Autoría de 12:59 pm #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito • 3 Comments

¿Yo, corrupto? – Víctor Roura

Durante la penúltima semana de noviembre de 2025, el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado por fin, ¡bendito sea el Señor!, me liberó de cualquier agravio, sin yo saberlo, contra la nación.

      En lenguaje obviamente burocrático me escriben: “Con fundamento en los artículos 74, fracción XXI del Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones del Reglamento Interior de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, y se expide el Reglamento Interior de Transparencia para el Pueblo, publicado en el Diario Oficial de la Federación el veintiuno de marzo de dos mil veinticinco; en auxilio del Mtro. Miguel Ramírez Pérez, Titular del Área de Denuncias e Investigaciones de Órgano Interno del Control en el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, me permito notificarle el oficio número SABG/OICHKA/ADI/2663/2025, mismo que se le adjunta en archivo electrónico PDF”, el cual, en sus partes sustantivas, dice, con fecha 18 de noviembre de 2025, lo siguiente: “Me refiero a la denuncia recibida en esta Área de Denuncias e Investigaciones del órgano Interno de Control del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, mediante la cual se hizo del conocimiento de esta Autoridad Investigadora, hechos presuntamente constitutivos de faltas administrativas atribuibles a Usted”.

      Con lo que me percato que había sido, yo, denunciado de funcionario corrupto en el lapso de menos de un año en que fungí, bajo otro nombre en mi cargo (porque era inexistente la zona periodística donde yo trabajaba), director de la sección cultural. Fui denunciado por alguien, o por algunos (sólo el Indep, organismo descentralizado de la Administración Pública Federal, lo sabe porque se ha guardado el o los nombres para protegerlos de vaya uno a saber qué luego de tal felonía suya, arranque de ira seguramente o ausencia visible de conocimiento del medio informativo) como corrupto por el hecho de no formar parte de sus filas o, sencillamente, por no haberme acomodado a su núbil ideología consistente en sacarle todo el jugo posible al erario mexicano laborando en una supuesta agencia noticiosa denominada Notimex que López Obrador simplemente prefirió eliminar en lugar de enfrentarse con un Monstruo más de la Corrupción beneficiando, tal como así ocurrió, a los sindicalistas —que se oponían a perder sus privilegios— dañando inmisericordemente a los trabajadores de esa agencia —ya nuevos o anclados varios años atrás en aquella desaparecida redacción— que confiaban, inútilmente, en que de veras los cambios iban en serio: lo único en serio, como siempre en la política, fue el dinero repartido angelicalmente donde el ganador indiscutible fue el asesor de los huelguistas, el padre de las muchachas Alcalde, protegidas por López Obrador en su sexenio (habría que mirar el alborozo de los nuevos millonarios sindicalistas cuando inauguraron su agencia informativa —¡hasta para eso les dio el suculento dinero que generosamente les otorgó el gobierno morenista, mínimo para cada uno de los sindicalistas triunfadores dos millones de pesos!— con un Arturo Alcalde, que nada de periodista tiene, en primera fila)… mientras, a los que despidió de manera injustamente arbitraria y dejó sin empleo, les otorgó una miseria que, por lo menos a mí, apenas rebasó los doscientos mil pesos, con burla además por parte del encargado de las liquidaciones en la Secretaría del Trabajo: José Luis Sánchez Cuazitl, director jurídico de aquella Secretaría, comisionado por Marath Baruch Bolaños López quien a su vez acataba disposiciones de Luisa María Alcalde Luján, entonces ya poderosa secretaria de Gobernación. Sánchez Cuazitl se orgullecía, según expresaba, de su tolerancia administrativa repartiendo, según sus comentarios, lo justo a esa pobre gente sindicalista, pero calló sin decir una sola palabra cuando le dije que esa “pobre” gente, a diferencia de nosotros, recibía millones de pesos en efectivo del sindicato de telefonistas.

      (Creo entender, entonces, por qué el SAT se negó a devolverme, pretextando ciento un argumentos de papeleos sobre mi estancia y lo que hacía en verdad en Notimex, los más de veinte mil pesos de un dinero que era mío y no recibí nunca del Servicio de Administración Tributaria al no saber —el SAT— cómo seguirle dando vueltas al asunto, un asunto que, si ellos —los del SAT— hubieran querido, habrían solucionado con santa lozanía.

      ¡Y todavía esta gente tuvo el descaro, o la canallada, de denunciarme como funcionario corrupto!

      Ahora entiendo la visita de alguna gente del Indep a mi departamento, yo pensando que sólo se sometían a su arduo trabajo: ¡estaban averiguando dónde y cómo vivía yo porque presuntamente me había agenciado dinero del erario federal! Claro, el castigo ahí estaba, aunque el Indep en realidad no precisó, jamás, cuál era la falta administrativa que yo cometía; es decir, no me señalaban directamente de quedarme con alguna cantidad de dinero.

      Y los verdaderos corruptos caminan por la calle sin problema ninguno.

      El comunicado que recibí antes de finalizado el mes de noviembre pasado, luego de una jerga necesaria suya burocrática, terminaba de esta manera, exculpándome, ¡gracias al Patrón Divino!, de cualquier tropelía: “… me permito hacer de su conocimiento que esta autoridad investigadora no advirtió datos, indicios o elementos de prueba que permitieran atribuirle una presunta conducta irregular”.

      Es decir, debo sentirme aliviado.

      Mas lo único que han conseguido estas autoridades es levantarme un indescifrado encono: ahora resulta que, tras toda mi vida de no recibir dinero ni de pedirlo ni de transarlo, ¡fui injuriado, a mis espaldas, de corrupto!

      Sí, entiendo que existía una supuesta comisión  de un acto corrupto; pero no fui acusado literalmente de serlo, lo cual, comprendo, debo de agradecer por tan gentil consideración.

      Ya había sido insultado, injuriado, amenazado (un mensaje decía que mejor me hubiera muerto antes de entrar a Notimex), mil veces desacreditado, bochornosamente agredido, zarandeado injustamente en las redes sociales, ¡pero jamás creí ser víctima de una demanda por corrupción, yo, que he estado en contra de ella toda mi vida!

      Y, sí, agradezco el haberme quedado hasta lo último en Notimex porque, de esta forma, he sentido en carne viva la politiquería obradorista (decir una cosa y hacer otra muy distinta, donde teoría y práctica no se conjuntan), que nadie ha venido a contarme, ni tampoco ha logrado encolerizarme como a tantos chupadores del sistema ha enmuinado porque a ellos sí que les sustrajo, López Obrador, el dinero que antes tenían a manos llenas… corruptos evidentes sin haber recibido una sola demanda por sus ostensibles corruptelas.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX

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Last modified: 1 diciembre, 2025
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