El Teatro de Revista de Morena y el Milagro del Aguacate
A nadie, salvo a los muy ingenuos o a los que acaban de llegar de otro planeta, le sorprendieron los “destapes” de la semana pasada. Todo fue cortesía de esa calendarización teatral, digna de carpa de pueblo, que armó el Comité Ejecutivo Nacional de Morena. Resulta ocioso y una solemne pérdida de tiempo detenerse en los detalles de un guion tan predecible. Sin embargo, sí vale la pena sentarse a observar el papelón que tendrán que jugar, sí o sí, las mujeres, y muy en particular la presidenta municipal de Cadereyta, Astrid Ortega. A la pobre mujer le armaron una magnífica estrategia de desgaste —impulsada por ya enfermizo repudio a su grupo de pertenencia— que terminó saliéndoles el tiro por la culata: le regalaron un teflón político a prueba de tontos. A punta de periodicazos la hicieron madurar como los aguacates —a puros golpes—, convirtiendo a sus peores detractores en sus jefes de campaña gratuitos. Hoy, para el votante morenista, que es el único que importa en este circo, la han posicionado, junto a Gilberto Herrera Ruiz, como la candidata ideal para la izquierda por la notoria incomodidad que le representa al gobierno. Y en este país, ser la piedra en el zapato ajeno la pone en la boleta del 2027 en la posición que se necesite, apoyada en la insuperable ventaja del género, les guste a los señores o no.
“En la política mexicana, la difamación es el mejor fertilizante: entre más lodo te tiran, más rápido te crecen las alas para volar al presupuesto.”

El Espejismo Local y la Factura del Consultor
Ahora bien, aunque a la parroquia local le encanta constreñir las decisiones a la geografía del estado y rezarlo como dogma de fe, la penosa realidad es que todo dependerá de los caprichosos actores y escenarios nacionales. Primero está el siempre manoseado tema de la equidad. Si hiciéramos el milagro de creer que respetarán las encuestas, el sentido común arrojaría a Santiago Nieto como el candidato natural. Pero, seamos francos: allá arriba difícilmente van a arriesgar el proyecto nacional bajando una apuesta segura por un simple “ya veremos”. A menos, claro, que en el CEN guinda lean las hojas de té y vean un empate técnico donde Nieto sea el factor salvador. Cosa que, a decir verdad, se antoja poco más que imposible, pues está científicamente comprobado que en este partido lo que gana es la marca y no el fulano; por más que los finísimos consultores cobren sus buenas sumas para decir otras cosas y justificar su pago. Como sea, en este país todo puede pasar y más vale estar alertas a las señales del centro.
“El consultor político es aquel charlatán de lujo que te cobra por adelantado para explicarte, con gráficas de colores, por qué el dedazo de la capital siempre tuvo la razón.”

El Estado Comodín y las Delfinas del Bajío
Hay otro escenario, con muchísima mayor probabilidad que el cuento de hadas anterior: que Querétaro asuma con docilidad su función tradicional en el espectro nacional de Morena y vuelva a ser el “estado comodín”. Ese territorio de sacrificio ideal para cumplir, sin despeinarse, con la dichosa cuota de género. Y aunque en el papel esto le suene a música celestial y a un escenario comodísimo a los señores de Acción Nacional, harían mal en destapar la champaña porque puede ser una hoja de doble filo. Un perfil como el de Betty Robles, bien trabajado y con suficiente saliva, podría transmutarse en la “Delfina queretana”. O, por qué no, la mismísima Astrid Ortega, que ya trae vuelo para dar el perfil de mujer rompiendo techos de cristal. Que los de enfrente hagan el ejercicio de imaginárselo antes de irse a dormir tan tranquilos.
“Confiarse en política es como sonreírle al carnicero: tú crees que te está saludando amablemente, pero él ya te está calculando los kilos en canal.”

