Autoría de 5:42 pm #Opinión, Columna invitada

Israel-Gaza ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? – Gregorio Morales Avilés

Hace un par de semanas, por el Canal 22, se retransmitió el documental de Rafael Rangel: Gaza, la franja del exterminio, que exhibe una realidad verdaderamente cruel e indignante. Mientras aparecía el dolor de los que quedaban vivos y las escenas de los rostros de niños asesinados, los cuerpos de tantas vidas civiles destrozados, las imágenes del exterminio de un pueblo, la música de fondo eran las bombas que destruían sus hogares, la certeza de que habían perdido todo, ya no tendrían a dónde regresar, dónde vivir, se había destruido su cocina, su cama, sus pertenencias, su hogar. Cientos de edificios derribados, cuadras enteras de escombros en la calle, la ciudad desfigurada, como un rostro humano golpeado hasta el cansancio.

La desolación del habitante de Gaza es total y absoluta. Es el dolor humano más cruel y actual que he visto. Las palabras de reclamo de los niños hacia Netanyahu son realmente conmovedoras, los gritos de dolor, los rezos y rituales fúnebres repetidos una y otra vez, hasta el cansancio, por los que quedaban vivos.

La vida de unos cuantos rehenes valía la destrucción de todo un pueblo. Peor que la contabilidad nazi, cuando se asesinaba a un soldado alemán, fusilaban a veinte inocentes. Aquí y ahora, por cada rehén muerto se masacra a una multitud de gazatíes. Esa es la única excusa del gabinete de Netanyahu, que ahora ni siquiera eso importa. La decisión de tomar toda la ciudad de Gaza va en contra de las reclamaciones de los familiares de los rehenes que aún permanecen en manos de Hamás.

En Israel se están dando manifestaciones tumultuarias para protestar contra la decisión del gabinete de Netanyahu de penetrar en Gaza olvidándose de la vida de los rehenes. No le importan al gobierno los rehenes, la decisión es apoderarse de Gaza, expulsando a los gazatíes que aún quedan, al cerco de Rafah, en Egipto.

De eso trata la política de Netanyahu, de adueñarse del territorio de Gaza, asesinando a todo aquél que se le oponga, niños, mujeres, ancianos, enfermos, con todos sus bienes, sus casas, sus muebles, sus documentos y pertenencias culturales. Arrasa con la vida y la historia de un pueblo.

Sin embargo, las razones de la manifestación de los israelíes no se refieren a la muerte de civiles, sino a los intereses de los familiares de los rehenes. Las pancartas señalan: “La misión que se les asignará es participar en la matanza de rehenes”, “la opción es no obedecer, negarse”.

Los “rebeldes” israelíes sostienen que el plan de toma de la ciudad de Gaza “pone a Israel en el camino seguro hacia una guerra eterna que causará la muerte de rehenes, la muerte de cientos de soldados y la destrucción de la imagen de Israel”. Se preocupan de los soldados israelíes que van “mal equipados”, que ponen en riesgo sus vidas, lo cual justifica los bombardeos a distancia, los mísiles israelíes apuntan a cada edificio que queda en pie, a cada aglomeración que subsiste, a cada musulmán que se mueve.

Nunca se refieren a la crisis humanitaria de Gaza, ni al dolor y muerte de los niños, de los enfermos, al hambre provocada por su gobierno. No alcanzan a ver el sufrimiento del otro, sólo el suyo. Si ya no hubiera rehenes, ya podría Israel continuar con el genocidio. Sólo unos cuantos manifestantes sostienen carteles pidiendo a los soldados que rechacen servir también por ese motivo.

Siempre pensé que Netanyahu tendría que negociar la liberación de los rehenes, que no podría atreverse a asesinar a toda la población de alrededor de dos millones de habitantes de Gaza. Pues ha cometido la locura de atreverse a hacerlo. Expulsar por la fuerza a todos los habitantes de una ciudad densamente poblada implica la destrucción total de esa ciudad y eso es lo que pretende.

Día tras día, hora tras hora, minuto a minuto se está destruyendo Gaza, con todo lo que contiene la ciudad. Después de los tanques, los mísiles y de la artillería y la infantería, vendrán los bulldozers para remover los escombros, hacer montañas de los restos de Gaza o empujarlos al mar y dejar las tierras arrasadas listas para los resorts de los israelíes ricos. Un nuevo escenario de placer y confort, construido sobre el dolor y la muerte de un pueblo. Confían en que el tiempo lo borrará todo, todo se olvidará.

¿Dónde está la ONU? ¿Qué hace el Consejo de Seguridad? ¿Qué contenido tienen los discursos y las declaraciones de los líderes de las potencias europeas? ¿Esto no le interesa a la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von Der Leyen? ¿Cuándo se aplicará el Derecho Internacional Humanitario? Muy pocos países latinoamericanos, siguiendo el ejemplo de Sudáfrica, han decidido unirse a la denuncia de genocidio, muchos menos han roto relaciones con Israel, nadie se ha atrevido a intentar pararlo por las armas, excepto Hezbolá, los Hutíes e Irán. Todos los países, incluyendo los pueblos musulmanes, han sido tibios, omisos, reacios a enfrentarse a Israel para detener la matanza. Por el contrario, Trump y Europa le siguen proveyendo armas, tecnología y financiamiento a Israel. Es una vergüenza para la humanidad, para esta sociedad, la de 2025, no otra.

Debemos recuperar nuestra capacidad de indignación, el coraje para decir las cosas como son, sobre éste y todos los temas que atenten contra la dignidad humana, contra la vida de inocentes, contra las mujeres, los ancianos, los enfermos y los niños. Hay que alzar la voz contra el exterminio y el abuso de poder. El gobierno de Israel debe ser enjuiciado por crímenes contra la humanidad.

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Last modified: 19 agosto, 2025
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