Autoría de 12:36 am #Opinión, Carlos Campos – Pongamos que hablo de libros

José Antonio Mac Gregor y la urgencia de un nuevo pacto cultural comunitario – Carlos Campos

En un tiempo en el que las políticas culturales se debaten entre la inercia institucional y la necesidad de replantear sus fundamentos, Gestión cultural comunitaria (Helvética, 2025) el nuevo libro de José Antonio Mac Gregor llega como un ejercicio doblemente valioso: por un lado, como un texto que recoge la memoria y las experiencias acumuladas, en un periodo de treinta años, de un gestor cultural que ha transitado por espacios comunitarios, académicos e institucionales; por el otro, como un manifiesto que invita a repensar la cultura desde la raíz, alejándonos del centralismo, del asistencialismo, de la romantización efímera y de la visión meramente espectacular que hoy domina el panorama.

Mac Gregor escribe con la voz de quien ha estado ahí: en plazas públicas, casas de cultura, talleres improvisados, festivales que nacen de la autogestión, proyectos que sobreviven a la falta de recursos pero no a la indiferencia política. Su mirada no es la del funcionario que describe programas y sobredimensiona proyectos, sino la del testigo activo que entiende la cultura como un tejido vivo, que sólo cobra sentido cuando se activa desde la comunidad y para la comunidad: cuando —parafraseando a Liliana López Borbón— se hace comunidad desde lo cultural.

A lo largo del libro, José Antonio Mac Gregor desarrolla una reflexión profunda sobre el concepto de «gestión cultural comunitaria». Lo hace recuperando antecedentes históricos, desmenuzando marcos teóricos y, sobre todo, narrando experiencias concretas que ilustran cómo la cultura, entendida como un proceso colectivo, puede generar transformaciones reales en las personas y en los territorios. Hay en estas páginas una clara voluntad de desmontar los clichés: la cultura no es un accesorio ni un espectáculo ocasional, sino un derecho y una herramienta de construcción social.

Uno de los ejes centrales del texto es la crítica a la fragmentación y burocratización de las políticas culturales en México. Mac Gregor señala que, mientras se invierten recursos millonarios en eventos de gran formato que benefician a un público reducido, los procesos culturales comunitarios —esos que requieren tiempo, escucha y acompañamiento— permanecen relegados. No se trata, advierte, de oponerse al arte profesional ni a las expresiones de gran alcance, sino de equilibrar el ecosistema cultural para que el acceso y la participación sean verdaderamente democráticos.

La lectura adquiere especial relevancia en un contexto en el que la noción de comunidad ha sido muchas veces instrumentalizada por discursos oficiales, despojándola de su complejidad o, en el peor de los casos, instrumentalizada para legitimar a personajes políticos para, a la postre, después ser defenestrada por carecer de utilizar en el marco de acción pública. Para Mac Gregor, comunidad no es sinónimo de homogeneidad ni de folclor congelado en el tiempo; es, más bien, un espacio plural, conflictivo y dinámico en el que la gestión cultural debe aprender a navegar con respeto y sensibilidad. Desde esta perspectiva, el gestor cultural no es un proveedor de actividades, sino un mediador que construye puentes entre saberes, generaciones y contextos.

En términos estilísticos, el libro se mueve entre la reflexión ensayística y la narración testimonial. La prosa de Mac Gregor es clara, directa, sin adornos innecesarios, pero cargada de convicción y quizás por ello cautivadora. Se percibe en su escritura una ética de la palabra que rehúye la grandilocuencia para apostar por el diálogo. La inclusión de casos y ejemplos —desde festivales barriales hasta procesos de recuperación de espacios públicos— le da al texto un anclaje real que evita que la teoría se disuelva en abstracciones.

Particularmente valioso es el apartado en el que el autor propone lineamientos para una política cultural comunitaria que sea sostenible y coherente. Aquí se esbozan ideas que, de ser asumidas por instituciones y colectivos, podrían redefinir las prioridades culturales del país: descentralizar la toma de decisiones, promover la formación continua de gestores, garantizar presupuestos participativos, respetar la autonomía de las comunidades y medir el impacto de los procesos culturales tanto en términos de asistencia, como de una auténtica transformación social.

Este es, sin duda, un libro que interpela tanto a quienes trabajan en el sector cultural como a quienes participan en él como ciudadanos. Mac Gregor no escribe para convencer con cifras ni para seducir con retórica: escribe para provocar un cambio de mirada. Y esa es quizá su mayor virtud. Al cerrar sus páginas, queda la sensación de que no se trata sólo de un diagnóstico ni de una serie de propuestas, sino de un llamado urgente a recuperar la dimensión comunitaria de la cultura como un derecho humano fundamental.

En tiempos en los que el discurso sobre la cultura se ha reducido a la lógica de las industrias creativas (concepto baladí que en su seno engendra un círculo vicioso) y del consumo rápido, este libro nos recuerda que el verdadero valor de la cultura radica en su capacidad de tejer vínculos, fortalecer identidades y abrir horizontes compartidos. No es un alegato romántico ni una utopía ingenua: es la constatación de que allí donde la comunidad se reconoce y se organiza, la cultura florece de maneras que ninguna política vertical podría planificar.

Además de legarnos un gran aporte a la discusión académica y política sobre la gestión cultural, con Gestión cultural comunitaria José Antonio Mac Gregor nos ofrece una guía ética y práctica para quienes entienden que hacer cultura no es llenar auditorios, sino llenar de sentido los espacios de vida colectiva. En ese sentido, su propuesta es tanto un diagnóstico como un mapa para el futuro: un recordatorio de que, sin comunidad, la cultura pierde su razón de ser.

Gestión cultural comunitaria, publicado por Helvética, editorial queretana independiente, se presentará en Reynosa, Tamaulipas, este próximo martes 19 de agosto, para posteriormente empreder el vuelo en distintas ciudades de México y el extranjero. Muy pronto se presentará en Querétaro en lo que, sin duda, será una de las presentación más importantes del año y de la gestión cultural de nuestro estado.

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Last modified: 12 agosto, 2025
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