanas hace compras y da un paseo, por las tardes atiende su negocio de apicultura. Tiene 76 años.
La mujer muestra su buen humor. Dice que en su casa sólo viven ella y las muchas abejas que se arremolinan dentro de las ocho cajas de madera que aloja en el patio trasero. A veces le ayuda un sobrino de su hermana, pero en general ella hace la faena completa. Explica que para acercarse a los insectos apenas se cubre el rostro y los brazos con un lienzo de tul, aunque acota: “las abejas no pican si las tratas bien”.
—Yo solita saco mi miel y la llevo a vender a la tienda de Lupe y en mi casa, con eso me ayudo.

Cornelia es viuda desde hace una década, tiene cinco hijos y 27 nietos; todos viven en EU desde hace tiempo. Hasta hace cinco años, ella tenía un sexto hijo, el único que no se fue del pueblo, pero que falleció trágicamente hace apenas siete, cuando tenía 41 años.
—Mis hijos me mandan dinero, eso me ayuda. Estoy sola, pero me vienen a visitar. Estoy contenta con mi vida, aunque se me adelantó mi hijo. Es un dolor muy grande, pero ahí vamos —dice, serena.
Dice Cornelia que antes de la muerte de su hijo, quien se dedicaba a la apicultura, ella no se interesaba por el oficio. Sin embargo, a raíz del fallecimiento, se sintió con el deber de preservar la pasión que tenía el hijo por las abejas.
El accidente en el que murió su hijo se originó por brindar ayuda a un vecino para retirar un panal alojado en la copa de un árbol. Empero, la rama en que se apoyaba se rompió, cayendo de cabeza desde una altura de diez metros.
Después del sepelio del hombre, familiares de Cornelia estuvieron a punto de desquitar su enojo matando a los insectos y cerrando el negocio. Sin embargo, ella pidió que le dieran la oportunidad de continuar el legado familiar.
“Rapidito pensé: las abejas no tuvieron la culpa, entonces me las quedé todas. Siento que así estoy cuidando a mi hijo y ya me están dando muy buena miel.”
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