No hay plazo que no se cumpla, y este domingo terminó para millones de mexicanos el mundial prestado, el mundial en el que unos pocos hicieron durante años un enorme esfuerzo económico, casi sobrehumano y otros muchos les fue fácil, un gasto más.
Una vez más, todos vivimos fiestas e ilusiones inolvidables, más allá de la edad y generación, todos soñamos otra vez, como cada 8 días con tu equipo local de futbol. Hoy terminó y se ratificó la razón real porque nos prestaron una rebanada del pastel; hoy regresamos todos a la realidad cotidiana.

Patéticamente todos seguimos siendo la materia prima de los dueños del balón; hoy también en cada rincón de México, de todos los políticos, sus partidos y sus gobiernos.
Pero bueno, regresando a la cancha ¿por qué seguimos sin trascender?
Si bien cada uno, tendrá una respuesta, a título personal son dos factores: el dinero y la pasión ciega de la mayoría de los aficionados incondicionales al futbol mexicano.
Lo del dinero es claro y evidente: medio$ de comunicación paleros —matraqueros— en todos los niveles del futbol, que a su vez, desde el llano con la talacha, con agachar la cabeza con directivos y promotores, inflan todo, y consiguen que hasta el verdadero aficionado, el que siempre está, al que más explotan, agreden y ningunean cada semana, siga estando y hasta le molesten estas palabras.

Hoy, la cantidad de extranjeros en primera división —y en todas partes— hace evidente que el negocio está por encima de todo, inclusive, hoy en muchos equipos de la Liga MX, se da prioridad a traer jugadores extranjeros de medio pelo… en fuerzas básicas. No se necesita tener un ‘Atari’ para levantarse temprano un domingo, y encontrar, a uno de los cientos diamantes sin pulir, femeniles y masculinos que hay en todas partes.
En el tema de extranjeros, he tenido la fortuna y privilegio de ver dentro del campo de juego y fuera de él, a grandes jugadores y a grandes seres humanos, dolorosa y desafortunadamente, son los menos. Eso los hace valer más.

En fin, si bien el romance y la poesía de algunos es hermosa, la prosa burda pinta para que siga siendo nuestra triste realidad; para que sigamos siendo, los pellejos, de la “carnita asada” de tan sólo unos cuantos.
Soberanía, una palabra que no existe, y mucho menos en “nuestro” futbol.
La Frase.
“Nuestro grito de guerra ‘sí se puede’ es un recordatorio de que los nuestros casi nunca han podido”
Juan Villoro.




