Autoría de 4:22 am #Destacada, CUPI-UAQ

Médico mexicano luchó por DH de población afroestadounidense contra el Ku Kux Klan, en EU

HISTORIA: ARANTZA HAZEL Y CARLO AGUILAR / CUPI UAQ*

FOTOS: XIMENA BOBADILLA

INFOGRAFÍAS: MARIO ORTEGA

Querétaro, Qro., Su sonrisa y mirada muestran la emoción, así como una ventana a los recuerdos de su vida en Mississippi. Cuando comenzaba sus veintes, fue parte de una comunidad religiosa que luchó contra el Ku Kux Klan y a favor de los derechos de la población afroestadounidense en comunidades cerca de los pantanos del río Mississippi, sur de Estados Unidos, durante los años 60.

La figura y el legado de Martín Luther King —figura histórica que nació el 15 de enero de 1929— impulsaron una dirección o sentido en la vida de Juan Ignacio Romero Romo: la lucha por los Derechos Humanos.

“El MAGA —Make America Great Again— es lo mismo (que el Ku Kux Klan). Nomás que luchan con la cachuchita y lo hacen abiertamente apoyando al presidente Trump”, destaca en la entrevista.

Romero Romo, con estudios en Filosofía, Teología y Medicina, también participó en la lucha a favor de la población chicana en Texas y California. Todo entre 1964 y 1971, cuando la segregación racial era algo cotidiano en Estados Unidos.

La lucha a favor de los Derechos Humanos continuó en México, pues desde la salud Romo logró introducir la morfina y el fentanilo en el país, entre 1988 y 1994.

Con décadas de vivencias y experiencia, el hoy médico camina, saluda con alegría y platica con estudiantes en pasillos de la Facultad de Medicina de la UAQ, institución donde es catedrático.      

La batalla por los derechos civiles en el Mississippi de los 60

De 1964 a 1967, Juan Ignacio Romero Romo vivió en Mississippi, durante el esfuerzo por la legitimación de los Derechos Humanos de la comunidad de origen africano en Estados Unidos, un momento al cual describe como “álgido” debido a las dificultades que acompañaban el proceso de reconocimiento.

“Martin Luther King echó a andar un programa maravilloso, que fue básicamente el de apoyar y reconocer —al afroestadounidense— como un ciudadano de EU, porque en Mississippi y en las zonas del sur era ninguneado y muy maltratado”, compartió.

A pesar de que Martin Luther King fue asesinado en 1968, Romero Romo distinguió los alcances del programa que impulsó, pues fue esta lucha la que le concedió el derecho al voto a las personas afroestadounidenses.

Sin embargo, hubo más de un asunto pendiente para respetar todos los Derechos Humanos que les correspondían.

Desde la comunidad religiosa “Oblatos de María Inmaculada” a la cual pertenecía el hoy médico Juan Ignacio Romero —quien entonces se formaba en Filosofía— se generaron otro tipo de soportes.

“Luchamos mucho por apoyar a las comunidades afroaestadounidenses que vivían en los pantanos, a un lado del río Mississippi, y entonces nosotros los llevábamos a los centros donde podían registrarse y obtener la credencial de votantes. De allí los volvíamos a regresar, y apoyábamos también en los programas educativos”, recordó.

Paso de huracán causó convivencia de afroestadounidenses y el KKK en “asilo”

La ubicación geográfica de los estados de Mississippi y Louisiana trajo consigo especial adversidad en septiembre de 1966, cuando un huracán alcanzó sus costas y la marea subió 5 metros.

“Como nosotros estábamos por arriba de ese nivel —era una colina y arriba estaba el edificio— ellos (los integrantes de la comunidad afroestadounidense) vinieron a refugiarse con nosotros. Inmediatamente les dimos cabida y teníamos ya todo listo para poder apoyarlos, a que se quedaran durante esos tres días […]

“El grupo del Ku Klux Klan de la región vino y nos pidió asilo. Dijeron que ellos también querían asilarse, pero con una condición: que sacáramos a los afroestadounidenses. Nosotros les cerramos la puerta y les dijimos, “te regresas de donde vienes”. No aceptamos a la comunidad del Ku Klux Klan.

“Eso fue algo maravilloso, porque inclusive nuestro superior salió a la puerta a decirles: “Si se quedan, deben trabajar conjuntamente en todo lo que significa la manutención de los niños y los adultos en la comida y en los cuartos para poder dormir”, relató el maestro en Teología.

