HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX
Durante 13 años, Samara enfrentó quimioterapias, dos trasplantes de riñones que fallaron y varias hospitalizaciones. Sobrevive con una enfermedad renal terminal y lupus eritematoso, por los que a diario se conecta a una máquina de hemodiálisis durante diez horas. Si abandonara todos su tratamientos, viviría alrededor de una semana con síntomas muy dolorosos, así que por ella y por miles de personas que viven en condiciones similares, impulsa la iniciativa Trasciende, que legalizaría la eutanasia en México.

Sin esta ley se condena a quienes sufren a vivir en agonía, porque menos del tres por ciento de los pacientes en condiciones terminales tienen acceso a cuidados paliativos en México, “son cuidados desde el privilegio, porque es carísimo. No tenemos infraestructura, yo no quiero que me seden cinco días hasta qué muera. ¿Por qué voy a tener que hacer ese proceso? Solamente porque el Estado condena, no nos tiene piedad. Trasciende no es una iniciativa que promueva la muerte, promueve la dignidad hasta el último momento”, subraya en entrevista con LaLupa.mx.

La periodista, académica y activista Samara Martínez Montaño resalta que “nadie se quiere morir hasta que se está muriendo”, hasta que siente el dolor y el cansancio de saber que no hay más salida. En su caso, sus afecciones iniciaron a los 16 años, cuando cursaba su último año de preparatoria. Le informaron que tenía hipertensión y dislipidemia mixta, un trastorno multifactorial que eleva el riesgo cardiovascular. Le dijeron que eran enfermedades “incurables, pero súper tratables”.
A los 22 recibió otro diagnóstico de insuficiencia renal crónica provocado por la enfermedad glomeruloesclerosis focal hereditaria, un tipo de afección renal que se causa por diversas mutaciones genéticas y tres meses después, le informaron que enfrentaba lupus eritematoso sistémico.

Desde el principio hizo todo lo posible por evitar depender de una máquina y del 2018 al 2021 se sostuvo con tratamientos, quimioterapias y lo que fuera necesario para frenar el deterioro del riñón. A finales de 2021 necesitó un trasplante de riñón, que donó su hermano y su cuerpo lo rechazó en pocos días. Lo mismo sucedió con un segundo trasplante de donante cadavérico.
De sus 30 años de vida, lleva casi la mitad en lucha por su salud y “es muy cansado, sobre todo cuando ya hiciste todo lo posible médicamente hablando. Ya no hay más, ya me transplanté dos veces, perdí cuatro órganos, no tengo oportunidad de un tercer trasplante, dependo de la máquina que me mantiene viva a sabiendas que no es para siempre, al ser enfermedades degenerativas conforme avance el tiempo, se van deteriorando más”.

Samara es consciente de que la muerte es un hecho inminente, “tarde o temprano, la enfermedad me va a llevar”. Por eso, ahora busca que esa muerte sea lo más digna posible para ella y miles de personas que viven condiciones similares en un país donde no hay sistemas de cuidado gratuitos ni tratamientos paliativos.
El objetivo de la ley Trasciende es que no se obligue a seguir con vida a las personas con enfermedades incurables y sin remedio ni posibilidades de tener mejoras. “Que las personas puedan decidir hasta cuándo y hasta dónde, porque es cansado en todos los aspectos. Se necesita muchísima disciplina para tener una vida como la que yo tengo ahorita, pero a la muerte pues nada, nada le gana”.

Todos los días despierta conectada a su máquina después de 10 horas de tratamiento y sigue activa laboralmente en una universidad donde es catedrática e investigadora. Combina el trabajo con el activismo, así que durante su día destina algún tiempo a brindar conferencias sobre la iniciativa de ley y asiste a juntas, sin olvidar sus medicamentos e inyecciones, que no le ayudan a mejorar sino a mantenerse un poco estable.
La también periodista afirma que el dolor físico es parte de su día “y pesa mucho. Es raro ser la noticia. Yo siempre decía que mi trabajo como periodista es ver historias extraordinarias donde todos ven lo ordinario. Nunca pensé que yo iba a ser una historia extraordinaria. Ha sido extraño. Veo los comentarios de las personas a la iniciativa y sí hay algunos que sobrepasan los límites de la empatía, de la compasión, del amor, incluso”.

