1
A 215 años del inicio de la independencia mexicana, proclamada por el cura Miguel Hidalgo cuando contaba con 57 años de edad en el pueblo de Dolores el domingo 16 de septiembre de 1810, se sabe que el estado fue creado en 1869 nombrado en honor al Padre de la Patria por el entonces presidente Benito Juárez. El nombre completo del cura era Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor quien había nacido el 8 de mayo de 1753 en la Hacienda de Corralejo, Pénjamo, hoy Guanajuato, y fue fusilado el 30 de julio de 1811 en Chihuahua, un día después de haber sido degradado eclesiásticamente: decapitado tras el asesinato, su cabeza fue exhibida en la Alhóndiga de Granaditas.
Sin embargo, once años después, el 27 de septiembre de 1821, México —tras la firma de los Tratados de Córdoba— había consumado su independencia.

2
Herlindo Corona Reyes entonces se acercaba a los 45 años de edad. Es originario de la comunidad de San Bernardo, municipio de Zacualtipán, en el estado de Hidalgo. A mediados de 1996 publicó su libro Sierra encantada, editado por el gobierno hidalguense, el Sistema de Educación Pública de ese estado y el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, que reúne 47 leyendas que, de un modo o de otro, han crecido conforme el desarrollo del propio Hidalgo.
En los pueblos se cuentan innumerables historias, mas por desgracia al no recogerse en documentos bibliográficos se van perdiendo con el paso del tiempo, sobre todo si el tiempo ahora es cronicado por los medios electrónicos, tan distantes de los encantos y sabores del sentir popular. Corona Reyes tuvo la paciencia de sentarse a escuchar varios cuentos y, luego, transcribirlos para esbozar una idea global de las tradiciones y leyendas de su Hidalgo, que resultan finalmente encantadores relatos de asombros y misterio.
“Un domingo el pueblo de Acostatlán, municipio de Tepehuacán —dice Corona Reyes—, temprano se preparó para dar la bienvenida al sacerdote. La gente se bañó y puso su mejor ropa, mientras el fiscal anunciaba la misa. Las campanadas se mezclaban con el estallido de los cohetes. La gente, jubilosa, preparaba ramos de coloridas flores para ornar el altar. Los rezanderos alistaron escapularios y rosarios.
“A las once y media la gente comenzó a entrar a la iglesia. En punto de las doce un intenso repique anunció la llegada del padre, quien entró en la valla que el vecindario hacía en su honor. Se dirigió al altar. Tras él, las mujeres y los niños. El sacerdote saludó en señal de inicio. El campanero dejó de tocar. Como la iglesia era pequeña, parte de los vecinos se hincaron fuera. Principió la misa.
“Cuando el sacerdote dijo rogar por ellos, se escucharon brincos en la bóveda, que nadie tomó en cuenta. El sacerdote repitió rogar por ellos, rogar por ellos, rogar por ellos, rogar por ellos… y la gente, entremezclados con las repeticiones, escuchó unos ronquidos, por lo que se fijó que el sacerdote se había quedado dormido. Pasaron unos largos segundos y se oyó que un niño, a carcajadas, se burlaba en la azotea. El campanero dijo: ‘Es el diablo, que con su poder y maldad duerme al padre’. Cabeceando, el sacerdote continuaba su letanía, rogar por ellos, rogar por ellos... La rezandera invitó a la gente a hacer oración para alejar el mal y así lograron conjurar al niño que bailaba en la bóveda de la iglesia. El sacerdote despertó y, como si nada, continuó oficiando. Rogar por ellos, rogar por ellos”.

3
Las leyendas, por ser precisamente leyendas, tienen la virtud de no ser verídicas, pero como tampoco son desmentidas pasan por ciertas. Son tan maravillosos los relatos que la exigencia de la certeza queda un tanto rezagada. Lo verdadero se halla en la convicción de la creencia.
“En otros tiempos —nos cuenta Corona Reyes—, en Los Bancos, un lugar rocoso, poco arbolado, laderoso y húmedo, era corriente oír esta leyenda:
“Cuando llega la noche, oscura y fría, se escucha el tropel de un misterioso caballo que, pasando por el centro del municipio de Tepehuacan, baja y se acerca cada vez más. Su presencia, su tropel, es más constante, y el sonido y rayón de sus cascos se escuchan sobre las calles empedradas. En su recorrido da vuelta por la casa de don Pancho, y se acelera; tal parece que el jinete lo apura con sus espuelas. Al llegar al panteón, relincha horriblemente. Se escuchan el llorar de una mujer y balidos de chivos y ovejas. También se oye la aulladera de los perros, que corren de un lugar a otro. Después, todo vuelve a la calma, al silencio. Sólo se escucha el canto de los grillos. La luna comienza a brillar e ilumina un paisaje vacío.
“A la siguiente noche, el caballo regresa».
“Todo esto fue constante antes de los problemas con Tlahuiltepa. Se cree que el anuncio era: ‘Habrá derrame de sangre’. En la actualidad, cuando los vecinos escuchan el tropel, ya saben que significa mal agüero”.

4
Las leyendas tienen algo de fábula por las moralejas o los consejos que se buscan en sus contenidos. Cuando se aparecen la Muerte o el Charro Negro o la Encadenada no se asoman porque sí sino porque, con su presencia, quieren dar el aviso de algo o desean volver al carril a alguien que se niega a someterse a las razones de la obediencia moral.
El tomador incrédulo, en una melopea feroz, escuchó a sus padres ya muertos pedirle que vuelva por el sendero luminoso de la paz familiar, y el hombre “despertó muy asustado, ni la cruda sintió —nos cuenta Corona Reyes—. Corrió para su casa. Ahí, hincada, su mujer rezaba por las ánimas. Sin criticar, Nicolás se arrodilló y pidió perdón a sus difuntos padres”.
Las leyendas son también alegorías o metáforas encantadas que tienen la función de espantar los malos agüeros, o los temores religiosos, para conservar las sendas de la tradición, restablecer los posibles desórdenes de los pobladores alzados, escépticos e inconsistentes.
Pero también son apacibles cuentos con aroma a ciudades pequeñas, que es decir habitables.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX
Víctor Roura – Oficio bonito Archivos – La Lupa


