Cada cuatro años ocurre un fenómeno extraño: personas que hasta ayer confundían un fuera de lugar con una señal de tráfico, de pronto se convierten en analistas tácticos de élite. Sí, es la Copa Mundial de la FIFA 26. Ese evento capaz de detener el ritmo laboral, aplazar bodas y hacer que hasta tu tía Carmelita, la que sólo ve novelas, grite “¡árbitro, ponte lentes!” mientras sujeta un plato de botana como si fuera un trofeo.
Este año, el mundo se prepara para semanas de goles, lágrimas, memes y debates acalorados en redes sobre si tal jugador “ya no corre como antes” o si en alguna selección “ya no hay armonía entre los jugadores” (como si el comentarista en turno verdaderamente pudiera correr más de 50 metros sin pedir oxígeno o si realmente supiera trabajar en equipo con sus compañeros de la chamba).
México: anfitrión por tercera vez
El Mundial no empieza cuando el árbitro pita el primer partido, todo inicia desde que uno se ilusiona, inventa pronósticos y arma la lista de excusas para faltar al trabajo sin que lo corran. Es el momento de ir calentando gargantas, practicando gritos de gol y, sobre todo, de ir guardando para el boleto o para la botana (dependiendo del presupuesto). Y esta vez, con partidos tan cerca, hasta el eco de la tribuna podría llegarte hasta tu sala.
Por primera vez en la historia, en 2026 el torneo será organizado por tres naciones: Estados Unidos, Canadá y México, esto significa que la nación Azteca se convertirá en la primera en albergar la Copa del Mundo en tres ocasiones.
México ya fue sede de la Copa del Mundo en 1970 y 1986. Ambas ediciones están grabadas en la memoria colectiva del futbol mundial, no sólo por la pasión del público mexicano, sino por haber sido escenarios de momentos icónicos y gestas legendarias. El Estadio Azteca, en particular, ha sido testigo de dos finales mundialistas y de la coronación de dos de los más grandes futbolistas de todos los tiempos: Pelé en 1970 y de Diego Maradona en 1986.
El nuevo formato de clasificación: una expansión monumental
El Mundial 2026 introduce un cambio radical en su formato, pasando de 32 a 48 selecciones participantes, por lo que los aficionados podrán disfrutar de más de 100 partidos. Esta expansión, la más grande en la historia del torneo, busca democratizar el acceso a la máxima competición futbolística, dando más oportunidades a naciones de diferentes confederaciones.
Esta expansión presenta un reto logístico sin precedentes, pero también la posibilidad de que nuevas selecciones destaquen a nivel mundial. Sin embargo, el verdadero desafío lo enfrentan aquellos que siguen la Copa del Mundo desde países con zonas horarias complicadas.
Por suerte, esta vez en México nos libramos del martirio de poner la alarma de madrugada: los partidos caerán en horarios bastante cómodos para organizar la botana y hasta invitar a la familia. Eso sí, el sillón seguirá convirtiéndose en tribuna, la cocina en centro de abastecimiento, y el grupo de WhatsApp explotará con mensajes como “¿lo viste? ¡GOLAZO! o ¡Jugamos como nunca y ______ siempre”.
Un festival continental
El silbatazo inicial será el 11 de junio de 2026 en el majestuoso Estadio Azteca (México) y la gran final se jugará el 19 de julio de 2026 en el imponente MetLife Stadium (Estados Unidos). México tendrá tres ciudades como sede: la Ciudad de México, Monterrey y, por supuesto, Guadalajara. Así que no habrá que viajar muy lejos para sentir el ambiente mundialista en carne propia y de paso presumir que nuestra ciudad está en la misma lista que Nueva York, Los Ángeles o Toronto.
Y aquí entra Guadalajara, que sabe ponerse en modo mundialista como pocas: bares listos con el líquido de los dioses, pantallas gigantes en plazas, “cero tráfico” para que todo fluya y esa magia de que, por 90 minutos, todos somos del mismo equipo. Aquí no importa el color de la playera, lo importante es vivirlo juntos, gritar como si estuviéramos en la tribuna y tener la mejor excusa para pedir otra ronda.
Y por supuesto, ningún Mundial en México estaría completo sin la eterna pregunta: “¿El trofeo será nuestro?” La Selección Mexicana carga con una mezcla única de esperanza, nervios, supersticiones y predicciones, el país entero se prepara para sufrir y celebrar al mismo tiempo.
Además, hay algo muy mexicano en cómo vivimos cada gol: no importa si es de chilena, rebote o medio accidentado, todos se gritan como si fueran la obra maestra que cambiará la historia del futbol. Y aunque a veces la Selección nos regala más infartos que victorias, seguimos ahí, fieles, ya que en el fondo el Mundial es nuestra oportunidad de creer que esta vez sí.
Porque el Mundial, al final, no sólo es un torneo, es la fiesta más grande del planeta. Y lo mejor es que no necesitas boleto, sólo un buen lugar para verlo y cuidar que la pantalla no te la tape el de adelante con su sombrero gigante (acaso rimó).
Y claro, estamos hablando de una competencia; pero más allá de las victorias y derrotas, el Mundial nos recuerda que se puede disfrutar en compañía, reír de nuestras ocurrencias, festejar cada gol y dejarnos inspirar por el juego limpio. Ojalá que esa energía que une a millones por un balón, en esta ocasión también sirva para que todas las naciones jueguen el partido más importante: el de la paz en el mundo.
“En el futbol, el resultado es un impostor. Puedes hacer las cosas muy, muy bien, pero no ganar. Hay algo más grande que el resultado, más duradero: un legado”. – Xavi Hernández.
Webgrafía:
AQUÍ PUEDES LEER OTRAS ENTREGAS DE “SAPERE AUDE”, LA COLUMNA DE AGUSTÍN VILLANUEVA OCHOA PARA LALUPA.MX
https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/agustin-villanueva-ochoa-sapere-aude



7nbc8l
ll4vjb
No puedo darte una opinión profunda ya que no soy aficionada al fútbol