Las Encuestas de Basurero y el Canje de Estampitas
Y, por último, y no por ello menos probable en nuestra gloriosa tradición democrática, está la nada remota posibilidad de que las famosas encuestas de Morena valgan para pura madre. En este bonito escenario, el estado sería cedido graciosamente en coalición al Partido Verde, a cambio de San Luis Potosí, como si los dirigentes estuvieran intercambiando estampitas repetidas en el patio del colegio. En ese río revuelto es donde se colaría Ricardo Astudillo, configurando un verdadero trabuco de pronósticos reservados donde los principios estorban. Habrá que sentarse a esperar el desenlace, pero por lo pronto el circo ya abrió sus puertas, esto ya empezó, y empezó calientito.
“La democracia de coaliciones es el mercado de pulgas de la moral: los ideales se rematan a peso y las convicciones se alquilan al mejor postor para pasar el fin de semana.”

El Comensal Silencioso y el Cucurucho de Palomitas
Dicen las sabias lenguas, con esa precisión de recetario de la abuela que rara vez falla en la grilla, que el que come callado, come dos veces. Esa parece ser la rigurosa dieta del diputado local Arturo Maximiliano García Pérez, pues el pasado fin de semana comenzó a circular en los teléfonos celulares una de esas milagrosas encuestas por mensaje de texto que, ¡oh, sorpresa!, lo ubica con un nada despreciable 25% de las preferencias rumbo a la gubernatura del estado. La cifra, sea obra de un becario entusiasta o un genuino milagro estadístico, suena lógica y hasta verosímil: a fin de cuentas, “el Meño” es queretano de cepa, lleva a cuestas el desgaste de dos campañas seguidas como penitencia y, detalle no menor dada nuestra actual fauna política, tiene un semblante que no sugiere que te vaya a soltar una mordida o a vaciarte la cartera al menor descuido. Pero no nos hagamos tarugos; más allá de las encuestas —que a la hora del dedazo valdrán exactamente lo mismo que un cucurucho de maíz palomero en medio de un huracán—, lo que verdaderamente pesa son las relaciones de poder en la gran metrópoli. Porque a diferencia de esa legión de mitómanos locales que juran desayunar, cenar y mandarse memes por WhatsApp con Marcelo Ebrard, Arturo sí es de sus confianzas. Si a eso le sumamos que su relación con Alejandro Ramírez Magaña (CEO de Cinépolis) funciona como la amalgama perfecta, el escenario está servido: si Querétaro entra en el paquete de negociaciones de Marcelo, “el Meño” será el gran beneficiado. Todo esto, por supuesto, dejaría calentando la banca a un Santiago Nieto al que, a cuentagotas y por culpa de su inagotable afición a cometer indiscreciones tanto en público como en lo oscurito, le han ido retirando la confianza desde el centro.
“En la política de altura, las encuestas son confeti para que se entretenga la perrada; las candidaturas de verdad se reparten en la mesa, entre cuates, y con la boca bien cerrada para que no entren las moscas de la indiscreción.”

El Hulk del Bajío y la Miopía del Llano
Por último, resulta casi tierno ver cómo más de un “cuatrotero” de cepa local salió a festinar, con esa alegría de quien encuentra un peso en la calle, el posicionamiento de Ricardo Astudillo respecto al voto de su fracción en contra de la reforma electoral. Hubo incluso varios miopes que, con una celeridad digna de mejores causas, distribuyeron el asunto como si fuera la esquela de sus aspiraciones políticas, dándolo ya por muerto y sepultado bajo los escombros de la congruencia. Pero lo cierto es que Ricardo no hizo más que seguir, con la precisión de un relojero suizo, el guion que ha interpretado durante los últimos veinte años: el guion del Partido Verde, así de sencillo. Astudillo sabe perfectamente que su futuro no depende de los aplausos o los abucheos de la tribuna local, sino de que su nombre sea puesto en la mesa de las decisiones reales por sus amigos y mentores, Arturo Escobar y Manuel Velasco; lo demás, para él, es pura escenografía. Es increíble que, tras lustros de verlo jugar la misma partida, los morenistas locales aún piensen que sus gestos y gruñidos le provocan algo más que una discreta risa al “Hulk” de la política queretana. Siguen sin entender que, mientras ellos se desgarran las vestiduras en el llano y se pelean por las migajas del purismo, él ya está bañado y cambiado para jugar la final en el estadio de la primera división nacional.
“En el circo de la política, el que juega en primera sabe que la lealtad es un concepto elástico: se estira para alcanzar el presupuesto y se encoge para ignorar a los que gritan desde la banqueta.”

