Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica (FCE), nuevamente se encuentra en una polémica. En esta ocasión la controversia detonó por sus declaraciones sobre la inclusión de libros de mujeres por «cuotas de género» en la colección 25 para el 25, conformada por 27 obras literarias. Dichas declaraciones han sido calificadas como «machistas» por un amplio sector de escritoras, académicas, periodistas, artistas y colectivas feministas. A continuación, efectuaremos un análisis de discurso de la intervención de Taibo II, a partir de la revisión de la versión estenográfica que se encuentra disponible en el portal del Gobierno de México1.
La intervención de Taibo II en la conferencia de prensa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el pasado 23 de octubre, ocurrió en un contexto oficial en su carácter de director general del FCE. En este espacio, su discurso tiene un carácter institucional, no personal, lo que implica una responsabilidad discursiva mayor: sus palabras no sólo lo representan a él como individuo, sino también a la política cultural del Estado mexicano.
El tema central de la pregunta2 es la inclusión de autoras mujeres en las bibliotecas comunitarias impulsadas por el FCE, y cómo se atenderá el déficit histórico de visibilidad de escritoras como Elena Garro en el canon literario y en la distribución institucional de libros.
Dividiremos el discurso de Taibo II en tres momentos:
a) Descripción técnica del funcionamiento de las bibliotecas comunitarias
Taibo II inicia su respuesta con un tono informativo, explicando que las bibliotecas comunitarias son proyectos participativos y que los títulos se eligen según las solicitudes locales. En este punto, se presenta como un gestor operativo, no como un curador de contenidos. Esta parte del discurso mantiene un tono neutral y administrativo, sin indicios de sesgo o prejuicio: «Las bibliotecas que estamos creando […] son los que se organizan en biblioteca comunitaria los que dicen: “Queremos estos libros”».
Este enfoque busca despersonalizar la decisión editorial y trasladar la responsabilidad de la selección al terreno comunitario, con el fin de evitar una lectura política o ideológica de la política de distribución.
b) Reconocimiento del protagonismo femenino en el fomento a la lectura
El segundo momento introduce un reconocimiento explícito de la presencia y liderazgo de las mujeres en el ecosistema lector: «Viene de que en estos momentos el 40 o el 50 por ciento de los clubes y salas de lectura están dirigidos por mujeres».
Aquí Taibo valida una realidad empírica: las mujeres ocupan un rol central en la mediación y gestión cultural. Su tono es de aceptación y apertura («hay una presión enorme para que lleguen libros»), aunque el uso del término «presión» podría leerse como una resistencia implícita o una incomodidad ante la demanda de mayor representación femenina. No obstante, esta expresión no implica por sí misma un sesgo machista, sino una manera coloquial de reconocer la insistencia social por una mayor equidad en la distribución literaria.
c) Fragmento problemático: la noción de «cuota» y el criterio de calidad
El momento más controvertido ocurre cuando Taibo utiliza un ejemplo extremo para ilustrar su rechazo a los criterios de «cuota de género»: «Porque si partimos de la cuota, dices: “Bueno, si sé de un poemario escrito por una mujer, horriblemente asqueroso de malo, ¿por el hecho de ser escrito por una mujer?, no merece que se lo mandemos a una sala comunitaria a mitad de Guanajuato…”».
Este fragmento es el núcleo del conflicto discursivo. Aunque su intención aparente es defender la calidad literaria como criterio principal, la forma en que se expresa incurre en una reproducción de sesgos de género y tono despectivo, por las siguientes razones:
- Lenguaje peyorativo y violento: La expresión «horriblemente asqueroso de malo» es desmesurada, coloquial y carente de tacto institucional. El uso del adjetivo «asqueroso» en relación con una obra escrita por una mujer puede leerse como un acto de descalificación simbólica de la producción literaria femenina, incluso si no era la intención del hablante.
- Estructura ejemplificadora asimétrica: Taibo II no utiliza un ejemplo paralelo con un autor varón. Al situar la posibilidad de una «obra mala» en un texto escrito por una mujer, sugiere —inadvertidamente— una asociación entre literatura femenina y baja calidad. Este sesgo implícito se conoce como androcentrismo discursivo, donde el hablante se coloca en un punto de referencia masculino desde el cual juzga la inclusión de mujeres como una concesión.
- Falsa dicotomía entre calidad y equidad: El argumento de Taibo II opone la calidad literaria a la inclusión por género, como si fueran mutuamente excluyentes. Este tipo de razonamiento se identifica como un sesgo meritocrático con sesgo de género, que invisibiliza las desigualdades estructurales en el acceso a la publicación y legitimación de autoras.
