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Del desierto al hogar: la historia de los queretanos varados en Dubái

HISTORIAS: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX

FOTOS:RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

Para Lety Garfias, Rafael Castrejón, David García y Judith Galindo conocer Dubái era un sueño planeado durante meses. La ilusión era grande, pero sus expectativas se transformaron en tensión cuando el inicio de la guerra alteró sus planes de regreso a Querétaro y quedaron varados sin vuelos por el cierre del espacio aéreo hasta que intervino el gobierno estatal.

Tras su regreso, narran a LaLupa.mx cómo vivieron los días en que el conflicto bélico los sorprendió en Dubái una madrugada en la que los celulares sonaron al mismo tiempo para advertir la presencia de misiles. El miedo de no saber el alcance de la guerra, la angustia de no tener una idea de cómo actuar ante las alertas y la preocupación de no saber cómo pagar los gastos extra por no poder salir.

Lety Garfias, productora y conductora del programa Corazón de Radio en Radio UAQ 89.5 FM, planeó su viaje a Dubái con ocho meses de anticipación. Anhelaba conocer la gastronomía, el desarrollo tecnológico, la arquitectura futurista y la manera de construir una ciudad en medio del desierto con visión de futuro.

A la extrema derecha aparece Lety Garfías, de lentes

El grupo planeaba estar 17 días en esa región, pero el 28 de febrero la tranquilidad se rompió de forma inesperada cuando inició el conflicto bélico que los obligó a permanecer ocho días más de lo previsto.

“Estaba con mis hijos y mi nuera en el desierto, comenzaron a sonar alarmas por una posible amenaza de ataque con misiles. Fue un momento muy impactante porque pasamos de vivir una experiencia de contemplación a sentir tensión e incertidumbre”.

Durante los días de espera, su estado emocional y mental estaba en alerta constante, pero mantuvo una profunda fe gracias a la unión con sus tres hijos y su nuera, además del acompañamiento espiritual de dos personas cercanas a ella en Barcelona, Ian Navarro y en Colombia, Osmar Domínguez. También a la distancia, su familia y amigos estuvieron pendientes en todo momento.

“Siempre estuve en comunicación con ellos. Sentí una gran red de amor y de fe porque muchas personas estaban orando por nuestra seguridad y nuestro regreso a casa. Una situación de guerra te pone en un punto de quiebre emocional. Mi mayor preocupación eran mis hijos porque tienen hijos pequeños, mis nietos. Pensar en ellos y en sus familias era lo que más ocupaba mi corazón”, recuerda Lety.

La esperanza se fortaleció cuando el grupo de viajeros recibió la noticia de que el gobierno estatal intervendría para que regresaran a México. “Cuando supe que el gobernador Mauricio Kuri y su equipo estaban entrando para ayudarnos a regresar, sentí que las oraciones de todos habían tocado su corazón. En ese momento sentí confianza, esperanza y una profunda gratitud”.

Todavía recuerda el momento en que vio el cielo de Querétaro. “Fue muy emotivo. Me estremeció ver en la noche las luces de Querétaro, cuando el avión iniciaba su descenso. Sentí que salía del desierto y regresaba a mi cielo perfecto. A mi hogar, a mi querido Querétaro”.

Los primeros miedos

El abogado y actor Rafael Castrejón Armendáriz visitaba por segunda vez Dubái, después de nueve años de visitarlo por primera ocasión. Durante 12 meses planeó este viaje con la ilusión de conocer Jordania, a la que ya no pudo llegar porque estalló la guerra. “Era mi mayor ilusión. Habíamos conocido Baréin, Qatar, Abu Dhabi. Íbamos llegando del crucero que nos llevó a todas esas ciudades y llegamos a Dubái cuando eso ocurrió”.

Rafael recuerda la incertidumbre y la sensación de que no podía ocurrir una guerra después de tanto planear el viaje. “Justo al bajar del barco nos enteramos: Estados Unidos acababa de bombardear Irán y pensamos pues esperemos que no vaya a tronar aquí. Pasa un día y empieza en Dubái. Fue algo tan parecido como lo que vivimos en la pandemia, porque todavía no visualizas el alcance de lo que va a pasar”.

Los queretanos viajaban en dos grupos. Uno hacía un viaje más corto y el segundo, en el que se encontraba Rafael, se extendía por la visita a Jordania. Todos recuerdan el 28 de febrero cuando sonó por primera vez la alarma antimisiles, a las 2 de la mañana.

