Autoría de 10:54 am #Opinión, Columna invitada • 4 Comments

Nos enseñaron a compartir la alegría pero no el dolor. El problema es que el silencio sale caro – Aimée Pacheco

El 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal. Aunque la fecha no ha sido oficialmente reconocida por la Organización Mundial de la Salud o por algún organismo global como la ONU, existen Organizaciones No Gubernamentales, colectivos, asociaciones y gobiernos locales que le han dado impulso a este día en diferentes partes del mundo, para visibilizar el duelo de los padres de esos bebés que murieron en alguna etapa del embarazo, durante el parto o al poco tiempo de haber nacido.

En algún lugar aprendimos que es mejor callar sobre problemas reproductivos y a postergar la noticia de un embarazo, “hasta que pase el riesgo”, “hasta que sea momento”, “hasta que sea seguro”, la mala noticia es que no hay nada seguro, no hay mejor momento y el riesgo es parte de la vida, y más grave aún, muchas parejas viven estas pérdidas en silencio, lo que hace más pesado y doloroso este proceso de duelo.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, 2.3 millones de recién nacidos murieron durante los primeros 28 días, durante 2022, y se estima que entre el 10 y 15% de embarazos reconocidos, terminan en aborto espontáneo en las primeras semanas de gestación. En México, tan solo entre 2018 y 2022,se presentaron 399,405 eventos abortivos que fueron atendidos en hospitales de la Secretaría de Salud, de los cuales, 74% ocurrieron con 13 o menos semanas de gestación, según un estudio de Salud Pública del BioMed Central, y en 2023, el INEGI registró 23,541 muertes fetales.

Durante la adolescencia nos muestran el camino de forma insistente para evitar un embarazo, pero nadie nos habla de cómo sí lograrlo una vez pasado el “riesgo”. Mucho ayudaría esa información pues hay datos que sugieren que la probabilidad que tiene una pareja saludable de concebir en un ciclo es del 25 al 30%, hablando de ciclos regulares.

A ello, se suman los desafíos que enfrentan las parejas que padecen algún problema de infertilidad. Hasta 2020 se registraba que al menos 1.5 millones de parejas en México se enfrentaba problemas de fertilidad, y otras proyecciones sugieren que esta cifra podría haberse incrementado hasta alcanzar cerca de 5 millones de parejas en dicha situación.

Las cifras, además de imprecisas, pueden resultar frías, pero contar una fecha que visibilice el duelo por el que atraviesan las mamás y los papás que han sufrido estas pérdidas, representa un abrazo para ellos.

Es un espacio para hablar del tema sin tabús, que les permita desprenderse del miedo, la culpa y la vergüenza, y que permite acompañarles desde la empatía, con la paciencia y el tiempo que requieran para procesarlo. Un espacio que les permite nombrar a ese ser que sí existió, aunque los demás no lo vean.

Acompañar este tipo de duelos no es sencillo, a veces parece que el mundo va más rápido de lo que la mamá o papá puede avanzar. Con tristeza he descubierto que el dolor parece ser medido en proporción al tiempo que vivió ese ser, parece que a mayor tiempo de gestación o incluso si llega a nacer, se le da más valor a esa pérdida, pero el mundo no entiende que el dolor es el dolor, y es proporcional al amor que despertó esa vida. No hay caso más grave que otro, cada pérdida es importante y hacerla visible también lo es.

Hoy entiendo que ninguna mujer tendría por qué pasar sola y en silencio por esta situación, y tan importante es la red de apoyo, como los protocolos en las instituciones de salud, para que estas situaciones se comuniquen con tacto y empatía, para que se cuide y contenta a la mujer o a la pareja de la mejor manera.

Recientemente se presentó en Querétaro una iniciativa impulsada por la diputada Leonor Mejía para que los hospitales activen el código mariposa y, entre otros aspectos, el personal médico maneje de forma empática el duelo de los padres y se implementen espacios separados para que las mamás que tuvieron una pérdida no convivan en el mismo lugar con mujeres que salen de partos exitosos.

Es un paso importante, pero falta más, por ejemplo, en los espacios laborales, donde se reconoce la licencia por maternidad pero no siempre por una pérdida gestacional, aunque la persona esté emocionalmente rota. Es decir, no hay ley que reconozca la necesidad de que la mamá o inclusive el papá en duelo, tome esos días de licencia.

Esta fecha nos invita a romper silencio, si es que se ha vivido una pérdida y darle espacio al duelo, o acompañar a los papás para reconocer y nombrar a los bebés que no nacieron o que tuvieron un paso fugaz por este mundo. Puedes sumarte a la ola de luz, encendiendo una vela a las 7 de la noche por los bebés perdidos y las familias en duelo.

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Last modified: 26 octubre, 2025
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