En términos bourdieuanos, podría decirse que Taibo II refuerza la lógica del campo literario dominado por habitus masculinos, donde el capital simbólico se distribuye según criterios establecidos históricamente por hombres, bajo el argumento de «la calidad».
El discurso de Taibo II, aunque no explícitamente misógino, sí manifiesta una posición conservadora frente a las políticas de equidad de género en la cultura3. Su insistencia en «no imponer cuotas» se alinea con discursos tradicionales del canon literario masculino que defienden una supuesta «neutralidad del arte» frente a lo político o social.
Desde una perspectiva de análisis crítico del discurso (Fairclough, N. Discourse and Change, 1992), su intervención revela tres niveles ideológicos:
- Nivel textual: uso de expresiones coloquiales, despectivas y jerárquicas («castigarlos con ese libro») que denotan una falta de sensibilidad institucional.
- Nivel discursivo: representación de las mujeres lectoras como un grupo que «presiona», no como parte activa del proceso cultural y con agencia.
- Nivel sociocultural: defensa implícita de un canon literario tradicional, donde las condiciones de producción femenina no se consideran dentro de la estructura de desigualdad histórica.
Como funcionario público, Taibo II incurre en un error discursivo relevante: mezclar su tono coloquial y su lenguaje personal con un contexto institucional y de política pública. El uso de expresiones como «mano» o «asqueroso de malo» pueden resultar pintorescas en una charla literaria, pero en una conferencia oficial vulneran los principios de respeto, inclusión y representación del servicio público cultural.
Además, al referirse de forma despectiva a una obra hipotética escrita por una mujer, sin equivalente masculino, refuerza un imaginario de exclusión simbólica en un espacio que debería promover la diversidad y la equidad de voces literarias. La anécdota que confirma lo anterior la dio de manera paradójica la propia presidenta al tratar de salvar la situación: «Pero vamos a hacer una colección para mujeres». En un esfuerzo infructuoso por reorientar el discurso, la conversación, hacia una postura institucional de reparación y acción afirmativa, Sheinbaum exhibe el margen de tolerancia del que ha gozado Paco Ignacio Taibo II tanto en el sexenio anterior como en el actual.
Si bien el presente análisis muestra que Paco Ignacio Taibo II no formula un discurso abiertamente misógino, sí reproduce sesgos de género de tipo estructural y discursivo, derivados de una visión androcéntrica del campo literario y una resistencia al lenguaje institucional con perspectiva de género.
En suma, la intervención de Taibo II nos revela:
- Un tono inadecuado para un funcionario federal en un acto oficial.
- Un uso poco reflexivo del lenguaje que minimiza el impacto de la exclusión de autoras y de otros sectores. De esta misma vena proviene la frase vulgar «se la metimos doblada», que esgrimió el 28 de noviembre del 2018 en la Feria del Libro de Guadalajara, cuando por un ardid legislativo fue nombrado director del FCE por Andrés Manuel López Obrador.
- Una tensión no resuelta entre la defensa de la calidad literaria y la necesidad de justicia simbólica y representativa en la cultura.
- La versión estenográfica se puede consultar aquí: https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-de-la-presidenta-claudia-sheinbaum-pardo-del-23-de-octubre-de-2025 ↩︎
- «PREGUNTA: Precisamente sobre esto que comentaba de las bibliotecas que se están haciendo para las mujeres y esto que nos comentaba de que el Boom es mayor, mayormente de los hombres, también hay una gran cantidad de mujeres que estuvieron en el Boom, pero que no fueron visibilizadas; por ejemplo, Elena Garro. ¿Se estaría considerando, o se está considerando, en estas bibliotecas que se están haciendo para las mujeres, tener más autoras como ella, que incluso su obra no está en distribución en una de las bibliotecas que lleva su nombre?» ↩︎
- De los 27 libros que conforman la colección 25 por el 25, siete son escritos por mujeres: Nona Fernández, Piedad Bonett, Alaíde Foppa (con prólogo de Elena Poniatowska), Adela Fernández, Guadalupe Dueñas, Amparo Dávila y Blanca Varela. ↩︎
AQUI PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “PONGAMOS QUE HABLO DE LIBROS”, LA COLUMNA DE CARLOS CAMPOS PARA LALUPA.MX
https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/carlos-campos-pongamos-que-hablo-de-libros