Los celulares sonaron al mismo tiempo con un ruido similar a la alerta sísmica, pero en lugar de advertir un sismo, informaba que era una alerta de misil y que debían refugiarse. Cuando escuchó ese ruido, Rafael asumió la lógica cinematográfica: un búnker, como en las películas, pero después se preguntó “¿qué búnker?¿Quién dijo que va a haber un búnker? Parecía hasta comedía. Hubo quien bajó y en el lobby les decían que subieran a sus cuartos. Otros dicen que sí los metieron a un cuarto”.

En aquel momento Rafael recordó que antes de las alertas distinguió, en el desierto, algo parecido a “un cuete de pueblo, de abajo arriba, pero no había alerta de misiles, estaban en los festejos por el Ramadán. A los minutos vi otro. En el coche de regreso a la ciudad también lo vimos y estábamos callados, vimos las primeras noticias de misiles en Dubái, pero no había nada en Dubái”.

Sabía que se cancelaría la visita a Jordania, pero confiaba que alcanzarían un vuelo de regreso. Como la gente hacía su vida normal en las calles, el grupo se sintió más tranquilo. Sin embargo, “salías y escuchabas en el cielo ‘Pum’, una lucecita y de repente, otras tres de abajo. Ya la gente te decía: tranquilos, todo eso que escuchan son los antimisiles recibiendo a los misiles y lo que cae son drones, que no son tan potentes como un misil y fragmentos de misiles”.

A pesar de las explicaciones, las autoridades decidieron cancelar el cañón final de los festejos del Ramadán porque al escucharlo la gente corría de los restaurantes y los establecimientos. Además, cambiaron el sonido de la alerta que avisaba que pasó el conflicto para disminuir la tensión.

Esconderse en un clóset con almohadas

Judith Galindo Palafox es maestra jubilada. Cuando escuchó la alarma antimisiles en la madrugada una de sus compañeras le dijo que se metiera al clóset con unas almohadas. Judith obedeció pero después de un rato decidieron bajar y encontró a jovencitos estudiantes de Italia que lloraban.

“Los niños lloraban, Marce, una amiga, se metió a un cuarto, un búnker, abracé a tres niñas, tratando de calmarlas, no podía comunicarme con ellas. Después nos pidieron subir. No sabíamos cómo proceder, en el desayuno comentábamos cada quién lo que había hecho”, relata Judith.

Algunas compañeras se quedaron a dormir en el lobby y lo contaban. En medio del miedo, reían por la decisión de meterse con almohadas al clóset, porque no sabían cómo eso les daría más seguridad.

“Estaba espantada, pero me enfocaba en estar bien, llevaba a unas amiguitas y me preocupaba cómo se sintieran, pero teníamos muy buenos líderes (Rafael y David), porque todo el tiempo estuvieron preocupados por nosotros. Nos hicimos como una familia, apoyando y ayudando, sabíamos que no podíamos regresar ni seguir el viaje, pero valoramos muchísimas cosas más y confirmamos que tú propones y Dios dispone”.

Unos días antes de irse de Dubái, acudió a un hospital que estaba al lado. “No te daban el medicamento sin revisarte primero, te cobraban cien dólares por revisarte y te pasaban con un especialista. Me empezó tos y temperatura, fui porque dije no me voy a morir. Fueron cien dólares por la consulta más el medicamento. Una amiga me decía no tengo medicamento para la presión pero tenía que pagar primero y yo le di de mis pastillas aunque no eran las mismas, era preocupante”.

“Me dormí vestido”.

El abogado y empresario David García despertó de madrugada con la primera alarma anti misil, se vistió y recibió un mensaje de su prima preguntando qué hacer. Los dos coincidieron en que tenían que bajar y buscar un búnker. “Se escuchaba en el pasillo que la gente corría, como que entraron en pánico, el hotel estaba lleno y mucha gente gritó, corrió”.

Su prima le avisó que los regresaron a sus habitaciones y les recomendaron no acercarse a las ventanas. “Me dormí vestido porque me dio miedo que volviera a sonar”. David recuerda el primer mensaje a su celular por la alarma antimisiles: refúgiate inmediatamente en el edificio más cercano y seguro, manténgase alejado de ventanas y paredes exteriores. Esperen más instrucciones.

“Empecé a recibir muchas llamadas de México. Tuvimos contacto con el secretario de gobierno estatal, Eric Gudiño, y recibí un mensaje del gobernador. Me dijo: Soy Mauricio Kuri, gobernador de Querétaro, ¿puedo hacerte una llamada? Dije sí. Me preguntó cuántos éramos, cómo nos sentíamos y nos dijo: Yo los voy a apoyar, voy a hacer lo que esté en mis manos para poderlos regresar”.

