HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX
A principios de febrero del año pasado, Diana notó un bulto en una mama. Sin antecedentes de cáncer en su familia, acudió al médico con la confianza de que no sería algo importante. En abril recibió su diagnóstico y en menos de un año se convirtió en la primera derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en recibir una cirugía de reconstrucción inmediata de mama tras una mastectomía.
Especialista en marketing, Diana Ivette Rodríguez Rojas dedicaba sus días a conocer nuevos restaurantes, hacer ejercicio, viajar y pasar tiempo con su mascota. A partir del diagnóstico la vida cambió. Al principio se atendió con médicos privados “para hacer todo más rápido”, pero le presentaron un plan de tratamiento con un costo altísimo, “no había manera de atenderme por este medio, migré al IMSS”.

Con 40 años, su vida dio una vuelta. Pensaba que podría afrontar sola la enfermedad y se negaba a informarle a alguien. “Por miedo, pensaba que, como la mayoría de las cosas de mi vida, pues podía resolverlas sola, pensaba ‘cuando le cuente a mi familia es porque ya tengo una solución’, pero no tenía un solución, estaba viendo opciones y le dije a mi familia, fue un poco de haremos esto, hay que acercarnos al IMSS, iniciar el proceso”.
Originaria de la Ciudad de México, Diana recibió el apoyo de familiares que viven en Querétaro, para intentar apresurar su atención porque le comentaron que era posible que en la entidad avanzara un poco más rápido y así fue: la canalizaron al departamento de oncología y empezó su tratamiento en menos de un año porque no había un buen panorama.

“Me explicaron las fases del cáncer, cómo podía ser y los diferentes tipos, el cáncer de mama es uno de los más agresivos y más rápidos de reproducirse. Me dijeron que estaba en una fase 3, que es un poco avanzado y sí es impresionante cómo se siente. Evolucionó súper rápido, se sentía cómo iba creciendo”, recordó.
Diana y su familia viajaron cada 20 días a Querétaro para que recibiera su tratamiento porque en la Ciudad de México se enfrentaría “a meses en lista de espera”. En esas atenciones le informaron que una vez que extirparan el tumor podrían realizar una reconstrucción inmediata de mamas.

“Las operaciones de cáncer de mamas son súper agresivas y feas, queda una cicatriz horrorosa, una mutilación horrible, al principio yo tenía eso en mi cabeza y pues pasaban los meses y trataba de no pensar en eso para hacerlo un poco más digerible, me decía ‘así va a tener que ser’. Me empezaron a dar las opciones reales y actuales de la reconstrucción y sí fue un gran respiro”, señaló.
Cuando los médicos le ofrecieron la posibilidad de la reconstrucción, sintió alivio tras todos los pasos que vivió desde su diagnóstico y pasar por el tratamiento, porque “perder el pelo es un shock absoluto… ninguna mujer en el mundo está preparada para eso. Cuando pierdes las pestañas y te cambia el semblante de la cara. Yo me veía al espejo y decía, ¿quién es ella? Es duro, pero la reconstrucción es un alivio por no quedar mutilada”.

El jefe de Servicio de Cirugía General del Hospital General Regional 2 del IMSS, Aldo Olvera Casas, explicó que lo que se planeó con Diana fue una mastectomía simple y una biopsia de ganglio centinela en el lado afectado de la mama, que era el izquierdo y en ese mismo momento se colocó un implante para conservar la areola y el pezón a fin de mantener la imagen estética que ella tenía.
De acuerdo con la delegación del IMSS, estos procedimientos serán recurrentes siempre que las pacientes tengan las condiciones médicas adecuadas y eso dependerá del tipo de lesiones que presenten, así como el avance de la enfermedad.

Diana subrayó que esto incide en el bienestar emocional porque las pacientes no se someten a dos procedimientos diferentes ni a dos recuperaciones, sino que se realiza la reconstrucción de manera inmediata en una sola intervención. “Tenemos una imagen de los servicios públicos súper malas, que son muy lentos, de que a lo mejor el servicio no es el mejor, pero la verdad es que el equipo de doctores y de enfermería atienden una cantidad de personas por día y hay un gran esfuerzo físico por parte de los trabajadores del IMSS”.
Ahora está en espera de recibir la atención psicológica que le ofrecieron al terminar el procedimiento, porque faltan nuevos estudios para determinar si continuará con más tratamientos, pero ahora “ya veo la luz al final del túnel, ya me sale pelo, ya tengo pestañas. Llevo un mes de la operación y todavía me siento toda rara, pero ya me siento del otro lado”.

Tras su experiencia, ahora le recomienda a todas las mujeres que están en la misma situación que se llenen de paciencia y confíen en la atención médicos, porque la gente dentro del IMSS tiene mucho trabajo y las ganas de sacar adelante a quienes enfrentan una enfermedad.
“He aprendido que tengo que soltar el control y confiar, no podemos estar en todo. Quiero regresar a hacer las cosas que me gustaban, hacer yoga, meditar, comer, salir con mi perrita. Qué bueno que la tecnología avanzó y hoy hay cirugías menos invasivas”, agregó.