No obstante, debido a que se cerró la carretera, el Ku Klux Klan regresó y tuvo que aceptar las condiciones para la convivencia con la comunidad afroestadounidense:

“La comunidad afroestadounidense era muchísimo mayor que los del Ku Klux Klan. Los del Ku Klux Klan, los que se quedaron con nosotros eran alrededor de 60, y el resto eran afroestadounidenses —más de 100—. Nosotros éramos alrededor de 125. O sea que tuvimos que encimarnos, pero convivimos muy bien”, rememoró con una sonrisa Juan Ignacio.

“Fuimos, cantamos y cuando regresamos la iglesia había desaparecido

La comunidad religiosa “Oblatos de María Inmaculadatenía un coro, el cual cantaba en la Iglesia San Luis Rey, situada en las bocas de la bahía del mismo nombre en el sur de Mississippi.

Una comunidad afroestadounidense se encontraba en el camino hacia el lugar. “Ellos tenían su iglesia y sus casas sobre pilares de concreto, porque como eran pantanos, cuando subía mucho el agua, así se evitaba que se anegara la casa de la iglesia. Lo interesante fue que ese día que pasamos, vimos a la iglesia. Oímos cómo la campana nos mandaba llamar para entrar a su ceremonia religiosa”.

“Fuimos, cantamos, desayunamos, y cuando regresamos nos sorprendió encontrar que la iglesia había desaparecido. Los miembros del Ku Klux Klan pusieron bombas con dinamita y molotov abajo de la iglesia y las arrojaron por arriba de la ventana para que la gente se quemara […]

“(Personas del lugar) nos dijeron ‘váyanse porque el Ku Klux Klan va a regresar y va a rematarnos’. Entonces ellos se fueron a proteger, a esconder. Nosotros tuvimos que denunciar eso, pero estábamos peleando contra el Ku Klux Klan”, describió Romero Romo.

Del Ku Klux Klan a MAGA: el racismo que no desaparece en EU

En el Estados Unidos de 1964 la segregación racial no sólo afectaba a la comunidad afroestadounidense, sino también a los mexicanos. El médico Juan Ignacio Romero luchó en el Mississippi y más adelante lo volvió a hacer en Texas.

“Cuando regresé a Texas me uní a la lucha chicana para apoyar a un líder mexicano que peleaba en California —César Chávez— para bajar el precio de la uva y mejorar el salario de los trabajadores mexicanos que recogían esa uva […] hicimos el boicot a las grandes tiendas comerciales”.

Los mexicanos, al igual que la población afroestadounidense, eran tratados como un grupo al que se le negaba la dignidad que sí se concedía a las personas blancas.

“A mí me impidieron usar los baños y el camión. Me obligaron a utilizar el baño, realmente el mingitorio, entre los arbustos y los árboles. Porque no podía usar el baño de blancos”, recordó.

La lucha de Martin Luther King también tuvo un efecto dentro de la comunidad mexicana residente en Estados Unidos. Para Juan Ignacio Romero Romo, trabajar de la mano con quienes continuaron el esfuerzo de ese activista significó “algo maravilloso, porque el llamado fue básicamente para apoyar los Derechos Humanos de la comunidad afroestadounidense”.

Romero Romo —quien más adelante, además de ser licenciado en Filosofía y maestro en Teología, se formó en el área de la salud como médico cirujano— señaló algunas similitudes de los años 60 y la actualidad, en relación con los derechos humanos de los mexicanos y la comunidad latina en Estados Unidos:

“Ese aspecto de segregación y discriminación es tan racista, que usted está viendo que la gente está realmente peleando contra todas las decisiones de Trump al respecto […] el MAGA es lo mismo. Nomás que luchan con  la cachuchita y ya lo hacen abiertamente por el apoyo del presidente (Trump). Es algo muy triste, porque lo que está pasando no debería de pasar.

“Fíjese, desde el 64 a actualmente, ¿cuántos años son? 61 años. ¿Qué pasó con la historia? No la han aprendido. Eso que quede muy claro. 64 años y no se ha aprendido la historia”.

Cuando la pantalla se volvió herramienta de dignidad chicana

En San Antonio, Texas, el canal 41 emitió un programa que le dio voz a la comunidad chicana a finales de los 60. Tuvo alcance en Laredo, Brownsville y Houston, Texas, ciudades en las cuales había numerosa presencia mexicana.

El doctor Juan Ignacio Romero Romo fue parte de este proyecto: “se necesitaba que se escucharan los programas sobre los Derechos Humanos en la educación, en la medicina, en la vivienda y en la salud (…) Fue una lucha muy bonita, porque trabajar a través del canal 41 nos dio la oportunidad de hacer cosas: trabajamos para asistir a las mujeres que habían huido de la trata de personas de México en aquel entonces”.

El programa estuvo al aire durante tres años, todos los domingos a las 12 del día; su alcance fue tal que después logró involucrar a la comunidad chicana en Nueva York, Miami y California en un concurso sobre los contenidos que hacían y la población a la cual llegaban.

