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Gerardo Proal, el artista y el gestor

ENTREVISTA: RENEE MICHEL / LALUPA.MX

LAS IMÁGENES QUE ILUSTRAN ESTA ENTREVISTA SON DE LA AUTORÍA DE GERARDO PROAL

Sin sospechar la amplitud de planos que encontraría, Gerardo Proal emprendió su camino profesional a la breve edad de 12 años. De perfil polifacético y con un espíritu visionario se desempeñó como empresario, líder estudiantil, funcionario público, gestor cultural y fotógrafo. En todos, ejemplo de pasión y resolución.

Fue el arte, sin embargo, la materia que le inspiró a entregar experiencia e innovación; creatividad y conocimiento; habilidad y originalidad. Su formalidad y desempeño han sido tales que en 2024 el municipio de Querétaro lo galardonó con la presea “Germán Patiño Díaz”, reconocimiento otorgado a personas destacadas por su labor en favor del desarrollo artístico y cultural de la ciudad.

Gerardo Proal me concede esta entrevista en el restaurante de un conocido hotel de la ciudad. Llega puntual. Antes de ocupar la mesa, dos meseros parecen competir para atenderle; ambos le llaman licenciado y aunque le hablan de usted, le saludan con familiaridad.

Foto: Ricardo Arellano

Con espíritu amable pide un café americano y me permite iniciar la conversación. Le pregunto sobre su formación profesional. Él analiza y se dirige a su infancia. Comienza diciendo que con sólo 12 años se incorporó al negocio familiar: una exitosa tienda departamental que acumuló 135 años de historia en Querétaro. Ahí empezó con actividades básicas como etiquetar precios o envolver regalos. Creció poco a poco.

Pese a su naturaleza de empresa familiar, Gerardo relata que ascendió sin saltarse escalones. Su compromiso cristalizó. Al frente del negocio estuvo 20 años.

En este camino —aun con su afinidad por la arquitectura y la fotografía— decidió estudiar administración de empresas.

“Tomé, por esa circunstancia, la decisión de estudiar administración de empresas cuando, en realidad, tenía inquietud y me gustaba el tema de la arquitectura. Ya había hecho inclusive mi examen fuera de Querétaro para estudiar arquitectura, pero platicando con mis padres decidí quedarme en la carrera de administración y me seguí por ahí”.

Foto: Ricardo Arellano

Si bien su compromiso con la empresa le impulsó a definir el enfoque de sus estudios universitarios, desde joven aprovechó las oportunidades de su entorno para satisfacer intereses alternos, entre ellos, el servicio público.

En su época estudiantil Gerardo Proal se probó como líder. Junto a sus compañeros de la sociedad de alumnos formó la primera federación de estudiantes en el Tecnológico de Monterrey. Con sólo 21 años aceptó participar como consejero en la Cámara de Comercio en Querétaro. Para los 25 fue su presidente y dos años después fue diputado local.

En el servicio público, Proal acumuló 10 años de experiencia. Más adelante, en un vaivén que le dotó de habilidades eclécticas para ambos lados, volvió al sector privado al ingresar a la desarrolladora DRT.

Fue ahí donde encontró la oportunidad de involucrarse a fondo en el arte y en la gestión. Por un lado, pudo potenciar su talento detrás de la cámara y por el otro, promovió la divulgación, pero también la comercialización de destacados artistas queretanos.

“A mí me gustaba ver, pero no tenía el más mínimo acercamiento con este tema y resulta que a la hora de escucharlos hablar me doy cuenta de que en Querétaro y en México hay galerías para exponer, pero no para vender”.

“Hay un círculo que no está completo en el país y es que el gobierno en sus diversas instancias te ayuda y te apoya para poder crear, hacer, producir, inclusive exponer y mover, pero no te apoya para vender. Entonces queda incompleto ese ciclo”.

La responsabilidad, sin embargo, no es exclusiva del gobierno, advierte. Para cerrar el círculo resulta esencial la participación de diversas esferas, entre ellas, la social y la familiar.

Él, desde su ángulo de actuación, participó en la creación de la Galería DRT. La idea era “establecer una galería de arte que fuera un espacio privado para vender obra y que simplemente dejara para apoyar los gastos de operación”.

Con ello, simultáneamente, se daría cumplimiento al objetivo de concretar actividades de responsabilidad social, intención permanente y consabida del Grupo DRT en Querétaro. La Galería DRT estuvo establecida inicialmente en Avenida Río de la Loza, en el Centro Histórico y más tarde en el Andador 5 de Mayo donde tuvo una vida activa de 10 años.

