La primera vez que participé en una mesa redonda sobre mujeres en la ciencia, estaba a la mitad del doctorado y no sabía que el 11 de febrero era el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Aquel evento organizado por el Instituto Poblano de la Juventud en 2021 fue mi primera vez hablando de una verdad incómoda: la ciencia tiene problemas de género. Lo que comenzó como una reflexión sobre desigualdades se transformó en un proyecto para relacionar el género con mi labor científica.

Las estadísticas globales
En México, por cada 100 hombres que estudian ingenierías hay 45 mujeres. En matemáticas la cifra es aún menor y se ha reportado que sólo el 29 % de los empleos STEAM son ocupados por mujeres. Durante años, normalicé ser la única mujer en seminarios o equipos de investigación, hasta que aquellas mesas redondas me recordaron que yo era la excepción y no la regla.
Como científica, decidí investigar al respecto y descubrí que hay ejemplos que muestran cómo la innovación aumenta cuando los equipos de investigación son diversos. Sin embargo, a pesar de que son una muestra de la importancia de la inclusión, persisten barreras invisibles, como evaluaciones académicas que penalizan la maternidad o la falta de mentorías. Entonces, ¿qué puedo hacer para cambiar esta situación?
De participante a organizadora
En 2023, organicé mi primera mesa redonda en el Instituto de Matemáticas junto a las doctoras Deborah Oliveros y Jocelyn Castro. Invitamos a cuatro generaciones de científicas, una estudiante de licenciatura, una de posdoctorado, una investigadora joven y una investigadora senior. El objetivo era simple, comparar experiencias. El resultado fue revelador, aunque todas enfrentaron desafíos distintos, coincidían en que el amor por la ciencia y los avances en equidad (como políticas universitarias) marcaban la diferencia. Este evento resultó tan gratificante y alentador que, sin duda, es necesario; pero noté que ese tipo de evento tenía un inconveniente, centrarnos sólo en los “problemas” podía generar rechazo en el público. Necesitábamos un nuevo algoritmo.

Dos años después repetí la experiencia, pero ahora de la mano de mis amigas Ileana González, Ruth Corona, ambas estudiantes del doctorado en matemáticas, y la Dra. Oliveros, quien en ese momento era la jefa de la Unidad Juriquilla del Instituto de Matemáticas, del cual todas somos parte. Con un giro diferente, juntas organizamos un evento presencial con transmisión digital. Esta vez invitamos a cinco investigadoras de distintas áreas y diferentes centros de investigación del campus (matemáticas, neurociencias, fisicoquímica atmosférica, ciencias genómicas y geociencias). Añadimos charlas divulgativas sobre su investigación y entrevistas estilo “ping pong con” sobre sus retos personales y profesionales con la finalidad de atraer a un público más joven. La gran sorpresa fue que niñas de primaria y secundaria asistieron, y sus preguntas fueron las más genuinas, interesantes e inspiradoras. En este evento la ciencia —no el género— era el centro (Ver en: https://www.youtube.com/watch?v=5s6-u5OZhwk).
Estos eventos no sólo me llenan de satisfacción y orgullo, sino que confirmaron una idea: visibilizar importa. Cuando en la niñez y la juventud ven a mujeres haciendo ciencia, dejan de verlo como un territorio ajeno. Sobre todo, cuando las instituciones y directivos apoyan estas iniciativas se acelera el cambio. Aunque queda mucho por hacer.
¿Por qué esto importa?
Quise platicar brevemente de estas dos iniciativas que muestran dos formas de hacer eventos de inclusión. Ambos con diferente mecánica, pero el mismo objetivo: visibilizar a la mujer que hace ciencia. Para cerrar, quiero invitar a los investigadores a preguntarse si incluyen perspectiva de género en su quehacer científico, y más aún quiero invitar a los estudiantes a organizar eventos como estos.
Diseñar espacios para hablar de las diferentes experiencias en la ciencia, exponer las barreras y las acciones para mejorarlas es clave para lograr cambios. Los invito a crear más espacios que normalicen a mujeres como expertas, no sólo “casos especiales”. Creo con firmeza que eventualmente estas acciones nos llevarán a un lugar donde ser mujer no sea un obstáculo para hacer ciencia.
Si pensamos en el género y la ciencia como factores de una ecuación, para tener el equilibrio deseado se requiere eliminar los estereotipos y promover modelos de conducta que inspiren. Sigamos mostrando que las mujeres también hacemos ciencia con nuestra visión del mundo y fomentemos juntos entornos más inclusivos.
… Por cierto, todo esto que platique fue sobre incluir a las mujeres en el mundo científico, pero y qué hay sobre hacer investigación que considere la inclusión de géneros como parte de su objeto de estudio, esa será historia de otro café que luego platicaré.
La doctora Tishbe Herrera es investigadora del Instituto de Matemáticas, Unidad Juriquilla de la UNAM
AQUI PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “DESDE LA UNAM”, LA COLUMNA DE LA UNAM, CAMPUS JURIQUILLA, PARA LALUPA.MX
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