HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX
FOTOS Y VIDEO: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX
Invocando a mis ancestros,
prendiendo velitas de cebo.
Siempre pido a mis abuelos,
me guíen desde su descanso eterno.
Mis raíces me sostienen en este mundo
carente de amor y bondad…
Jessica Martínez.
Por la mañana, se abren las puertas de una casa del barrio de San Francisquito. El último piso de la construcción, todavía inacabado, alberga el proyecto de conservación sonora de alabanzas concheras, de proyectos musicales de sus jóvenes y la producción de podcast en el Estudio Comunitario “Resonancias del Barrio”, el primer sitio de grabación de audio dentro del territorio sagrado de concheros, con el respaldo de dos organizaciones alemanas.

Poco a poco el espacio recibe a los jóvenes que integran la banda de hip hop Zona 21. Mientras la gente aprende a manejar el equipo para grabar, la emoción crece por los planes que surgen, los sueños que podrían alcanzarse y la posibilidad de invitar a otros barrios a preservar el patrimonio acústico que se da en las calles de estos lugares.

El proyecto forma parte del área de Comunicación y Cultura de la Confederación Indígena del Barrio de San Francisquito. Luis Ángel Cázares García detalla que Isaac Martínez gestionó el apoyo de las organizaciones alemanas Aktion Selbstbesteuerung y Partner Südmexikos para brindar un espacio abierto comunitario que reconociera la tradición de la danza y el talento artístico del barrio.

“El compadrito Isaac, compadrito conchero que reside en Alemania, consiguió apoyo económico. También donaciones de compadritos concheros en Estados Unidos y México, así se configuró este estudio comunitario, que va a dar servicio a tres poblaciones: una es a los vecinos y jóvenes del barrio, como el colectivo hip hop; a la tradición de danzantes de toda la ciudad, este es territorio sagrado de todos los concheros de México y el mundo, y también para los medios y personas que son solidarias con la lucha y defensa de los pueblos”, detalla Ángel.

En el tercer piso, los jóvenes se preparan para grabar. A Zona 21 la integran empleados de tiendas departamentales, mecánicos, albañiles, estudiantes y artistas gráficos que tienen un origen en común: el barrio de San Francisquito. Sus canciones hablan de sus calles, sus amores, de la inconformidad, de sus ganas de aprovechar la oportunidad de darse a conocer.

Estoy en momentos que busco un cambio para
sobresalir en la tarima.
Hay que esforzarse, nada se regala.
Sigo desde abajo,
no me duele decir que salí
del Barrio de San Pancho Clicka…
Legión.
Letras y voz: Kaber; M. Palabras, M4Usev.

Espacio abierto y comunitario
Luis señala que en el tianguis cultural se reúnen alrededor de 50 personas cada quincena, entre ellas, por lo menos 10 músicos, pero el barrio tiene mucho más talento artístico, así que hacía falta un espacio abierto y comunitario. Por eso, el “compadrito Isaac” pensó en este proyecto desde 2024, aunque se concretó el año pasado.

Las organizaciones alemanas Aktion Selbstbesteuerung y Partner Südmexikos valoraron que el proyecto permitirá producir música, podcasts, videos y materiales informativos en un barrio indígena que “desde hace años sufre marginación, presión gentrificadora y riesgo de desplazamiento cultural”, al mismo tiempo que amplificará la voz de las juventudes para que narren sus historias y documenten sus luchas de manera autónoma.

Gracias a los apoyos, se adquirió un equipo de cómputo capaz de procesar alta densidad de audio y video, una interfaz de audio con el software, además de todas las herramientas necesarias para los efectos que la población local necesitara al hacer rap o hip hop. Se cuenta con micrófonos especializados para voz e instrumentos, audífonos y monitores, por mencionar parte de la infraestructura.

Durante enero, ya con el equipo listo, iniciaron los talleres de capacitación, porque el estudio opera con la idea de compartir saberes comunitarios y se brinden soluciones a las necesidades de cada proyecto sonoro. Aunque el estudio sigue armándose, ya arrancó y está abierto al público.

El nuevo espacio genera muchas expectativas. Mauricio Arredondo Garay es el productor de Zona 21. Conocido como M4Usev, explica que el nombre del grupo hace referencia a la calle 21 de Marzo, para “tomar esa parte del barrio y llevarla con nosotros”. Hace seis años se acercó a la vida musical con ayuda de un amigo y se adentró en el hip hop.

