Durante décadas, la globalización se basó en producir donde los costos fueran más bajos, impulsando la relocalización de cadenas de suministro hacia Asia, especialmente China y en menor medida a América Latina. Sin embargo, eventos recientes como la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la invasión rusa de Ucrania y el aumento de tensiones geopolíticas han generado preocupación sobre una posible división de la economía mundial en bloques rivales, con restricciones en el comercio entre ellos. Ante este escenario surge el friendshoring: trasladar procesos productivos a países aliados, con estabilidad política, instituciones democráticas, marcos regulatorios compatibles y acuerdos comerciales que garanticen operaciones confiables y resilientes.
Las fortalezas son innegables
México se perfila como la opción lógica y estratégica para Norteamérica. Tras décadas de integración manufacturera en sectores como el automotriz, aeroespacial y electrónico, el país ocupa una posición privilegiada: acceso preferencial a uno de los mayores mercados de consumo del mundo, mano de obra industrial experimentada, costos competitivos y un ecosistema de proveedores ya conectado con la región. Así, México no sólo puede atraer nuevas inversiones, sino también beneficiarse del reacomodo de cadenas de suministro que buscan reducir su dependencia de Asia.
Pero no todo es fortaleza: los retos son reales
La deslocalización de exportaciones no garantiza beneficios automáticos para terceros países, ya que las ganancias derivadas de la desviación del comercio podrían quedar neutralizadas por la desaceleración económica en China y en los países de la OCDE. Además, posicionarse como un país “amigo” dentro de la estrategia comercial de Estados Unidos implicará, en la próxima revisión del T-MEC, aceptar medidas orientadas a limitar de manera conjunta la participación de empresas chinas en el mercado norteamericano. Si se habla de friendshoring como la oportunidad actual, también debe reconocerse que México enfrenta riesgos que podrían desdibujar el entusiasmo inicial:
- Infraestructura eléctrica insuficiente, especialmente en el norte industrial.
- Déficit de talento especializado en ingeniería, automatización y logística avanzada.
- Incertidumbre regulatoria y jurídica que frena proyectos sin reglas claras y estables.
- Seguridad pública aún insuficiente para operaciones manufactureras internacionales.
- Desigualdad regional: mientras el norte y Bajío (incluido Querétaro) avanzan, el sur permanece rezagado.
El friendshoring no está garantizado; es una ventana de oportunidad y, como toda ventana, puede cerrarse.
Una estrategia de país: lo que México debería hacer
Para transformar el momento en crecimiento duradero, se requieren decisiones firmes:
- Impulsar infraestructura energética y logística con colaboración público-privada.
- Definir una política industrial y de innovación enfocada en cadenas de valor estratégicas.
- Fortalecer la educación técnica en mecatrónica, robótica, automatización, analítica y supply chain digital.
- Establecer un marco regulatorio predecible y un Estado de derecho que dé confianza al inversionista.
- Crear incentivos para proveedores nacionales y así profundizar la integración productiva.
- Incorporar una visión de desarrollo regional en la próxima revisión del T-MEC.
- Transformar la inversión atraída en prosperidad sostenible.
El friendshoring no es un regalo: es una prueba. México tiene frente así una oportunidad que rara vez se presenta dos veces en la historia económica de un país. Podemos convertirnos en el socio industrial estratégico de Norteamérica para las próximas tres décadas… o dejar que la inversión fluya hacia otras alternativas más confiables como Vietnam, Malasia, India o incluso Canadá.
El futuro no está escrito. Pero, si México actúa con visión, coordinación y sentido de urgencia, el friendshoring puede marcar el inicio de la etapa de mayor desarrollo económico del país desde la firma del TLCAN. El mundo está tocando a la puerta. La cuestión es si vamos a abrirla… o a dejar pasar la oportunidad.
Juan Luis Ponce de León es profesor de negocios internacionales en la Business School del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro
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