Desde ese momento, Eric Gudiño se comunicó tres veces a día con el grupo de queretanos y gestionaron el acercamiento de la embajada. Al mismo tiempo la agencia de viajes buscó todas las posibilidades para regresarlos a México para reagendar los viajes lo más pronto posible.

Incertidumbre y presión económica

Una de las mayores preocupaciones para todos los queretanos fue ver que se extendía su estancia en Dubái y debían pagar las noches de hotel y los alimentos, un gasto que no tenían previsto.

“Ya habíamos pagado el viaje, llevábamos un poco de dinero extra para lo que se necesitara pero ya no teníamos recursos y empecé a tarjetear, a generar deuda cada día sin saber hasta cuándo. No es lo mismo quedarte sin dinero en tu país que quedarte sin dinero en otro país, llegó un momento en que comía dos veces al día”, señala Rafael.

A eso se sumaron algunos comentarios “infortunados”. “Nos dolían, decían en las redes ¿por qué van a apoyar a esa gente si son ricos? Si tienen para irse tienen para regresarse y no se trataba de dinero, sino de que el cielo estaba cerrado, no había cómo salir. Nos veían como personas que no merecen apoyo. Es muy fuerte cuando el hotel se va vaciando por nacionalidades que sí fueron rescatadas, se fueron los italianos, los españoles, los rusos y quedábamos los mexicanos”.

En medio de ese escenario, les tocaba leer comentarios que decían: si los regresan, a mí también que me paguen unas vacaciones. Lo peor, es que en las aerolíneas solamente encontraban un lugar por 200 mil pesos y eran 54 queretanos que esperaban regresar. Algunos entraron en pánico y regresaron “cantidades bestiales de dinero porque ya no aguantaban escuchar la alarma de misil”.

Los comentarios eran tristes, dice Judith, porque no saben lo que hice para hacer ese viaje. Soy maestra jubilada, creo que lo merezco, lo tenía todo pagado, a nadie le pedí nada y que me digan ay no los ayuden pues imagínate. Yo ahora estoy muy agradecida, primero por los jovencitos, Rafael y David, porque no permitieron que el grupo se alterara ni se desintegrara, estuvimos juntos en esto.

Por eso, en el momento en que recibieron el aviso de “mañana empezamos a ir por ustedes, no lo podíamos creer”. David explica que el secretario de Gobierno le detalló que primero irían por las Personas Adultas Mayores, personas con comorbilidad y niños y al final todos los demás, con regresos que iniciaron los días 9 y 10.

Ver las luces de Querétaro

Narra que cuando le tocó regresar en el avión, hubo un retraso para el despegue. Pasó una hora, el avión se empezó a mover, pero se detuvo, pasó hora y media, el avión en posición y sonaban las alarmas.

El capitán anunció: hay alerta de misil, estamos esperando indicaciones de la torre de control porque vamos a tener que regresar a posición. Íbamos a posición, volvieron a sonar las alarmas y luego despegó”.

Para Rafael la experiencia fue muy frustrante, porque él viajó primero, pero su familia en vuelos posteriores. “Eran tantas emociones tan extrañas, porque yo me iba pero mi familia se quedaba, pero me quedé dormido y no supe más hasta aterrizar en Madrid, por el agotamiento, por la frustración”.

Judith se acuerda que cuando vio el cielo de Querétaro el ánimo de todos cambió. “Estábamos en casa, el recibimiento fue maravilloso. Pensaba: qué bonito está Querétaro, qué bonito, qué organizado”, platica y Rafael agrega que en cuanto cruzaron el cielo se hicieron conscientes de que “vivimos en un buen país”.

Ahora consideran que se trató de una experiencia que tenían que vivir y aprender. David reflexiona sobre lo vulnerable que es la vida y la importancia de buscar siempre lo positivo de cada situación. Rafael estima que fue una enseñanza de que se debe vivir el presente porque las cosas cambian a cada momento y valorar la cultura mexicana.

“Algo que nunca dejó de pasar en el grupo mexicano es que nunca se perdió el sistema del humor, eso nos permite sobrevivir circunstancias que están fuera de nuestro control y siempre muy agradecidos porque cuando se hace equipo ves el respaldo desde donde venimos”, expresó Rafael.

A su vez, Judith sostiene que “el amor hace muchas cosas, en estos dos muchachos vi un amor por todos nosotros, el cuidarnos, el hacer que regresáramos, esto es una familia, hicieron una familia muy buena”.

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Last modified: 17 marzo, 2026
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