La enfermedad de Chagas es un mal del que muchos mexicanos nunca han oído hablar. Se describió en 1909 por Carlos Chagas como un padecimiento causado por un parásito microscópico, llamado Trypanosoma cruzi o T. cruzi, un organismo más pequeño que una célula humana. A inicios del siglo XX se pensaba que era poco común, pero a mediados de siglo, después de revisar suero y sangre de muchas personas, se encontró que un buen porcentaje tenían la enfermedad (alta prevalencia), sobre todo en zonas rurales. La Organización Mundial de la Salud la considera una enfermedad tropical desatendida, es decir, no se presta mucha atención a su detección, reporte o tratamiento [1, 2]. Por ello, se pensaba que sólo existía en países pobres cercanos a los trópicos, pero ya se ha detectado en países de Europa y Asia, haciéndola más visible para los sistemas de salud.
El T. cruzi infecta varias especies de insectos que se alimentan de sangre (hematófagos). Todos ellos pertenecen a un grupo de chinches llamado Reduviidae [3], a las que se les conoce como “chinches besuconas, triatominos o pic”. Estos insectos viven en los árboles, en las grietas de las paredes y en los techos de madera, lámina y palma de las casas, principalmente en comunidades rurales. Por las noches salen a alimentarse de la sangre de animales silvestres, de animales de granja, de mascotas y de humanos. En el insecto, los parásitos se reproducen en su intestino y los excretan en sus heces, cerca de donde comen (Figura 1). Después de una picadura, da comezón y los animales y personas se rascan. De esta manera meten los parásitos al cuerpo, es decir, se infectan, pero también pueden entrar a través de la boca, los ojos y las heridas. Este tipo de contagio se conoce como transmisión por un vector (la chinche). Otras maneras de contagiarse son por transfusión con sangre infectada, a través de alimentos y bebidas contaminadas con heces, por consumo de carne con poca cocción y también durante el embarazo, de madre a hijo [4].
Ya en los mamíferos, los parásitos entran en las células de órganos como el hígado o el corazón, donde se transforman y viven como células inmóviles que se multiplican, haciendo crecer los órganos. A veces son tantos que rompen a la célula en la que vivían, quedando libres. Entonces se mudan a otras células e incluso a la sangre (Figura 1). De esta manera, si una chinche sana toma sangre de un animal enfermo también se enferma, y cuando la chinche pica a un animal sano, lo infecta y así se continua el ciclo.
Los síntomas inmediatos pueden parecerse a los de una gripe; hay fiebre, malestar general, inflamación de ganglios, dolor muscular y cansancio extremo. A veces se inflama el sitio de la picadura (chagoma). Si el T. cruzi entra por el ojo, este se hincha (signo de Romaña). Después de un tiempo el malestar desaparece, pero la enfermedad se queda durante años, razón por la que alrededor del 30 % de las persona infectadas puede desarrollar problemas cardiacos o digestivos graves.
En México se conocen 31 especies de insectos triatominos y al menos 19 especies pueden adaptarse a vivir cerca o dentro de los hogares. Se han encontrado chinches infectadas en Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Morelos, Jalisco, Guerrero y Yucatán. En menor cantidad, también se encuentran en los demás estados (Figura 1).
Los casos suelen ser detectados cuando las personas donan sangre o participan en estudios de investigación, es decir, lo descubren por accidente. Aunque existe tratamiento, este requiere diagnóstico y atención oportuna.
¿Cómo prevenir la infección por T. cruzi?
El conocimiento es la mejor arma. Los ciudadanos pueden vigilar el entorno y reportar la presencia de insectos triatominos para generar mapas de las zonas de riesgo y para implementar planes de control biológico. Pero también la ciencia ayuda.
En el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada del Campus Juriquilla de la UNAM, en conjunto con el Instituto Tecnológico de Mérida, usamos ondas de choque producidas en agua, son como super olas de energía que se mueven más rápido que el sonido y comprimen el agua. En el agua hay burbujitas de aire que se aplastan y lanzan chorritos de agua rapidísimos parecidos a agujas, con los que hacemos mini orificios en las células y les inyectamos moléculas (Figura 2).
Como es peligroso trabajar con el T. cruzi en el laboratorio, porque podemos enfermarnos, usamos sólo sus genes. Recuerda que los genes son las instrucciones que dicen cómo será un humano o cualquier animal. Definen el color de piel y la forma de los pies, pero también dicen cómo serán las proteínas que tienen sus células.
Lo que hacemos es copiar uno o más genes del T. cruzi y los inyectamos en células de hongos usando ondas de choque; así le damos instrucciones al hongo para que produzca proteínas que no son de él. A este proceso se le llama recombinación genética. Después, los hongos funcionan como pequeñas fábricas para producir gran cantidad de proteínas del parásito (Figura 2).
Aunque ahora estamos estudiando varias proteínas, en el futuro seremos capaces de encontrar las mejores opciones para vacunarnos, es decir, seleccionaremos aquellas que permitan entrenar a nuestro sistema inmune para reconocer al T. cruzi y para que nuestro cuerpo pueda defenderse y que no enfermemos. También encontraremos otras proteínas que sean útiles para conocer si estamos infectados, es decir, como sistemas de diagnóstico.


Referencias
- Organización Mundial de la Salud. Enfermedad de Chagas (tripanosomiasis americana) [Internet]. Ginebra: OMS; 2024 Jun 5 [citado 2025 Jun 9]. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/chagas-disease-(american-trypanosomiasis)
- Organización Panamericana de la Salud. Enfermedad de Chagas [Internet]. Washington, D.C.: OPS; [9 de junio de 2025]. Disponible en: https://www.paho.org/es/temas/enfermedad-chagas#2
- Cruz-Reyes A, Pickering-López JM. Chagas disease in Mexico: An analysis of geographical distribution during the past 76 years—A review. Mem Inst Oswaldo Cruz. 2006;101(4):345–354. https://doi.org/10.1590/S0074-02762006000400001
- Salazar‐Schettino PM, Cabrera Bravo M, Bucio Torres MI, Martínez Cruz M, Rojas Esquivel DM, Barrera Torres F, et al. Chagas disease in Mexico: A review with emphasis on Mexican studies from 2000 to 2021. Clin Transl Med. 2023;13(3):e221. doi:10.1002/ctm2.221. https://doi.org/10.1590/S0074-02762006000400001
- OpenAI. Sora. Infección por Chagas en México. [Imágenes generadas por inteligencia artificial]. 2025 Jun 9.
- OpenAI. Sora. Recombinación genética de hongos con ondas de choque. [Imágenes generadas por inteligencia artificial]. 2025 Jun 9.
La doctora Blanca Edith Millán Chiu es investigadora por México, programa de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación; trabaja en el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada de la UNAM
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