Autoría de 9:07 pm #Destacada, Amílcar Salazar - Filo rojo • 3 Comments

Trump cimbra a la Sierra Gorda (I de III) La deportación exprés de Raúl: 15 años de vida en Texas; un instante para perderlo todo

REPORTAJE Y EDICIÓN FOTOGRÁFICA: AMÍLCAR SALAZAR ANAYA – ENVIADO / LA LUPA.MX

Raúl quiere llegar a Xilitla porque le dijeron que allá vive su padre…

No se trata de un personaje de novela, sino de un jornalero de la vida real, un joven queretano-potosino que a mediados de 2010, cuando aún vestía el uniforme de una escuela secundaria, fue enviado a Estados Unidos bajo la guía de un pollero.

15 años después, Raúl está de vuelta en su tierra, ahora con una edad de 29, intentando reconocer desde la ventanilla de un autobús el paisaje de la serranía queretana.

“Soy de por aquí pero no ubico bien, nunca había tomado esta ruta”, se disculpa el joven, alto y fornido, voz baja y mirada tensa, entrevistado por LaLupa.mx a bordo de un camión de la línea Coordinados y cuyo chofer no parece tener miedo de sortear como látigo de feria las sinuosidades y elevaciones de la Reserva de la Biósfera de Querétaro, en dirección a Xilitla, San Luis Potosí.

A la izquierda y en primera fila, Raúl fue incluido en una foto grupal que probablemente fue preconcebida por autoridades texanas para ilustrar un cartel publicitario

Raúl cuenta que tras de su nacimiento fue registrado en Xilitla, donde su papá tenía un negocio, pero que en realidad nació dentro de Querétaro, en la ranchería El Lobo del municipio de Landa de Matamoros.

Encontrar a su padre es por ahora la mejor apuesta de Raúl. Una posibilidad de verlo y quizá de recibir apoyo moral y económico, dado que su regreso al país fue tan inesperado como violento.

Raúl es uno de los 11 mil 720 casos de emigrantes mexicanos que cada 30 días, desde enero de 2025, han sido deportados a bordo de aviones comerciales —habilitados como transporte carcelario— por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos.

TODO LO SUYO QUEDÓ ATRAPADO EN TEXAS

A media tarde del lunes 11 de agosto de 2025, la suerte quiso que Raúl cayera en una razia de trabajadores hispanos, así como en un rápido y furioso operativo de deportación a cargo de las agencias policiales del país de Donald Trump.

En apenas 48 horas, este trabajador que dice haber construido una familia y una historia laboral a lo largo de tres lustros de permanencia en EU, pasó de conducir su auto en una zona escolar de Houston, Texas, a sentirse como un hombre de ninguna parte en la Sierra Gorda de Querétaro, donde hoy apenas reconoce los sitios que habitó durante su niñez.

Los medios texanos han dado cobertura, tanto a favor como en contra, de las redadas masivas de migrantes que ejecuta la policía migratoria.

Raúl no sabe cómo podrá rehacer su vida, porque prácticamente todo lo suyo se quedó atrapado en Texas: sus dos hijos estadounidenses, su esposa y su madre, ambas ya legalizadas; además un apartamento en renta para vivir al lado de su familia, muebles, vehículo, herramientas de trabajo, vestimenta y hasta la propia ciudad en que se obtuvo empleo, amigos, planes y hasta sueños.

“REPATRIADO”, SU NUEVA IDENTIFICACIÓN

El deportado muestra a este medio periodístico las escasas pertenencias con las que ha vuelto a su país: un celular, una licencia de manejo y una tarjeta de nómina estadounidenses, además de una bolsita de plástico en la que aloja cuatro prendas.

Como único documento mexicano, el viajero trae consigo una carta con membrete de la Secretaría de Gobernación (Segob) en la que se le otorga, “bajo protesta de decir verdad”, la condición legal de “repatriado”.

