REPORTAJE: PATRICIA LÓPEZ NUÑEZ/LALUPA.MX
FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX
Menos de 90 segundos les bastan para dar una muestra de su talento. Con danza, espectáculos circenses y malabares con fuego tratan de llamar la atención de quienes esperan que se termine el rojo para avanzar en sus autos. Algunos lo hacen para continuar con sus estudios, otros para conseguir dinero para algún viaje, unos más para lograr una vida con independencia laboral, y no faltan quienes lo realizan por herencia.
Aunque algunos carecen de educación académica rigurosa y especializada, hablan con orgullo de los años de práctica que le han destinado a cada una de sus actividades. Son los artistas callejeros que trabajan en los cruceros de la ciudad de Querétaro.

Una vida de danza
Hija de maestros de baile de salón y ritmos latinos, Georgina Miranda Luna baila desde los 3 años y fue en la preparatoria cuando ingresó a un taller de danza folklórica. Durante su preparación para convertirse en docente de primaria, empezó a trabajar en los cruceros durante la pandemia, cuando iba casi a diario y después solamente los fines de semana.

En su caso, trabaja dos horas por día en los cruceros porque, cuando sale el sol, el pavimento se calienta y le dificulta el baile; tampoco cuenta con una bocina que dure mucho tiempo. Los cruceros no fueron su primera experiencia, antes de la pandemia bailó en algunos jardines y plazas de la ciudad, como el jardín Zenea, el jardín del Arte y el Guerrero, pero lo hizo acompañada de otros tres compañeros más que necesitaban reunir dinero para una gira en Perú.

“Íbamos dos parejas a bailar en los jardines. Nos decían que debíamos tener un permiso del gobierno municipal, lo pedí, pero no me lo dieron y si llegaba un inspector te corría, pero una vez en el camión vi a unos niñitos bailando la Danza de los Viejitos en un semáforo y me dije ‘¿pues por qué no?’. Empecé a bailar en los semáforos y ahí no corro con los inspectores”.

A diferencia de sus amigos, Georgina siguió con los bailes en los cruceros porque necesita solventar sus gastos escolares y le toca escuchar de todo en los semáforos. Muchas personas la felicitan porque en el tiempo que dura un semáforo ayuda a preservar la cultura mexicana, hay quienes le dicen que le eche ganas y le desean suerte. Otros le dicen que mejor se ponga a trabajar o que estudie, que eso no le va a dejar nada.

“A veces hay hasta comentarios despectivos hacia el físico, hacia mi persona. La danza me llevó a Perú en 2019. Quiero seguir trabajando en la danza, tengo un grupo de danza folklórica juvenil e infantil que está bajo mi dirección, trabajo dando clases de danza y planeo continuar con ese proyecto”.

Si baila en la calle, explica, es por necesidad, sobre todo porque vive con ansiedad y terror nocturno, así que va al crucero en las mañanas para obtener algo de dinero extra para ir a sus competencias y actividades escolares.

Su caso no es el único. Afirma que en la calle hay de todo y las metas son distintas: “He conocido muchísimas personas en las calles, cada una con muchas necesidades; algunos utilizan lo que ganan para solventar sus gastos, otros estudian una carrera en la universidad y esta es la forma en que consiguen algo de dinero”.

“No juzguen un libro por su portada, quienes estamos en la calle estamos ahí por algo. Independientemente de lo que hacemos, es una manera de darnos a conocer un poco, queremos brindarles unos minutos menos pesados, porque mucha gente viene del trabajo, de la escuela, y con un espectáculo pequeño podemos hacer el día más llevadero y esa remuneración nos ayuda”.
25 años de experiencia y de preparación
El payaso Yoviss y su hija Dulce Kandy conforman el grupo Payasos La Chinche Pedorra, que tiene más de 25 años de experiencia de entretener al público con un espectáculo circense mezclado con el arte del payaso. Son padre e hija, y lo mismo amenizan las fiestas de quienes los contratan o montan su espectáculo en el jardín de La Corregidora y plazas públicas.
Con 19 años, Quetzalli Caballero, nombre real de Dulce Kandy, tiene toda su vida en este espectáculo; su padre empezó a entrenarla por el interés que ella mostraba. “Empezó a practicar desde que tenía un año y tres meses, o un año y medio, en el escenario. Ya de manera profesional empezó a hacer esto a los 7 años”.
Padre e hija montan un espectáculo circense en el poco tiempo que dura el rojo de un semáforo; con rapidez hacen una pirámide humana. Dulce Kandy habla de la gran confianza que siente hacia su papá, porque “ante cualquier cosa, él me protege para que no caiga yo al suelo, con el apoyo de mi papá siempre sale mejor”.

Empezaron a ir a los semáforos cuando inició la pandemia, por invitación de un amigo de su papá que acudía a los cruceros. Al inicio le daba pena a Dulce Kandy, pero poco a poco empezó a sentir confianza. Su papá empezó muy chico a dedicarse a esto porque asistía a los espectáculos de comediantes, payasos y acróbatas.
“Me uní a ellos y me aceptaron, pero hay que prepararse de manera profesional, ir a congresos, talleres, escuelas de teatro, donde te enseñan más cosas aparte de lo que se ve. Hay que profesionalizarse a fondo, hay escuelas de gimnasia y de deporte, aquí no se improvisa, aquí todo es con práctica, porque hay compañeros que lo ven fácil y pueden quedar inválidos por una mala caída, una mala técnica, porque sin bases esto es muy peligroso”, sostiene el payaso Yoviss.
Aunque los malabares parecen fáciles en un crucero, aclaran que es una de las artes circenses más difíciles, igual que la gimnasia, y se necesitan años para dominarlos con excelencia: “Es toda una disciplina, al menos 10 años de práctica, incluso el malabarismo es muy difícil”.