El premio tuvo un valor monetario de cinco mil dólares. Ese dinero fue invertido en darle espacio a jóvenes que estaban en los barrios y tenían problemas de adicción, para que, en su lugar, “estuvieran metidos en algo que les ayudara a ellos y a la comunidad, y que ellos mismos jalaran a más chicanos para poder dejar las drogas o no acercarse a éstas”.

Salud, Derechos Humanos y resistencia en México

El jueves 10 de junio de 1971, fecha recordada en el calendario de México como “la matanza del jueves de Corpus”, Juan Ignacio Romero Romo ya era estudiante de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y fue representante de su Facultad para tomarla como acto de protesta hacia la represión de las instancias federales.

“Cerramos todo, sin maltratar nuestras facultades, y de ahí nos unimos para irnos en camiones o en Metro, para llegar a la Normal y unirnos a la marcha que se estaba llevando a cabo de Santo Tomás hacia San Cosme. Cuando llegué —porque vivía en la calle de Nogal, exactamente dos cuadras antes de la Normal— a mi casa, para cambiarme, ahí estaban los camiones del Ejército y de ahí bajaban los ‘halcones’ con los garrotes ensangrentados.

“Cuando me vieron entrar, me persiguieron, porque me vieron con mi bata, entonces yo me metí a mi casa para protegerme”, expresó el entrevistado.

Fundó el área de Cuidados Paliativos en Instituto de Cancerología

Desde el área de la salud, Romero Romo se especializó en Psico-Oncología y a través de esta especialidad su lucha por los Derechos Humanos persistió.

“En el 73 luché muchísimo y conseguí toda la literatura que pude para echar andar en México los cuidados paliativos de los cuales soy fundador. A través del Instituto Nacional de Cancerología […] eché a andar el Departamento de Dolor y Cuidados Paliativos para todos los pacientes de cáncer y todos los pacientes con insuficiencia renal. Aquí estuve 32 años trabajando en el Hospital General”.

El médico Juan Ignacio Romero desestigmatizó la introducción de la morfina para los tratamientos paliativos para los pacientes con una enfermedad crónica como el cáncer.

“Terminé mi entrenamiento en Neuropsiquiatría. Fui a pedir trabajo en Cancerología, que apenas se acababa de fundar allá en San Fernando, Tlalpan. Al principio, dijeron: “eres un psiquiatra, ¿qué tiene que ver con cáncer?”. Afortunadamente, el subdirector se había entrenado en el Memorial Sloan Kettering, en Nueva York, donde él fue el jefe de residentes de todo ese hospital […]

“En ese entonces, lo más importante era el apoyo de la salud mental al paciente con cáncer y su familia, pero, al ver las carencias de analgésicos para los pacientes con cáncer, me comencé a involucrar en los tratamientos paliativos.

“En otras partes del mundo había morfina; nosotros no la teníamos porque nuestras autoridades consideraron que la morfina podría causar adicciones en los pacientes. Fue una lucha que comenzó en 1982 hasta que la logramos introducir en el 88”.

No obstante, su voluntad por más alternativas de tratamientos paliativos, provocó una diferencia con uno de sus colegas, la cual tuvo consecuencias.

“Él escribió una carta denunciándome como promotor de la drogadicción en México. La siguiente fase fue que se giró una orden para que mi teléfono fuera interrumpido y yo tuviera sombra por 6 meses”, destacó.

“Hubo pacientes que venían —a CDMX— desde Oaxaca a recibir la morfina (…)”

Juan Ignacio Romero Romo hizo explícito el control sobre el uso de la morfina y otras drogas en el tratamiento del cáncer: “Establecimos un programa para el alivio del dolor por cáncer, donde teníamos un control muy estricto de todo lo que era ver al paciente, prescribirle y darle la morfina”.

“Hubo pacientes que venían desde Oaxaca a recibir la morfina y nos traían así, la cuenta de cómo la habían dado. Inclusive, una de estas pacientes falleció allá, en la sierra, llegó la hija nada más a darnos el acta de defunción y decirnos que la enterraron con todo y morfina’.

Posterior a la introducción de la morfina, Romero Romo fue a estudiar a Estados Unidos e hizo conferencias a nivel mundial sobre este tema, dado que, desde su experiencia personal, él también vive con una enfermedad crónica.

Su preparación le dio las herramientas para introducir, una vez que la morfina fue aprobada para los tratamientos paliativos, el fentanilo, con la regulación para no modificar su estructura y que así no se convierta en una sustancia de abuso.

*Centro Universitario de Periodismo de Investigación (CUPI) de la UAQ

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Last modified: 18 enero, 2026
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