La hoja de papel viene acompañada de una tarjeta bancaria (“Del Bienestar”) en la que, según le explicó un agente del Instituto Nacional de Migración (INM), el gobierno de México le depositó dos mil pesos a manera de bienvenida a la patria.

DEPORTADOS Y AUTODEPORTADOS

Un total de 70 mil 311 migrantes mexicanos fueron deportados entre enero y junio de este año, de entre los cuales mil 311 son queretanos y dos mil 374 potosinos, según datos del INM.

Proyecciones de LaLupa.mx indican que de seguir el mismo ritmo de expulsados, al final de 2025 la cifra nacional llegará a 140 mil 640 personas (2 mil 511 semanales), mientras que la de queretanos a 2 mil 622 (47 por semana).

Esposados de manos y encadenados de pies, los trabajadores expulsados suben a aviones comerciales que el ICE habilita como transporte carcelario

Los datos anteriores no incluyen a migrantes que entraron a un programa oficial de auto-deportación, este bajo el estímulo de recibir mil dólares y los boletos de avión al país de origen. Un método de expulsión que para fines de 2025 sumará 22 mil personas; promediando 393 por semana.

Los datos oficiales tampoco cuenta a los muchos paisanos que, según se cree, han optado en los últimos meses por regresar por su cuenta a México, ya sea porque estén cansados de la hostilidad que el jefe de la Casa Blanca ha propiciado contra los trabajadores extranjeros o porque prefieran marcharse antes de que puedan ser “fichados” por el ICE, entre otros motivos.

Para cumplir sus promesas de campaña, el presidente Trump ha presionado al ICE para cumplir la meta de deportar durante 2025 “a un millón de criminales” (usando palabras del magnate). Un objetivo que hasta el mes de septiembre podrá rebasar la media de 500 mil expulsados, entre latinos, africanos y asiáticos. Un 80 por ciento de éstos sin antecedentes penales.

EL “OLOR” DE LAS DEPORTACIONES

Según una encuesta de la Universidad de Connecticut, un 55 por ciento de estudiantes rechaza la política de deportaciones del presidente Trump, mientras que un muestreo nacional de Gallup elevó el rechazo hasta un 78 por ciento. Sin embargo, el jefe de la Casa Blanca ha subestimado las mediciones adversas e inclusive ha hecho mofa.

Recientemente, publicó en su red social un chiste que parafrasea a la película bélica Apocalisis Now con el título: “Me encanta el olor de las deportaciones en la mañana”.

Minutos antes de aterrizar en Villahermosa, Tabasco, los agentes de EU retiran esposas y cadenas a los forzados pasajeros y los entregan a las autoridades del INM.

UN LUNES PARA PERDERLO TODO

Al volante de su vieja pickup, Raúl escuchaba música ranchera mientras esperaba el avance de una fila de autos, primordialmente conducidos por padres de familia. Eran las 15:45 horas del lunes 11 de agosto, y el trayecto hacia la escuela primaria pública de las afueras de Houston le resultaba tan familiar como el ritmo del grupo musical regiomontano.

Raúl debía recoger a sus dos hijos, de 6 y 8 años, ciudadanos estadounidenses, y posteriormente dirigirse al negocio en el que trabajaba su esposa, quien estaba próxima a concluir su turno. Desde que ella era soltera, once años atrás, ya contaba con tarjeta de residente estadounidense; un trámite que él no había podido hacer por falta de dinero para pagar los honorarios de un abogado, que fluctúan entre siete y diez mil dólares.

Aquél era un lunes típico de Raúl, día que tenía libre en su trabajo, dado que hacía doble turno los viernes y sábados, siguiendo el cronograma de la empresa constructora que lo tenía contratado. Era, pues, un lunes normal, pero el que en un instante se hizo añicos.