Le sorprende que en un país donde se asesina a personas todos los días, la gente rechace, con mensajes a veces hirientes, una iniciativa que le devuelve a quienes sufren la posibilidad de decidir sobre su propia muerte. “Son señalamientos que vienen desde la ignorancia y desde el gran privilegio de lo que es tener salud. Esperaría que el día que, desafortunadamente, les toque perder ese privilegio, enfermar y estar en una situación de agonía y de muerte, pues que se acuerden que hubo una loca que luchó por tener el derecho de decidir sobre su propio dolor”.
La legalización de la eutanasia, que impulsa a través de la Ley Trasciende, sumaría a México a otros países de América Latina que ya reconocieron este derecho, como Uruguay, Colombia y Ecuador, porque las enfermedades pueden convertirse en una agonía para quien la sufre y sus cuidadores, sobre todo si son sus familiares. Esta lucha, insiste, es por la dignidad humana.

Si la iniciativa pasa, dice, beneficiaría a todo México, cambiaría la estructura social, aspectos educativos y políticas públicas que se podrían implementar, además de que permitiría evolucionar la mente y la conciencia de toda la población, porque “debemos priorizar la dignidad humana, la autonomía humana, dejar de criminalizar la compasión y ser más solidarios. Al final de cuentas, si queremos un México más justo, es necesario empezar a luchar por los derechos de quienes sufren, no es posible que seamos ajenos al dolor”.
Este derecho a la muerte asistida y de manera digna le permitiría a la gente tomar decisiones, porque “vivir con dolor no es agradable, nadie se quiere morir hasta que se está muriendo y tener la decisión de tu propio cuerpo, sí te da muchísima más paz”.

Samara conoce de primera mano los testimonios de pacientes de Canadá, que ya realizan el proceso para practucar la eutanasia y “se sienten mucho más tranquilos de saber que si algo sucede, no van a terminar en un hospital agonizando, que pueden acceder a esa decisión de manera libre”.
Con 139 mil 859 firmas verificadas a favor de la ley Trasciende: Por una muerte Digna en la plataforma Change.org, Samara está segura de que el sesgo religioso es el que causa un rechazo a esta propuesta, porque hay pocos pronunciamientos cuando se asesina a alguien, pero en este caso, se dedican videos completos a criticar la eutanasia.

“Cuando se habla de enfrentarse a romper un paradigma y un dogma que tenemos aceptado, ahí tocas fibras sensibles, no puedes hablar por tu cuerpo. Viene desde el desconocimiento y hemos normalizado tanto la violencia en nuestro país que ya no nos causa gran impresión, pero como esto es algo que por vez primera se está abriendo para dialogar de la muerte en vida, es complicado. A todas las personas que están en contra las invito a cuidar personas en un hospital y eso cambiaría su perspectiva para no prolongar el sufrimiento”, agrega.
La activista subraya que esta no es una ley que promueva la muerte, sino que defiende la dignidad hasta el último respiro y “¿qué más empoderamiento puede tener una persona que tomar una última decisión como lo es la muerte? Así como todos necesitamos asistencia para nacer, porque necesitamos amor, compañía y abrazos, también en estos casos es necesario el sistema y que la medicina nos acompañe con amor en el último respiro de nuestra vida”.



Seguimos siendo país tercermundista, mientras ka Eutanasia no se legalice en México.
Apoyo su propuesta de eutanacia. Totalmente de acuerdo.
La eutanasia debe convertirse en un derecho. Adelante, Samara.