Foto: Ricardo Arellano

Al tiempo que levanta la voz y entona emoción Gerardo Proal habla sobre los resultados de esta experiencia. Destaca el fortalecimiento de la comunidad artística local. La interacción entre artistas consagrados y emergentes. El montaje de un importante número de exposiciones. Así como su intervención para promover la profesionalización permanente de artistas a través del financiamiento de estancias nacionales e internacionales.

Resalta que hasta hoy la Fundación DRT, proyecto alternativo a la Galería, opera con éxito en beneficio de la dinámica cultural local.

Cerrar el círculo entre la creación y la venta de la obra no es una tarea sencilla, confiesa. Exige la convergencia de habilidades tan inusuales como precisas.

“Con la fotografía también me di cuenta de que el arte es un instrumento. En ese momento no lo veía como un propósito final, sino como un medio de expresión, de representación de la historia. Nos ayuda a saber cómo somos en una época. Hablo de humanidad en general. Cómo vivimos en una sociedad.

“El arte es uno de los canales de expresión más abiertos. A veces puede ser controversial, como todo, pero es un medio que puede ayudar a tareas que tienen que ver con la comunidad”.

Entre las actividades que la Galería y la Fundación DRT promovieron fue la celebración de subastas en beneficio de instituciones de asistencia privada y la creación de libros de artista cuyo objetivo fue dar a conocer la obra de un buen número de creadores entre públicos especializados.

Foto: Ricardo Arellano

“Las subastas son una herramienta importante que debería realizarse más. También impulsar la expresión artística en las escuelas. Cosas muy sencillas se pueden hacer, involucrar a empresas con espacios. Debe haber coincidencias entre empresas e instituciones para abrir espacios de expresión y unir el talento”.

En paralelo, indica que su experiencia como fotógrafo le ha permitido conocer el arte desde la experiencia del artista. La sensibilidad inherente a esta actividad le ha hecho saber que hay lugar para la pluralidad y que, independientemente del debate que suele despertar, son nobles los caminos de la estética.

“Hay otro tema de fondo que es fundamental y que siempre he tratado de fomentar como promotor y fotógrafo. El arte es un instrumento para fortalecer vínculos y convivencia en una comunidad. Te ayuda a ser respetuoso, tolerante, comprende que los demás tienen un punto de vista diferente y te enseña que los puntos de vista pueden ser contrarios o que las ideas son múltiples. Hay nobleza en el camino de la estética”

Al mismo tiempo, Gerardo Proal, apela al esfuerzo de hacer del arte una actividad omnipresente, especialmente entre la población joven. E invita, sobre ese propósito, a las y los espectadores a perderle el miedo a la obra, a ser honesto y declarar si realmente tal o cual expresión despierta una emoción. Sólo a partir de ahí de donde se gestará el interés y el compromiso.

Foto: Ricardo Arellano

“Cuando uno empieza a exponer, justamente eso aprendí como fotógrafo, te expones, te arriesgas. Yo como administrador era totalmente reservado, penoso, pero involucrarme con el arte me motivó a abrir un poco más la mente, alma y cuerpo. Comencé a hacer cosas que antes no me atrevía a hacer”.

Aprovecho que habla de su experiencia como fotógrafo y le pregunto sobre el origen de su carrera detrás de la cámara. Recuerda que comenzó como un “bohemio de la fotografía” a capturar instantes comunes con reflejos de amabilidad. Resuelto, Gerardo sugiere que el objetivo es provocar despertares positivos; y sobre el mismo camino, apartar las complejidades del día a día. En ese cálido espacio es donde su creatividad germina.

“El arte tiene un efecto multiplicador. Para mí es un medio para ser más amable. Yo diría aportar algo. En mi fotografía no me meto en temas difíciles. La realidad de la vida es compleja, te enfrentas a situaciones complejas. Aun en temas tan fuertes como la naturaleza, la vida y la muerte.

“También me ha quedado muy claro que cada espectador tiene su historia. Tu interpretación siempre va a ser muy diferente a la mía. Porque somos seres individuales y eso enriquece”, acota.

Su relación con la lente comenzó en la adolescencia pues su padre era aficionado y tenía un cuarto oscuro en casa. Ahí aprendió a observar y a revelar en blanco y negro con los negativos de la clásica Rollei de su padre. Las fotografías, recuerda, eran “básicas pero interesantes”.