Avispas en el Picnic y Fantasías del Universo 444
Pero no se equivoquen, que también en el PAN hace aire y las ráfagas levantan polvaredas bastante cómicas. Quien anda ahora más movida que avispa en picnic de domingo es la diputada Lorena García, a quien le ha dado por contagiarse de esa fiebre tan común y tan dañina llamada “encuestitis”. Con una alegría digna de mejor causa, anda distribuyendo un sondeo donde, por obra y gracia de su imaginación, saca totalmente de la jugada a Tania Palacios y se coloca, muy oronda, por encima de Sonia Rocha, Ana Paola López Birlain y la mismísima “Dama de Platino”, Lupita Murguía. Semejante hazaña estadística no sería posible ni en el Universo 444, ese lugar imaginario donde México se llama “Panilandia” y reina su Alteza Serenísima, Cerillo Primero. Hace apenas unos meses advertía yo que la diputada podría convertirse en un dolor de muelas para el panismo local, y ya empezó la picazón. Pero en esta vida nada es gratis: estos son los resultados naturales de invitar a la mesa a comensales que no conocen las reglas de etiqueta política, de carecer de una ruta crítica medianamente estructurada y de postergar la definición de un candidato, dejando que cualquiera con un teléfono y una cuenta de encuestas patito se sienta el elegido.
“En el escalafón de las ambiciones, no hay nada más triste que un político que se cree sus propias mentiras; es como el que se toma la temperatura con un termómetro de juguete y se sorprende de no tener fiebre mientras el partido ya se le está deshaciendo en las manos.”

Lenguas Viperinas
Cuentan que el reciente viaje a la FITUR en Madrid no sólo dejó fotos con el Rey, buenas relaciones diplomáticas y el muy comentado auto descarte de Marco del Prete a sus aspiraciones por la grande —anuncio que, curiosamente, se soltó en tierras españolas para que el eco llegara amortiguado por el Atlántico—, sino también un drama de alcoba gubernamental. Dicen que un colaborador cercanísimo al gobernador, de esos que parecen parte del mobiliario, presentó su renuncia tras notar que su ausencia pesaba menos que su presencia. Sin embargo, la dimisión no fue aceptada, no por amor o eficiencia, sino por pura estrategia de manual: cuentan que Fernando Vázquez Rigada aconsejó que soltar a un alfil en este momento sería leído como una debilidad frente a una jauría que ya huele la sucesión. Así que ahí sigue el susodicho, porque en política es mejor tener a un cansado adentro que a un resentido afuera.
“En el servicio público, la renuncia es como el arrepentimiento: sólo es válida si el jefe te deja ir, porque si te quedas a la fuerza, ya no eres colaborador, sino un rehén con derecho a viáticos.”
A manera de postdata
Por cierto, para enterarse de los chismes que se cocinan en los pasillos de Palacio no hace falta andar mendigando una invitación —ni tampoco cargar con el estigma de ser el apestado— en las tertulias del “Café con Kuri”. En este oficio, lo que se necesitan son fuentes de esas que no brotan en maceta ni se compran en el mercado de artesanías. Mientras algunos se desviven por una migaja de atención oficial, la verdadera información fluye por los sótanos y las escaleras de servicio, lejos del aroma a café gourmet y de las sonrisas ensayadas. Al final, en el gran mercado de las verdades a medias, lo que cuenta no es quién se sienta a la mesa, sino quién sabe qué ingredientes se echaron a la olla antes de que llegaran los invitados.
“En el jardín del poder, los que se creen jardineros sólo ven las flores, pero son los que hurgan en la tierra los que saben dónde está enterrado el abono que hace que todo huela tan mal.”
Como siempre, la mejor opinión es la suya. Yo sólo les pido que no me crean a mí, sino que les crean a sus propios ojos; y si de plano no les gusta lo que aquí se escribe, ¡por favor, no me lean! No se mortifiquen la existencia, que la vida ya es bastante complicada como para andar leyendo letras incómodas.
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