HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX
FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX
A sus 85 años, Gabino vende tacos con guisados que prepara a las 5 de la mañana para llegar a su puesto antes de las 9. El ex jugador de Gallos Blancos fue chef en Estados Unidos durante 18 años y regresó a Querétaro para acompañar a su esposa enferma de cáncer. Desde que le robaron su auto, gasta 240 pesos por día para transportar su carrito y materiales, en espera de que avance una recaudación que se inició a través de redes sociales para comprar otro coche usado.

La historia de Gabino Sánchez Muñoz, “El Pique”, volvió a viralizarse, como sucedió en 2023, por su empeño para obtener ingresos extras en su vejez. Su puesto es el último de una hilera sobre la calle San Marcos, antes de prolongación Zaragoza, y llama la atención porque él hace todo solo. Hace dos años le robaron su auto, “un Datsuncito destartalado”, que dejó debajo de un árbol del estacionamiento de la plaza comercial que tiene enfrente.

En 1972 jugó en el equipo Gallos Blancos, fue una temporada breve, antes de que lo reemplazaran refuerzos de México. En aquel momento no había un pago formal, “nos daban una propina nada más, pero no había sueldos que pagaran en efectivo. Nos pasaban una prima, un semanario, una gratificación, 300, 500, mil, depende de cómo le fuera a cada quien, aunque a todos nos pagaban”.
Entonces le gustaba el deporte. Lo mismo fue basquetbolista que boxeador, intentó “jugar carreras de carros” pero el futbol siempre fue su pasión. Después de quedar fuera de los Gallos Blancos intentó ganarse la vida con el comercio y aprendió a cocinar, sobre todo carnitas y barbacoa, ceviche y tamales, antes de irse a Estados Unidos donde se convirtió en chef.

Durante los 18 años que vivió en aquel país regresó tres veces “y en vacaciones” a ver a su esposa y a sus cuatro hijos. De ellos, “una es la que me ayuda, los otros tienen familia y realmente no vienen a verme. Ellos tendrán sus motivos”, platica. La última vez regresó para quedarse, cuando le descubrieron cáncer a su esposa, quien falleció por la enfermedad hace 15 años, cuando ella tenía 70.
Gabino platica su vida mientras con las manos, que presentan un ligero temblor, calienta las tortillas y le sirve a los clientes. Tiene ocho años con ese puesto para el que prepara entre 12 y 13 guisos por día, aunque las carnitas son su especialidad. Todos los días inicia a las 5 de la mañana, cuando prepara los guisos. Después un taxi lo lleva desde Santa Bárbara hasta su punto de trabajo, donde empieza a las 9 o 10 de la mañana y termina cerca de las 2 de la tarde.

En el negocio de la comida hay días buenos y malos. Los días buenos no tiene problema para pagar los 240 pesos que le cobra el taxi en llevarlo y regresarlo, los malos sí se le complica, pero también recibe la pensión del gobierno federal. Decidió quedarse en Querétaro porque “quiero morir en México, ya tengo 85 años, ya es justo, mi esposa ya falleció, ya que mis hijos me den el último adiós”.

Esta es la segunda ocasión en la que su historia se hace famosa y para él es una gran ayuda, porque “estaba vendiendo la cuarta parte de lo que estoy vendiendo ahorita. Hay mucho apoyo, mucha gente que viene a verme”. De manera adicional, Pilar del Carmen Redondo Zamora inició una recaudación para Don Gabino, a través de la plataforma GoFounMe México, con el objetivo de obtener apoyos económicos para mejorar la calidad de vida de “El Pique”.

Con 74 mil 867 pesos recaudados a través de https://www.gofundme.com/f/donacion-para-don-gabino , se pretende que Don Gabino pueda adquirir una báscula para su negocio y consiga comprarse una camioneta usada para transportar las cosas de su negocio. Además, recibió un bastón y una lona con el nombre de su negocio que lo identifica y le permite continuar con su trabajo.
Sin embargo, enfrenta problemas de salud, porque una caída le lastimó la espalda y preparar los guisos es físicamente exigente, así que se cansa mucho y sufre por la falta de oxígeno. Los domingos, el único día que descansa, los utiliza para comprar la mercancía que requiere. A pesar de eso, anhela seguir con su puesto y que la gente acuda a comprarle, porque esto lo mantiene ocupado y le da ilusión de seguir adelante.

“Me dedico a vender taquitos porque tengo que hacer algo para sobrevivir. Gracias a todas las personas que se han acercado a mí, que me han hecho publicidad, que se me acercan para ayudarme. Como ven, ya estoy dando, ahora sí, mis patadas de ahogado: me falta el oxígeno, la espalda no la aguanto, pero Dios me da fuerza para seguir adelante y dispondrá lo que quiera, estoy a su voluntad”.