Adicionalmente, lo que aprendía en casa, lo reafirmaba en la escuela. En su etapa de preparatoria, Gerardo tuvo la oportunidad de tomar clases con el fotógrafo y acuarelista Agustín Rivera, de quien resalta sus cualidades artísticas y describe “todo un personaje en la entidad”.

Con las huellas de sus primeras influencias y el gusto por la cámara latiendo en el corazón, Gerardo realizó su primera exposición en el 2008. Confiesa que la idea nació de un amigo con quien compartía sus fotos sin mayor objetivo que el de nutrir una amistad; pero que, sin buscarlo, le impulsó a exponer en su local. Las fotos merecían el montaje. Las ventas lo confirmarían.

“Monté 40 fotografías de chiles, alas, azúcar y manteca no había un discurso ni nada, solo eran las fotografías que a mí me gustaban. El día de hoy ni la mitad ni las hubiera expuesto como suele ocurrir en este tema de la evolución, pero bueno las expuse y la llame —a la exposición— para curarme en salud Instantes de una afición”.

El resultado fue revelador. Gerardo vendió 15 piezas. La cifra de venta, aclara, la contabilizó sobre aquellos compradores desconocidos, es decir, sin contar a familiares y amigos; lo que le permitió conocer el éxito de la exposición entre un aforo auténtico de espectadores.

La experiencia probó que el arte también tiene su ángulo productivo y la comunión entre el artista y el gestor se fortaleció. El tiempo y el empeño se encargaron de nutrirla, entre otras cosas, con sus cualidades como administrador y funcionario público. Actualmente, como mieles de esta labor resalta la convivencia con artistas y la capacidad de reconocer el valor añadido que adquiere una obra al saberla apreciar.

“A la hora que me siento con el artista es un sabor diferente, es como el café, el té el buen postre, no sé, las cosas te saben un poco distintas. Eso creo que hace falta. Enseñar a la gente a captar ese sabor diferente del arte. A generar vínculos y reconocer la importancia de tener una reproducción o una obra original”.

Foto: Ricardo Arellano

Además, Proal asegura que a fuerza de estos vínculos entre la comunidad artística y el grupo DRT logró entrelazarse un breve tejido social. Las semillas que algún día fueron sembradas, hoy son sólidos robles que sostienen creatividad, comunidad, historia e identidad en Querétaro.

En cuanto a su trayectoria como fotógrafo, sostiene que detrás de su cámara, cada tiro le da una oportunidad de ilustrar historias. Tal como lo vivió con la exposición “Belleza entre espinas” donde una mujer lo contactó para agradecerle, al ser una de sus piezas, el fondo de una anhelada declaración de amor.

Gerardo Proal de la Isla tiene en su trayectoria más de 40 exposiciones, entre ellas: “Instantes de una afición”, “Belleza entre espinas”, “Vivir así” y “Sobrevivir”. Participó en la revista cultural española, Antares y publicó los libros Belleza entre espinas, Miradas angelicales y Notas de amor, entre otros.

Con su cámara ha dado la vuelta al mundo y sus imágenes han merecido connotados premios como el Lince de Oro (UVM); La Diosa de Luz y el Hombre Cósmico (revista Fotozoom Digital).

“¿Qué he hecho?” Pregunta. “No he hecho otra cosa más que lo que te platico. Intentar, de alguna manera sumar con terceros y aportar granitos de arena”.

“Cuando el objeto tiene un un valor adicional al valor artístico, cobra una dimensión diferente, no sólo la del valor económico”, afirma.

Le pregunto sobre sus fotógrafos favoritos y refiere de inmediato a Juan Rulfo a quien encontró fascinante tras leer sus “Cartas a Clara” y relacionar dicha narrativa con su par fotográfico y me viene a la mente la frase de este célebre escritor: “¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido”.

La conversación concluye y Gerardo me impide pagar el café. Le pido unas fotos y amable, acepta. Se le nota un tanto desorientado al estar del lado no acostumbrado de la lente. No obstante, las fotos fluyen. Proal no reclama a pesar de que la entrevista nos llevó casi una hora y media y no la media hora que le solicité en un principio. Contrario a ello, sonríe y nos despedimos.

A mí me alcanza el jefe de meseros y me pregunta sobre LaLupa.mx. “Estaré pendiente de la publicación. El licenciado Proal es una gran persona. Lo conocemos de hace muchos años y aquí en el restaurante es muy querido”.

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Last modified: 30 noviembre, 2025
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