De pronto, en paralelo a su lugar dentro de la fila de autos, Raúl fue sorprendido por la frenada de dos patrullas del temido ICE, con torretas parpadeantes y escandalosas. Venían entre cinco y seis agentes que en un instante pisaron la acera, adoptaron posiciones tácticas y le exigieron bajar de su vehículo.

El delito por el que los oficiales estaban por arrestar al mexicano parecía estar cantado desde que estos lo vieron llegar al circuito escolar. No juzgaron necesario exponerle el motivo de su detención o preguntarle si hablaba inglés, dado que la orden con la que se le pedía comprobar si tenía residencia legal en Texas fue dada en español, ello por parte de un policía que, como el propio detenido, no podía ocultar sus rasgos hispanos.

Una vez que llegan a Tabasco, los migrantes expulsados de EU reciben agua y alimento por parte de personal del INM, que realiza trámites personalizados de repatriación.

Así fue que un par de esposas plateadas mordieron sus muñecas y se ejecutó el arresto que lo separaría de su mundo y de su familia, todo ante la sorpresa de algunos padres de familia y la estampida de otros.

REDADA CON FIN PROPAGANDÍSTICO

Trasladado al Centro de Procesamiento del Sur de Texas, Raúl pudo percatarse de que la oficina del ICE en Houston debió trabajar intensamente ese día para reunir a un grupo numeroso de trabajadores indocumentados —en su mayoría provenientes de la industria de la construcción—, a fin de tomarles una foto que se difundió en redes y medios de prensa como si se tratara de un grupo de delincuentes y no de humildes jornaleros, en su mayoría.

“43 inmigrantes ilegales arrestados en un día por ICE Houston, incluidos criminales convictos”, se podía leer (en inglés) debajo de la foto grupal en la que Raúl figuró a la izquierda y en primera fila. Una imagen que probablemente fue preconcebida por las autoridades migratorias texanas con fines publicitarios. Una redada destinada a ilustrar un boletín de prensa.

Pero nada impidió que, horas más tarde, Raúl y otros 129 detenidos fueran esposados de las manos y encadenados de los pies, antes de ser llevados hasta un hangar carcelario del Aeropuerto “George Bush” de Houston y abordaran un avión con destino a Villahermosa, Tabasco.

DESHUMANIZACIÓN: PROCEDIMIENTO ESTÁNDAR

Durante el vuelo, las quejas por sed, hambre y las negativas para pararse al baño chocaron contra la indiferencia de una docena de custodios que iban a bordo. Durante 90 minutos —viajando en el aire por primera vez—, Raúl pronto se percató de que la deshumanización era el procedimiento estándar.

El contraste no pudo ser más brutal. Ya dentro del espacio aéreo mexicano, minutos antes de que el jet aterrizara y los paisanos fueran entregados a las autoridades mexicanas, las esposas y cadenas les fueron retiradas.

Ya de camino hacia Xilitla, Raúl dice que anhela ver a su padre, y en cuanto le resulte posible, volver con su familia de Houston.

Raúl recibió por primera vez agua y comida, tiempo para ir al baño y hasta para descansar; todo proporcionado por personal del Instituto Nacional de Migración, mismo que procedería a realizar entrevistas personalizadas a cada miembro del grupo, y en los casos favorables, emitir constancias de repatriación. Al final, distribuir a los recién llegados en tres autobuses de la línea Vencedores con destino a la Terminal del Norte de la Ciudad de México.

Así terminó el periplo judicial de Raúl, quien no tardó mucho en retirar de un cajero automático los dos mil pesos de su tarjeta gubernamental y comprar un pasaje CDMX-Xilitla.

Raúl anhela ver a su padre, y en cuanto le resulte posible, a su familia de Houston.

—No está fácil regresar, según parece —se le comenta.

Él responde:

—Siempre hay maneras.

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Trump cimbra la Sierra Gorda (II de III) El golpe a migrantes y remesas: la Reserva de la Biósfera contra las cuerdas


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Last modified: 23 septiembre, 2025
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