Autoría de 11:51 pm #Opinión, Armando Mora - El Ardiente Rabo

La Rochefaucauld – Armando Mora H.

Mostrar las conexiones internas que se establecen como norma del comportamiento de una sociedad, promovidas desde las vértebras del poder económico y político, es la labor de un escritor o un periodista, el ir vislumbrando su mundo, su decadencia; escribir a cabalidad, hasta donde se nos permita observar, y dar la información necesaria sobre lo que para ellos es “moral”. Por eso se debe escribir con mucha tenacidad, que arranque, aunque sean sólo pedazos, sobre ese su comportamiento que va deteriorando, de una u otra forma  a los pueblos, porque nos tiran su justicia, sus escritores, sus actores, sus músicos, sus cineastas, sus “youtubers”, que hoy se dicen periodistas etc.

Mientras esos moralistas del poder nos van mostrando, sin escrúpulo alguno, con sus empleados que nos dejan entrever con sus publicaciones, desde donde se les alaba y justifican su “puritano” manejo de las palabras y de un idioma que día a día, al irlo socavando, en su barca de sus excesos, nos lo venden como virtudes, lo grotesco como una vanidad y el engaño como arraigado en la naturaleza humana.  

Es por medio del fragmento —claro, no es la única forma, pero sí la más directa y veloz— noble y gentil que con la bravura de los marginados y desplazados, de ese pobrerío que vive al día, en que podemos ir encontrando una nueva forma y manera de comportamiento que nos permita sobrevivir ante tanta obscenidad de la mercancía. Un escritor francés, La Ruchefoucalud, encontró en la Máxima, forma de escritura breve que se encamina a mostrar de una u otra manera el comportamiento moral de su sociedad, liberarse con sus textos de aquello que lo oprimía.       

“El perfecto modelo del género está allí: ese es el aforismo aguzado y pulido. Si Racine se puede admirar después de Sófocles, puede leerse La Rochefaucauld (1613-1680) después de Job, Salomón, Hipócrates y Marco Aurelio.” Palabras expuestas en una edición en español sobre las Máximas de La Rochefaucauld por Sainte-Beuve en 1840. En una versión al español por Manuel Machado editado por Casa Garnier Hermanos, no se tiene la fecha exacta de su impresión. Posiblemente entre los primeros años del siglo XX. (Una de las ventajas de poseer primeras ediciones, aparte de observar una belleza de impresión, es decir. Impresión directa, se tienen textos, que en las nuevas ediciones las eliminan y se corta de tajo la esencia del libro.)

Ese perfecto modelo como lo menciona Sainte-Beuve, al referirse al aforismo, al no estar en manos de una banda de bohemios que desean apropiarse de los tenores de la literatura y hacer del mundo del libro su propia vía de interpretación. Muy al contrario muchos textos breves, no todos, es una forma de escritura que es escurridizo, que se va colando entre cada poro hasta alcanzar al sistema nervioso y llevarlo con delicadeza, a veces, al pensamiento, y el resultado puede ser desastroso para el interés del poder económico. Además tenemos que sumarle que es poco cortés y carga metáforas de franco cinismo. Por eso recibe el menosprecio de “los altos jerarcas de las editoriales”.

Una de las características de la Máxima, es que debe poseer en su esencia una carga moral al cuestionar o reafirmar sobre una temática. En los textos de La Rochefoucauld se desprende lo siguiente:

      El mayor milagro del amor, es curar la coquetería.

      Se perdona mientras se ama.

      El orgullo no quiere deber, el amor propio no quiere pagar.

      La hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud.

      Cuando nuestro mérito decae, decae también nuestro gusto.

Para Votaire las Máximas de La Rochefoulcauld son: “Una de las obras que más contribuyeron a formar el gusto de la nación y a difundir un espíritu de justicia y precisión”. Muchos fueron seducidos e influencia de sus textos, entre quien se destaca  Friedrich Nietzche que admiraba su estilo de escritura.

Muchos fracasos literarios sufrió La Rochefoucauld, su interés estaba en escribir grandes textos, como una novela. Pero fracasó. Acudía a salones donde se reunían para conversar e intercambiar puntos de vista sobre sus escritos. Fue hasta que en el salón de Madelaine de Sablé donde poco a poco fue encontrando su forma de escribir para poder transmitir su pensar. Escribió sus memorias que fueron publicadas de forma clandestina por uno de las familias más importantes de la historia de la tipografía: los Elzevires en el año de 1662.

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Last modified: 9 julio, 2025
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