REPORTAJE Y EDICIÓN FOTOGRÁFICA: AMÍLCAR SALAZAR ANAYA / LALUPA.MX
Esta mujer experta en neurociencias suele escapar del plácido campus universitario para visitar barrios y comunidades queretanas, a fin de explicar a niños, jóvenes y adultos vulnerables cómo funciona el cerebro humano. Empleando palabras llanas y mostrando maquetas artesanales, capta la atención del auditorio en turno para explicar, por ejemplo, cómo el sistema nervioso y cerebral produce pensamientos, emociones y comportamientos…
Es la doctora Jesús Adriana Sánchez Martínez, quien desde hace poco más de tres años dirige el Museo del Cerebro Itinerante e Interactivo, un proyecto que lleva a cabo junto con un igual de entusiasta grupo de psicólogas y psicólogos en formación del campus San Juan del Río de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Con una maestría en Psicología Social y un doctorado en Gestión Tecnológica e Innovación, Sánchez Martínez no se conforma con ejercer su plaza de tiempo completo en aulas y cubículos académicos, de modo que dedica buena parte de su tiempo libre a llevar su conocimiento a grupos de niños, jóvenes y adultos de la entidad.
“Considero tener un espíritu fuerte de trabajo en la comunidad, además de que pienso que salir a las calles para llevar cultura es una obligación de los académicos de la UAQ: devolver a la sociedad parte de lo que ha hecho por nosotros”, comenta Sánchez Martínez en entrevista con LaLupa.mx.

—¿Qué puede decirse sobre mecanismos cerebrales a niños de seis u ocho años?
—Bueno, curiosamente, el tema interesa bastante a los pequeñitos: ellos aprenden jugando y tocando. Entonces, por ejemplo, hacemos una figurita de cerebro con masa de sal, muy blandita, para decirles que el cerebro es así de delicado, y que si bien desarrolla muchas funciones y tiene sus formas de protección, el cráneo puede romperse con un golpe. Por ello deben usar el cinturón de seguridad en los autos o evitar saltar muy fuerte en el famoso Brincolín, que tantos accidentes causa. También les hablamos de la importancia de la hidratación, de beber agua limpia, de no exagerar la ingesta de azúcar o sobre el uso desmedido o desinformado de pantallas digitales y el impacto que, según investigaciones, están afectando al cerebro. La intención general es imbuir el auto cuidado y el control de emociones. El cerebro también se alimenta de palabras, así que estas te pueden poner contento, apto para aprender, o lastimarte y afectar tu salud emocional y física. Entonces, debemos de cuidar cómo hablamos a nuestros compañeritos, ya que las palabras bien o mal usadas tienen sentido y alimentan al cerebro.

—¿Cómo se escala el proyecto hacia chicos ya más maduritos y que sufren problemas serios?
—Obviamente, la información será progresiva: cuando estamos ante grupos de primaria alta, secundaria o bachillerato, el programa se adapta no sólo a la edad, sino a la problemática social del barrio o la comunidad. Así, pues, con ciertos grupos juveniles, podemos hablar de alcoholismo o drogadicción, de prevención del suicidio, sobre el estrés y el uso de la violencia, como también de la tanta información negativa o insulsa que llega a sus equipos celulares… que definitivamente ya se metieron hasta en la crianza de los hijos. Podemos hablar de qué le pasa a tu cerebro cuando duermes, cuando bailas, cuando tienes una relación amorosa o sufres una ruptura. En el caso de las drogas —digamos el cristal, los inhalantes o el alcohol—, buscamos hacerles ver que, dentro del cerebro, las drogas se hacen pasar por los neuroquímicos que producimos naturalmente con el fin de brindarnos una sensación de placer, pero que en realidad apenas servirán como estimulantes adictivos. Y si bien el cerebro podrá querer repetir la experiencia, esta devengará en alteraciones del sistema cerebral, provocando que este se desregule y ya no puedas ejercer bien la capacidad de aprendizaje, por ejemplo. Cuando tratamos con chicas embarazadas, a veces madres solteras que están en problemas de drogadicción, hablamos sobre el largo periodo que se toman dichas substancias para salir del cuerpo, de modo que la intoxicación se transmite a los bebés. Hay temas que una pudiera dar por bien sabidos, pero te sorprendería ver cuántas jóvenes madres, así como sus parejas, ignoran esto y tantas otras cosas.

—¿Cómo afecta al cerebro la violencia intrafamiliar o la llamada sobrevivencia callejera o digital?
—Bueno, una persona que sufre violencia de manera constante suele vivir con mucho estrés, con el temor de que alguien, hasta su propio padre o pareja, te lastime física o emocionalmente. Entonces, el sistema cerebral es directamente afectado y detona una respuesta, ya sea de lucha o de huída. Nuestro sistema tiene respuestas básicas, se pone en alerta ante el peligro y te envía alternativas: aguantar el siguiente golpe, defenderte, hacerte el muerto o implorar al agresor, entre otras. El cuerpo te envía sangre a la cabeza o brazos para darte fuerza y que puedas defenderte; pero esa sangre suele restarse al sistema intestinal u otro. Entonces, hay muchas alteraciones del cuerpo ante las muchas situaciones de violencia. No pocas te estarán afectando de por vida o al llegar a la vejez. Y, justamente, ya que hablamos de adultos mayores, también a ellas y ellos les resulta importante saber de los mecanismos que utiliza el cerebro para enfrentar el envejecimiento, el deterioro y la pérdida de funciones; qué hacer para retardar la aparición de la demencia senil o del Alzheimer; cómo adquirir mejores hábitos alimenticios, hacer ejercicio, mantenerse activos y, sí, también enfrentar la posible violencia o abusos que el adulto pueda sufrir en la calle o en el hogar.

—¿Qué impacto ha tenido el proyecto entre estudiantes del campus SJR de la UAQ?
—Sin duda que positivo, con gran entusiasmo y participación, lo cual agradezco mucho. Hay qué ver que el alma del proyecto son las psicólogas y psicólogos en formación que me acompañan; los cuales así aprenden a trabajar con distintas poblaciones y problemáticas; algo que les sirve para definir sus futuras especialidades. Además, todos llevan a las presentaciones el orgullo de formar parte de la UAQ, así que curiosamente también hacemos buena promoción para nuestra querida alma mater. No pocos chicos y chicas con quienes nos encontramos en charlas nos hacen preguntas sobre carreras o inscripciones.

—¿Recibe este museo algún apoyo económico para llevar a cabo sus actividades?
—No, ninguno. Todos los gastos de material didáctico, transporte o de viáticos, salen de nuestro bolsillo. Entre todos nos cooperamos para la gasolina o cada viajero paga su camión y comidas. Si bien no cobramos honorarios por visitar escuelas, espacios comunitarios y hasta empresas, solo pedimos a cambio que se nos otorguen constancias de participación, ya que estas sí les sirven al estudiantado. Otra petición que hacemos, al recibir invitaciones, es que nos permitan evaluarlas y que al momento de aceptarlas estas se adapten a nuestra agenda. Hay qué ver que no podemos sujetarnos a fechas rígidas, ya que esto es una actividad que hacemos en los tiempos que nos deja libre el calendario escolar de la Facultad de Psicología. Finalmente, aunque seamos itinerantes y muy inquietos, somos universitarios con obligaciones ante la UAQ.




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