Sabe que hay muchas propuestas musicales en los barrios de Querétaro, pero tiene gran confianza en que el estudio de grabación comunitario facilitará que el primer álbum de Zona 21 se escuche fuera de San Francisquito, que llegue a más personas, porque “la música le hace compañía a la gente, la idea es que no se quede sólo en un lugar, sino que salga toda la música del barrio”.

“Cada quien escribe sus propias partes de las canciones, de los que participan. La idea es que saquen lo que quieran hacer, no cerrarnos a que a fuerzas tienen que hacer algo. Yo me especializo más en temas de amor y desamor, depende la instrumental o el sonido; cuando escuchas una instrumental o el sonido, te llega una historia”, afirma Mauricio.
La real y verdadera historia yo la plasmo,
si me emperras, caigo, yo me levanto,
así ha sido siempre,
desde morrillo, vagando en las calles…
Legión.
Letras y voz: Kaber; M. Palabras, M4Usev.

Jugar rimando
Miguel Tonatiuh Echeverría Martínez, de 21 años, es albañil y danzante “desde la panza de mi mamá”, también es letrista en Zona 21 y le gusta la improvisación. Miguel Emanuel Hidalgo Arcila recuerda que antes de iniciar el proyecto del estudio de grabación se juntaban a improvisar, “a jugar rimando”.

“Éramos ya varios los que nos juntábamos, y en una de esas Isaac entró, nos vio y vio esta necesidad de tener un espacio más formal, para grabar. Empezó con las gestiones y estamos trabajando en un álbum de nueve canciones más un track, son alternativas de cosas por hacer. No nada más tenemos este proyecto, tenemos un proyecto de cultura y arte, un proyecto de economía, un proyecto de sustentabilidad con huertos urbanos, de deporte, y todo esto en la construcción de lo que es un autogobierno aquí dentro del barrio de San Francisquito”.

Las letras de Miguel hablan de la defensa del territorio, “de la organización del barrio, contra la gentrificación, contra los proyectos imperiales, las cosas que nos permean a todos: los ejes de dominación, el capitalismo, el patriarcado, el comunalismo, nos atraviesan a todos en diferentes rubros de la vida o en diferentes actividades”.

De profesión es artista plástico y aprovecha para colgar un par de grabados en el estudio mientras sus compañeros platican. Otro de los jóvenes, César Alejandro Rojas Briones, de 23 años, divide su tiempo entre el taller mecánico y la música. Tiene talento para improvisar y le gusta ayudar a otros a componer, porque “nos complementamos para ser unas personas mejores y no nos tengan de esa forma de ver, las cosas malas, sino las cosas buenas”.

David Eduardo Martínez, también de 23 años y empleado de una tienda departamental, es el productor, “soy el que mueve las frecuencias para que quede todo nivelado y también hago canciones propias de trapicheo”. Daniel Nieves Rivera, “El Kaber”, es chef profesional y se dedica a la música porque le gusta.

Hace menos de diez años dejó el barrio en el que nació y también tiene muchos planes con el grupo, sobre todo porque quiere que la gente de Querétaro reconozca a San Francisquito, porque “aquí estamos, a pesar de los años, seguimos resistiendo”.

Vine aquí a abrir mi corazón,
por todas esas mamis que hacen el trabajo
que le toca a dos.
Ruda, bendita y victoriosa, serpiente venenosa,
con el eco de tu voz, con el eco de la mar,
cuídame a mí y a mi familia y líbranos de todo mal…
Jessica Martínez.
Alabanzas de mujer
Un piso más abajo del estudio de grabación, Jessica Martínez Mandujano prepara el desayuno para sus tres hijos, uno de ellos es Tonatiuh. Conchera por tradición, también descubrió su gusto por la música y se lanzó a la composición desde las alabanzas.

“No he estado tan adentro como ellos, he visto cómo hacen el proceso desde el inicio. Los veo muy motivados y he visto su constancia, escuchando sus canciones cuando graban, me motivó para escribir porque veo que se basan mucho en lo que ven y en lo que viven, y yo quise escribir un poco también. Sólo he compuesto una alabanza, porque estamos dentro del grupo de concheros, y escribí las vivencias de las mamás dentro del barrio”.

Dice que esas son cosas de las que casi nadie habla, por eso, en las alabanzas, pregunta, agradece, denuncia y se vuelve parte de su día a día, en el que prepara postres para vender, ensaya la danza mientras compone: “Ánima bendita de los cuatro vientos, caballo blanco, caballo prieto, viaje contigo el gran poder de Dios y el universo, para nuestra devoción, tradición y consuelo”.