El espectáculo en la calle se basa en la “pulsación”, como se le llama en el arte circense, que en realidad se relaciona con la gimnasia, porque se necesita equilibrio mano a mano y “eso no se ve mucho, en Querétaro somos los únicos que trabajamos eso, que yo conozca, no hay de esto en los semáforos, y por eso la gente nos apoya bien”.
Dulce Kandy estudió ingeniería mecánica y los últimos meses trabajó en cruceros con el fin de cubrir los gastos que se requerían para su titulación. El talento es de familia, dice, porque su hermana es zanquera y estudia malabares. Con lo que alcanzan a hacer en 30 o 40 segundos reciben felicitaciones de los automovilistas.
“Aquí no vienen con la actitud de quien va a ver un espectáculo, aquí vienen con el estrés, con lo cotidiano, y en ese tiempo que tenemos debemos sorprenderlos para que de manera voluntaria nos apoyen con dinero”, expresan.
El arte callejero como motor para recorrer México
Los malabares y las artesanías se convirtieron en el principal ingreso de Priswiniverss y le permitieron conocer casi todos los estados del país. Desde hace poco más de seis años realiza malabares con un aro en los semáforos, y antes realizó artesanías en diferentes lugares de México.

Ella empezó en el arte callejero porque tenía ganas de independizarse laboralmente y conocer al país. “Me fui a la playa, busqué algo alternativo, y encontré la artesanía y el malabar, elegí el aro para esos malabares para vivir la vida”.
En la calle hay de todo, asegura. “He visto chicos que se drogan y hay gente que les coopera para que se alivianen, hay gente que apoya a todo tipo de personas, hay gente que se da cuenta de tu esfuerzo, que nota que tomaste talleres, que estudiaste, y te premia por el esfuerzo; pero igual ves a la gente que no es así, que solamente piden, y hay personas que ayudan a todos los demás”.

Es originaria del Estado de México, aunque vivió en Querétaro de los 11 a los 18 años. Después, recorrió casi todo México, desde Quintana Roo hasta Cabo San Lucas, pero no conoció Monterrey ni Saltillo. “Con la artesanía me moví 8 años y luego agregué el malabar. Mi independencia laboral inició a los 28 años, porque trabajé desde los 12 años. No tuve carrera porque debía apoyar a la familia, por eso un día cambié mi forma de vida, tomé un mapa y vi una playa cerca de Vallarta y ahí llegué”.

Un poco antes de la pandemia intentó un trabajo formal, pero “es un crimen el tiempo que trabajas por lo que te pagan, el tiempo que te queda libre por lo que trabajas, es un crimen. Por eso aprendí a trabajar con fuego en los malabares y regresé a entrenar todo el día, la intención es tener una vida más sencilla”.

Los talleres se realizan en diversas convenciones de artistas callejeros y cada vez más gente se suma a esas actividades. “Hay unos chicos que iniciaron con el proyecto Circo pa’l Barrio, que viajó por Europa, pero iniciaron involucrando a los chicos ociosos que andaban por la calle, y este movimiento callejero suma a la gente para orientar a los más jóvenes, y se hacen comunidades semaforistas, de gente que trabaja en los semáforos y las convenciones se pagan haciendo colectivos. Hay movimientos como Orgullo Semaforista que muestra mucho del trabajo y llama a organizar los colectivos”.

Los encuentros de malabares y espectáculos callejeros no cuentan con el apoyo de las autoridades, pero se reúne mucha gente interesada en aprender más, sobre todo por la presión del tiempo que representa la duración del semáforo. Estar en la calle, explica, también te enseña a ver las cosas de otra manera y descubrir habilidades que la gente no imaginaba que tenía.

“Esto es una educación alterna, porque incluso tienes que ponerle atención a lo que comes. Hay que hacer estiramientos, entrenar, cuando yo empecé entrenaba todo el día y pasaba todo el día en el semáforo, hasta que caía la noche. Sigo entrenando en casa, todo el tiempo, pero en el semáforo ganó más en menos tiempo ahora, porque sorprendo más a la gente al trabajar con fuego”.

La idea es “montar algo bien, sacar trucos buenos”, y de esa forma puedes vivir de manera digna, pero la estrategia cambia según los intereses y las características de cada persona: “Hay otros que llegan temprano, paran, comen ahí mismo, vuelven a trabajar, a mí eso no me funciona, pero es porque cada persona es distinta”.

“Dar pasos al vacío es la forma en la cual lograr los cambios notables en la vida, es un hecho que nadie va a estar preparado para todo, y yo no quiero llegar a los 50 años viviendo al día, no es la idea. Te tienes que ir a dormir a la cama con dinero, puedes ir ahorrando o puedes tener un plan, y si le echas muchas ganas y montas tu estrategia, hay mucha gente a la que le va muy bien, las calles en México están llenas de todo”.



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