Autoría de 11:25 am #Opinión, Columna invitada

Kilómetros de desamparo: sobre “Canción de carretera”, de Carlos Campos – Mariana Perusquía

Conozco a Carlos Campos desde que estudiábamos en la Universidad Autónoma de Querétaro. Ya entonces era músico y un apasionado de las letras. Justo la música es uno de los elementos que destacan en Canción de carretera, una novela ciertamente local —pues se desarrolla en el estado de Querétaro—, pero con una temática de fondo que desafortunadamente permea nuestra sociedad: la violencia.

Mientras escribo esta breve reseña, escucho el playlist de la novela que el autor compartió al final de su texto. Algunas de las canciones me vinieron a la mente mientras descubría lo que vivió Sol, la protagonista del libro, junto con Erick.

La narrativa fluye y alterna sus capítulos entre días fechados, acontecimientos y cuestionamientos. Me resultó curiosa la manera en que subtitula cada capítulo: una fecha, una pregunta, una pauta narrativa que el lector va desenredando conforme avanza en la lectura. Antes de ello, la esquela que anuncia la muerte de Erick, coprotagonista de la historia.

Canción de carretera, de Carlos Campos, se presentará en el Museo de Arte de Querétaro maQro el próximo 15 de enero, a las 19 horas

Tenemos un narrador en primera persona: Sol. Una joven dedicada a sus estudios que cuenta su historia desde el momento en que conoce a Erick en la biblioteca de la universidad. Sin embargo, vamos dando saltos temporales para descubrir que, de pronto, ha pasado el tiempo y que hay “algo” que le sucedió. En los capítulos subsecuentes, la primera persona desaparece para dar paso a un narrador omnisciente que describe el “presente” de Sol, quien está por ir a Tequisquiapan, Pueblo Mágico del estado de Querétaro, donde habrá una fiesta a la que es invitada. Subir al automóvil y tomar el volante parece ser un acto retador para ella; aunque no se detalla el porqué, se intuye que algo pasó, un elemento fundamental en esta historia que se desarrolla durante un breve trayecto carretero que bien podría leerse como una analogía del paso del tiempo, del recuerdo, de un playlist que en sí mismo es otro personaje de la novela:

Los autos parecen moverse en sintonía con la canción, en una coreografía involuntaria. A Sol le gusta ver girar el mundo a través de su propio soundtrack (p. 30).

Este recorrido por las calles de Querétaro también es un viaje interior. Surge entonces Ezra, un personaje que aparece en la mente de Sol mientras maneja y que, más adelante, el lector descubrirá como un desdoblamiento que quizá alude al poeta y músico estadounidense Ezra Pound. Entiendo que hay múltiples analogías entre la novela y la propia vida del autor, implícitas en frases como la de la página 37: “Los libros son mi vida, pero la música es mi catalizador”. ¿Quién no ha sido removido desde las entrañas por una canción? La música es clave en la vida del autor y en la vida de Sol, quien avanza por la carretera estatal hacia Tequisquiapan en un trance entre el pasado y el presente, acompañada de un desconocido al que decide llevar de aventón y que terminará siendo su copiloto en este viaje breve pero revelador.

En los capítulos fechados encontramos el trasfondo de la novela: la violencia, primero psicológica, luego física…

¡Ay, Erick! Si en algún momento me mentiste, ten la seguridad de que se trató de un fingimiento tan sagaz como seductor, de esos pequeños engaños que me excitaron y enamoraron de un solo golpe (p. 41).

El autor describe cómo Sol se va perdiendo en sí misma para convertirse en “la mujer de Erick”; se aleja de sus amigos y luego de sí misma, convencida de que necesita “salvar” a un hombre que no quiere —ni busca— ser salvado.

Llego a este punto y suena “One Headlight” de The Wallflowers… además de estar inmersa en la historia de Sol, recuerdo mis días estudiando Ingeniería en Electrónica en el Tecnológico Regional de Querétaro, con mi amiga Sak NikTé, el quemacocos abierto y yo cantando esa canción mientras recorríamos las calles de mi ciudad…

A primera vista, aparenta ser tierno, encantador, carismático. Aunque Óscar era mucho más guapo, Erick posee un atractivo magnético y un porte seguro que me atrajo desde que nos conocimos en la biblioteca; bueno, desde que yo lo veía en la universidad (p. 58).

Pero conforme avanza la historia, Sol se vuelve sumisa, dispuesta, expuesta, incapaz de ver que la violencia ya la ha sobrepasado.

Estoy atrofiada.
Prefiero quedarme callada.
Guardo silencio.
Mi novio está muy estresado (p. 66).

El tránsito por carretera es también un pasaje mental en la vida de Sol: mientras avanza hacia su destino, los recuerdos aparecen como señaléticas en el camino, junto con las canciones que —estoy segura— han marcado la vida de Carlos Campos. La lectura es fluida; avanzas con rapidez mientras te trasladas en tiempo y espacio. El trasfondo oscuro de la violencia ejercida por Erick y por el entorno que lo rodea se revela poco a poco.

Resulta abrumador el cambio abrupto de Sol al pasar de la idealización al enfrentamiento con su abusador; pero más oscuro es comprobar cómo la realidad supera la ficción cuando, en la novela, la madre de Erick justifica la violencia: “Seguramente hiciste algo que lo hizo enojar mucho; allá tú si te dejas”.

Las conversaciones entre Sol y Ezra plantean cuestionamientos profundos, y llega un giro abrupto que no revelaré para que el lector descubra por sí mismo este texto, que considero ideal para lectores a partir de la adolescencia.

Debo admitir que hubo fragmentos que me hicieron sentir las escenas demasiado reales…

Por la manera en la que comenzó a tirar de mis cabellos, sentía que se me iba a desprender la piel del rostro en cualquier momento… Aunque me miré de frente, me costó trabajo reconocerme (p. 109).

Ahora suena “Sweet Dreams (Keep Your Head Up)” mientras recuerdo mi lectura de Campos…

Some of them want to be abused…
Quizás él es mi cadalso, pero yo soy su única esperanza” (p. 111).

Sol enfrenta su destino: descubrirse abusada e intentar romper con ello en un diálogo interno literariamente elaborado, en dualidad con una realidad que duele.

Eso es lo que los abusadores hacen, Sol… (p. 126).
Eran momentos como drogas, sólo paliativos en medio del infierno (p. 127).

Termino este texto sobre Canción de carretera mientras suena “Like a Stone” de Audioslave, una de mis canciones favoritas del playlist. Si amas la música, disfrutarás este viaje en un pequeño tramo carretero donde ocurre una historia de amor, terror, olvido, miseria, narcisismo, violencia y muerte.

Cuando la realidad no coincide con nuestras expectativas, nos hace ser crueles (p. 118).

Cuando conocí a Carlos sabía que era músico; no conocía tanto su pasión por las letras, pero sí su hambre de aprendizaje. Ha publicado ya varios libros. Nunca lo había leído y agradezco la oportunidad de presentar su novela hoy, domingo 7 de diciembre del 2025, en esta Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a la que vine hace más de diez años como periodista. Carlos es músico desde 1994; la música es clave en esta novela que debes leer si quieres disfrutar de un buen viaje, quizá sin retorno.

AQUI PUEDES LEER “PONGAMOS QUE HABLO DE LIBROS”, LA COLUMNA DE CARLOS CAMPOS PARA LALUPA.MX

https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/carlos-campos-pongamos-que-hablo-de-libros

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Last modified: 10 diciembre, 2025
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