Autoría de 5:22 pm #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito

Helena, Paris, Polk, Bush, Fox, Fidel, Trump, Peña, Santa Anna – Víctor Roura

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Después del convite, Paris raptó a Helena llevándosela lejos de Menelao, el anfitrión, cuya respuesta no fue otra que el estallido de una guerra que borró del mapa a una nación: al aceptar el sorpresivo obsequio en forma de un monumental caballo, los troyanos signaron su muerte ante el ingenio aqueo.

      Al recibir con benevolencia a los invasores, los aztecas prácticamente cavaron su propia tumba.

      Al vitorear los discursos que hablaban de una raza única e inexistente, la población alemana se enterró junto con su carismático líder Adolfo Hitler.

      Cuando Vicente Fox le pidió a Fidel Castro que deglutiera sus alimentos marchándose de inmediato (“comes y te vas”) para no incomodar al presidente norteamericano George W. Bush, lo que ocurrió, además de corroborar las mentiras a las que era muy dado el político panista, fue que las relaciones México-Cuba se tensaran sin haber ninguna necesidad para que tal descortesía diplomática sucediera.

      Cuenta Jorge Luis Borges, en “La noche de los dones”, que al salir el cuzquito a recibir con su acostumbrada fiesta al visitante Juan Moreira, éste, “de un talerazo, lo dejó tendido en el suelo. Cayó de lomo y se murió moviendo las patas”.

      Al invitar, sin ninguna razón de Estado, al magnate Donald Trump, lo que ganó el presidente Enrique Peña Nieto fue acrecentar la amenaza contra México del candidato republicano a la Presidencia estadounidense.

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Porque hay convites, celebraciones o cortejos que, en el fondo, carecen de sentido.

      Como el suceso del 31 de agosto de 2016, un día antes del IV Informe de Gobierno del mandatario mexicano Enrique Peña Nieto, acontecimiento incomprensible para un pueblo que ha sido insistentemente humillado, minimizado y violentado en la arenga agresiva de un empresario que improvisa enmascarado de político con ansia de poder omnímodo. Como en México es poco exigida, o prácticamente nula, la transparencia en el comportamiento político, desconociendo cómo se traman las argucias e ignorando (o confundiendo) las posibles sinceridades  —que de algún modos se intentó, acaso con buena fe, o se trató de resarcir este ampuloso defecto con las denominadas Mañaneras a partir de 2019 aun con las tramas subterráneas encendidas (es decir, con la demagogia inflamada sin decir absolutamente nada) como fuera el caso de Notimex donde jamás se transparentaron los intereses ni las complejidades de la política del gobierno—, no se supo con exactitud quién mentía y quién decía la verdad en el encuentro Peña Nieto-Trump, ya que ambos plantearon situaciones distintas que sólo entre ellos conocían, dando la espalda a la ciudadanía.

      Lo cierto es que los mexicanos vimos que el presidente Peña Nieto no lo confrontó, nunca, acerca del muro fronterizo, por ejemplo, pero luego de su reunión el magnate estadounidense ofreció otro discurso, por la noche, en Arizona donde, de nuevo, México volvió a ser centro de su obsesión discriminatoria: aunque aún no lo sepamos, nosotros, México entero, vamos a pagar el “hermoso” muro que será levantado en la frontera para impedir el paso de los criminales.

      Y aún no había sido elegido, contra todo pronóstico, el presidente de Estados Unidos en su primer periodo, lo que nos habla asimismo de la mentalidad generalizada del norteamericano.

      Hillary Clinton (a quien Vicente Fernández le cantara con la seguridad de que ella era la elegida de la ciudadanía, craso error inadvertido por el análisis político), la candidata demócrata que se oponía a Trump entonces, al enterarse de la visita de Trump a México, invitación que ella, con decisión razonada, declinó al no ser todavía estadista, declaró juiciosamente: “Construir una relación es más que tratar de maquillar un año de insultos y de insinuaciones”, frase diestra que ha de haber calado hondo en el gabinete de Enrique Peña Nieto, porque encerraba, y encierra, una implacable realidad. El país, se sabe, no había sido durante décadas amenazado de tal manera ignominiosa como lo hizo este hombre de negocios vuelto a ser elegido presidente norteamericano por segunda ocasión en 2024 pese a que en mayo de 2024 un jurado popular declaró a Trump culpable de 34 delitos, de los cuales sobresale la falsificación de registros contables para engañar al fisco estadounidense.

      Es como si en México, aun con su enorme deuda de miles de millones de pesos con el fisco nacional y sin dejar de perseguir y acosar a la gente que le debe un centavo a su Banco Azreca, fuera candidato a la Presidencia de la República el negociante Ricardo Salinas Pliego… ¡y a la postre ganara en las urnas!

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“Primero fue Polk, ahora viene Trump”, dijo el director de teatro Luis de Tavira a mediados de la segunda década del siglo XXI. ¿Era tan difícil apreciarlo de esta sencilla manera? Porque lo que ha sucedido desde que Trump es presidente ha sido una batalla verbal sin precedente (nomás por no dejar pasar hay que recordar el trato irascible suyo contra Bruce Springsteen, el úinico “Jefe” estadounidense según ha enfatizado Bono, de U2, en una entrevista a propósito del brote insultante de Trump).

      La pregunta no dejó de flotar en el ambiente: ¿para qué invitar a Paris a una suculenta vianda si ya sabemos que ha de llevarse a nuestra bella Helena en el menor descuido?

      [James Knox Polk fue el undécimo Presidente de Estados Unidos (1845-1849), cuya política expansionista le costara a México la pérdida de los territorios hoy conocidos como California, Nevada, Utah, la mayor parte de Arizona, Nuevo México, Colorado y Wyoming, así como partes de Oklahoma, Kansas y Texas, todo ello en el denominado Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848 (y ratificado tres meses después el 30 de mayo) por los presidentes Polk y Manuel de la Peña y Peña para finalizar el conflicto bélico de la Intervención norteamericana en México, documento por los cuales Estados Unidos pagó a México 15 millones de dólares (que los mexicanos, acostumbrados a la transa, el enjuague, el trastupije, el cochupo, el chayo, la floritura, no sabemos en manos de quién fue a parar si bien es sabido por todos que dichos millones no se qudaron, todos, en la Hacienda pública!).

      Desde aquella infausta guerra se determinó que la frontera internacional fuera el Río Bravo. El Senado estadounidense, cuenta la historia, “eliminó el artículo 10 el cual garantizaba la protección de las concesiones de tierras dadas a los mexicanos” suprimiendo, también, el artículo 9 que “garantizaba los derechos ciudadanos de aquellos mismos”. Esta anulación nunca pudo ser reparada, y aunque Antonio López de Santa Anna “había sido presidente durante gran parte de la guerra, no fue él quien firmó el tratado de paz final”. Y se dice, aunque esto forma parte ya del folclor nacional, que varios millones de dólares recibidos por esta anexión territorial, además de ser utilizados para la reconstrucción del país, fueron a parar directamente en las  manos de distinguidos políticos mexicanos encaramados en el poder gubernamental.

      [Algún nombre habría de tener el posible corrupto de esta alianza dual enttre México y Estados Unidos: dado que la información de los tejemanejes siempre es finamente ocultada, se sabe entonces, nada más, que en México existe la corrupción, no los corruptos.]

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX

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Last modified: 2 marzo, 2026
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