Autoría de 12:55 pm #Opinión, Alejandro Olvera - La cruda verdad

La cruda verdad – Alejandro Olvera

El Calendario de las “Defensas” (y otros disfraces)

El Consejo Nacional de Morena finalmente ha soltado el cronograma que marcará el ritmo de su propia procesión. No es un calendario cualquiera; es una hoja de ruta de cinco meses diseñada para blindar la unidad interna antes de que las pasiones —y las ambiciones— desborden el control del centro. La estructura es tan clara como un manual de instrucciones: el 22 de junio se darán los primeros banderazos para las coordinaciones estatales, seguidos por las distritales en agosto. Pero la verdadera carnicería, esa que se da cuerpo a cuerpo por el territorio, llegará en el último trimestre: el 21 de septiembre para los municipios y el 8 de noviembre para los distritos locales. Bajo el tierno eufemismo de “coordinaciones de defensa”, el partido busca ganar un año de exposición gratuita mientras la oposición sigue buscando las llaves de su propia casa. Con la encuesta como dogma y la paridad como filtro, Morena apuesta por institucionalizar el madruguete: para cuando los demás despierten, el ejército guinda ya tendrá hasta las sillas numeradas.

“En la 4T no hay candidatos, hay ‘coordinadores’; es una distinción sutil, como la que hay entre un asalto y una contribución voluntaria. Al final, lo que buscan es que para finales de año todos tengan su puesto asegurado, no vaya a ser que la democracia los agarres confesados y sin presupuesto.”

El Pastel, las Sillas y los Hocicos Rotos

Dicen que guerra avisada no mata soldado, pero en Querétaro parece que todos están demasiado ocupados mirándose el uniforme. Muy a pesar de los optimistas que pregonan que aquí el PAN marca la agenda por ser uno de sus últimos bastiones, lo cierto es que el calendario de Morena ya les puso el baile. El desgaste del poder y esa inestabilidad sistémica que muchos prefieren callar por decoro o por nómina, son evidencias que el “círculo rojo” ya no puede ignorar. La desazón se respira en los detalles, y es precisamente ahí donde, a partir de junio, el o la “coordinadora” guinda —ese nombre elegante que le dan al candidato para tratarnos a todos de pendejos— enfocará sus baterías. Que los puristas de la ley electoral se escandalicen si quieren; lo cierto es que en política lo único malo es no hacer nada, porque entonces, ¿para qué quieren el encargo?

Si los panistas siguen estirando la liga por egos individuales, pleitos de grupo o por ver quién se queda con la rebanada más grande del pastel, se van a quedar sin quién repela la agresión. El juego de las sillas siempre deja heridos. Basta recordar aquellas fiestas infantiles de los ochenta: invariablemente un niño terminaba con el hocico roto, otros tantos hacían berrinche porque el premio de consolación era una miseria, y el que ganaba acababa apestado y visto como un gandalla. La política no es mitología ni son fríos números de asesores con ínfulas de sabios; son pulsiones humanas llevadas a la vida pública. Si en Acción Nacional no ponen orden y deciden rápido, van a tener que lidiar con una guardería de chamacos chillones y, lo que es peor, van a mandar a su “chamaco chicho” a la pelea ya todo madreado por sus propios hermanos.

“En el juego de las sillas políticas, el problema no es que falten asientos, sino que sobran traseros. Al final, el ganador se queda con el sitio, pero tan despeinado y con la ropa tan rota, que uno no sabe si felicitarlo o darle una limosna… o el testamento.”

El Honor de los Ladrones y el Cóctel Molotov

Quizá usted, a estas alturas de la columna y de la vida, se preguntará: ¿A qué detalles de inestabilidad se refiere este tipo? Bien, vamos por partes. Primero, a esas señales más cruzadas que los cables de un poste tras un choque: subidas que no son tales, bajadas que resultan ser fintas y abrazos más falsos que el de Acatempan. Hay demasiados niños para tan pocas sillas, y lo más patético es ver a los chamacos peleándose por el asiento que todavía está ocupado, esperando con ansias que el dueño actual se mueva por la silla más grande. Eso es lo que se alcanza a ver en el escaparate azul.

Pero lo verdaderamente grave es la ruptura de los “pactos de caballeros”, ese dogma que antes funcionaba como el honor entre ladrones. Ya no se respeta la regla de no meterse con la familia; ahora los tiros no son derechos como en el barrio. Aunque los ataques a la familia de Chema Tapia o a la pareja de Fernando Flores salgan de cuentas “anónimas”, todo el mundo sabe de qué establo vienen y a quién sirven. Si mañana se las aplican igual, no podrán quejarse de falta de ética; en este juego, quien siembra vientos no tiene derecho a reclamar el parley.

Súmele a esto el presunto escándalo de la UAQ —que, seamos honestos, solo les quita el sueño a los universitarios y a los que quieren sacar raja—, y el cóctel molotov va agarrando cuerpo. Para rematar, tenemos a los actores que ya le perdieron el respeto al sistema y pontifican en redes, como la exrectora al cuadrado, Teresa García Gasca, que ya no tiene vela en el entierro, pero insiste en colarse a la fiesta. O esa creación patrocinada en el semidesierto para desgastar a la alcaldesa de Cadereyta, que ahora, al ver que le reviraron la agresión, se lanza contra el Tribunal Electoral.

Si usted me sigue en X, sabrá que mi concepción de la columna es pervertir al sistema; es decir, romper el statu quo. Los tiempos imploran que alguien rompa el molde, aunque sea a riesgo de la cartera, si es que los destinatarios de estas letras no entienden la señal.

“En la política moderna, el honor es como un billete de tres pesos: todo el mundo habla de él, pero nadie lo ha visto circular. Estos estrategas son tan brillantes que, para apagar un incendio, deciden arrojarle dinamita… y luego se sorprenden de que las cenizas les ensucien el apellido.”

Lenguas Viperinas

Cuentan que en el cuartel general de Morena Querétaro se encendieron las alarmas —y más de una veladora— cuando llegó la noticia del “3 y 3” en la regla de paridad para las gubernaturas. Ahora, por mandato divino (o más bien, de la dirigencia nacional), tendrán que medir mujeres sí o sí. Si a eso le sumamos la paridad nacional, el juego se vuelve un baile de nombres donde la meritocracia local suele rendirse ante la bendición del centro. Vayan anotando a las posibles candidatas: Beatriz Robles, Andrea Tovar, Celia Maya y Astrid Ortega en ese orden de aparición y de peso específico. Porque en este corral, la mano de Mario Delgado pesa lo suficiente como para inclinar la balanza, y ya verán que los que hoy se sienten “muy gallos” terminarán de “Juanitos” si la instrucción viene firmada desde la capital.

“En Morena, la paridad de género es ese milagro estadístico donde todos los hombres están a favor de la igualdad, siempre y cuando la candidata sea de su grupo. Al final, estos estrategas son tan brillantes que, para apagar un incendio, deciden arrojarle dinamita… y si la explosión es rosa, hasta celebran el decorado.”

Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo solo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean! No se mortifiquen la existencia, que la vida ya es bastante complicada como para andar leyendo letras incomodas.

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Last modified: 9 marzo, 2026
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