Autoría de 3:30 pm Desde la UNAM

Litio en México: entre el entusiasmo y la realidad geológica – Mónica Ramírez Calderón y Gilles Levresse

*Imagen: Mina de litio en Chile. Foto: Reinhard Jahn (CC Attribution ShareAlike 2.0).

Durante los últimos años, pocas palabras han despertado tanto entusiasmo como “litio”. Aparece en discursos políticos, titulares de prensa y conversaciones sobre el futuro de la energía. Se le presenta como el mineral que impulsará la movilidad eléctrica, la transición energética y, para algunos países, una nueva etapa de desarrollo económico.

En ese contexto, México comenzó a figurar en el mapa global del litio. De pronto escuchamos que el país podría convertirse en una potencia, que posee grandes reservas y que estamos frente a una oportunidad histórica. Pero cuando una idea se repite tantas veces, vale la pena detenerse y preguntarse: ¿qué tan cierto es todo esto?, ¿qué nos dicen realmente las geociencias?

Para entenderlo, conversé con el Dr. Gilles Levresse, investigador del Instituto de Geociencias de la UNAM, quien ha dedicado años al estudio de los depósitos de litio en México.

La primera sorpresa es que actualmente México no produce litio. Aunque existen zonas con potencial reconocido, encontrar litio no significa automáticamente contar con un yacimiento explotable. La diferencia es enorme.

Desde 2022, el litio fue declarado mineral estratégico y su exploración y aprovechamiento quedaron bajo control del Estado mexicano. Paralelamente, diversas instituciones han evaluado el potencial del país y han identificado numerosas anomalías químicas asociadas con este elemento. Sin embargo, una anomalía no es una mina, ni una reserva, ni mucho menos una fuente inmediata de riqueza.

La geología suele ser menos espectacular que los titulares. Para que un descubrimiento se convierta en un proyecto minero viable se necesita mucho más que la presencia del elemento. Primero, debe existir suficiente concentración y volumen de roca. Después, es necesario demostrar que puede extraerse mediante métodos técnicamente viables, que existen procesos metalúrgicos capaces de separarlo de manera eficiente y que, además, todo el proceso resulta económicamente rentable.

Es decir, entre encontrar litio y producir una batería hay un largo camino que involucra geólogos, ingenieros mineros, metalurgistas, economistas y años de trabajo.

Un ejemplo reciente es Puebla. En distintos momentos se han difundido noticias sobre hallazgos de litio en el estado. Sin embargo, lo que los estudios geológicos han encontrado son concentraciones interesantes en algunas rocas, no necesariamente depósitos con el tamaño y las características necesarias para convertirse en minas productivas.

De hecho, gran parte del potencial mexicano se encuentra asociado a depósitos de arcillas, uno de los tipos más complicados para la extracción de litio. Su explotación requiere procesos costosos, un importante consumo energético y desafíos ambientales que todavía se encuentran bajo evaluación en muchas partes del mundo.

Y aquí aparece otro elemento importante: las expectativas.

La narrativa pública suele avanzar más rápido que la evidencia científica. Mientras la política necesita resultados visibles en plazos cortos, la geología opera en tiempos completamente distintos. Entre el descubrimiento de un depósito y el inicio de una operación minera pueden transcurrir diez o quince años, y en muchos casos los proyectos nunca llegan a concretarse. 

Esto no significa que México carezca de potencial. Significa, simplemente, que el potencial no es sinónimo de riqueza inmediata.

Además, el mercado global del litio tampoco es tan estable como suele pensarse. Los precios han experimentado fuertes fluctuaciones en los últimos años, nuevas tecnologías de almacenamiento energético están emergiendo y las técnicas de extracción continúan evolucionando. El escenario de hoy podría ser muy distinto dentro de una década. 

Por eso, quizá la lección más importante es que las geociencias nos invitan a mirar más allá de los titulares. Nos recuerdan que la Tierra no responde a nuestras expectativas políticas o económicas, sino a sus propias condiciones geológicas.

México tiene litio. Eso es cierto. Pero la pregunta relevante no es únicamente dónde está, sino cuánto hay, cómo puede extraerse, cuánto costaría hacerlo y qué consecuencias tendría. Las respuestas todavía están en construcción.

Y tal vez ahí reside lo más interesante: comprender que el futuro no depende únicamente de los recursos que existen bajo nuestros pies, sino de nuestra capacidad para entenderlos con rigor científico, evaluar sus posibilidades reales y tomar decisiones informadas.

Porque en geociencias, como en la vida, las oportunidades más valiosas suelen encontrarse entre el entusiasmo y la evidencia.

La maestra Mónica Ramírez Calderón es profesora en el Instituto de Geociencias de la UNAM Campus Juriquilla. El doctor Gilles Levresse es investigador en la Facultad de Ciencias de la UNAM

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Last modified: 21 junio, 2026
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