El poder tiene arrugas (y wifi)
Durante siglos, el poder tuvo sombrero, trono y una historia para cada arruga. “La experiencia es un grado”, decían… y vaya que la cobraban cara.
El mundo giró, el internet llegó y hoy el mando se reparte entre los que no saben usar el filtro de Instagram y los que piensan que leer un hilo en “X” (Twitter) equivale a un doctorado.
Vivimos en un ecosistema donde el mando ya no se hereda: se actualiza, se descarga, se reinicia y se reconfigura. Bienvenidos a la era de las cracias mezcladas, donde cada quien gobierna su propio rincón del caos global.
La democracia, gerontocracia y yayocracia: cuando la sabiduría se volvió monopolio
La democracia es el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, como la definió Abraham Lincoln. Él apelaba al ideal democrático de preservar la unión y afirmaba que la representación popular debía estar al servicio del colectivo. Son ideales que marcaron época.
La gerontocracia es el clásico “yo ya pasé por eso” elevado a sistema político. Es la forma más antigua de autoridad: la del tiempo acumulado convertido en decreto. Desde los consejos tribales hasta los parlamentos modernos, ha reinado la idea de que más años significan más sabiduría… aunque a veces también más resistencia al cambio.
En la gerontocracia, la memoria pesa más que la curiosidad y las decisiones suelen tomarse mirando el retrovisor.
Su versión moderna, la yayocracia, es igual, pero con aire acondicionado, micrófono inalámbrico y discurso afligido.
El término es una mezcla de “yayo” (forma coloquial de “abuelo” en España) y “democracia”. Se usa con ironía para describir sociedades donde las generaciones mayores siguen teniendo la voz dominante: dirigen gobiernos, empresas, medios y hasta conversaciones familiares, mientras deciden el futuro de quienes aún no tienen canas (ni hipoteca).
No necesita corona: le basta con un “en mis tiempos” bien colocado para recordar que la experiencia sigue al mando, incluso cuando el mundo ya cambió de dinámica. Y aunque la experiencia vale oro, algunos la usan como blindaje para no escuchar nuevas ideas.
A veces parece que la nostalgia tiene mejor cobertura que el wifi.
El problema no es tener años, sino usarlos para frenar el cambio. El mundo avanza con 5G, pero todavía hay quien defiende al fax y lo posiciona como una eficaz, ágil y segura vía de comunicación.
De la tecnocracia a la algocracia: los nuevos oráculos
Después llegaron los ingenieros, con corbata y Windows, convencidos de que la humanidad se puede optimizar como una hoja de cálculo y con el PowerPoint.
Así nació la tecnocracia, y luego su prima hiperactiva: la algocracia, donde ni siquiera necesitamos jefes humanos. (Si fuera por el idioma, en español sonaría mejor “algoricracia”, pero tranquilos: no es error del autocorrector, el término oficial es algocracia, aunque el primero tenga más sabor a dictadura digital con acento latino).
Parafraseando a Borges, el algoritmo no es sino un abuso de la estadística. Y, sin embargo, hoy ese llamado abuso nos gobierna con cortesía digital. El algoritmo define el rumbo en casi todo: lo que compramos, qué canciones escuchamos, qué series maratoneamos, de qué noticias nos informamos, a quién votamos y hasta con quién salimos. Google termina tus frases antes que tú, Spotify te recuerda que estás triste antes de que lo aceptes, y la pregunta sigue siendo la misma: ¿nuestro destino lo deciden los algoritmos?
Y como si eso no bastara, llegó la inteligencia artificial, prometiendo escribir, decidir y hasta pensar mejor que nosotros. También diseña logotipos, traduce idiomas, diagnostica enfermedades, redacta discursos políticos, programa, compone canciones, detecta fraudes y, cuando tiene tiempo libre, recomienda a qué serie deberíamos engancharnos. Por si todo lo anterior fuera poco; no duerme, no se distrae y no se queja del horario.
La inteligencia artificial puede ayudar al fortalecimiento de los sistemas democráticos y promover la participación pública, mejorar la igualdad y contribuir al desarrollo, pero también puede desestabilizar los sistemas democráticos difundiendo desinformación, alimentando el discurso de odio y distorsionando la opinión pública con información falsa; de ahí que existe el llamado a regular las nuevas tecnologías.
El poder ya no se sienta en un escritorio: se esconde en una nube (literal). En la nueva jerarquía del poder, ni los sabios ni los jóvenes dominan: ahora los datos mandan y los humanos sólo intentamos no quedar fuera de la conversación.
La tiktokcracia y la meritocracia remix
Mientras tanto, las juventudes conquistaron el reino del scroll infinito.
La tiktokcracia no dicta leyes, pero impone coreografías globales. Un video de quince segundos puede hacer temblar gobiernos, marcas o reputaciones; a veces todo al mismo tiempo.
Y la meritocracia, en su versión 2.0, sigue vendiendo el sueño del esfuerzo personal y sus grandes frutos, aunque algunos empiecen la carrera con fibra óptica y otros sin conexión alguna.
El mando compartido (aunque nadie quiera soltarlo)
Hoy las cracias conviven como un grupo de WhatsApp sin administrador: los mayores mandan por costumbre, los tecnócratas por Excel, las juventudes por influencia y los algoritmos por arte de magia (¿así o más misterio?).
Tal vez la clave esté en dejar de pelear por el mando y aprender a pasar la contraseña, es decir, quizá el secreto no sea tomar el mando, sino empezar a sincronizarnos. Seamos honestos, ni la experiencia ni la inteligencia artificial pueden solos: el futuro necesita algo de ambas y mucho de nosotros.
Con suerte, en el corto y mediano plazo terminaremos en una videollamada donde todos tengamos voz, aunque unos necesiten subtítulos, algunos un tutorial, otros un adaptador, alguien siga buscando el botón de silenciar y, la gran mayoría, al menos, tenga la intención de verdaderamente entenderse.
“Nos reímos del pasado, tememos al futuro y descuidamos el presente”.
François de La Rochefoucauld
Webgrafía:
https://dignidadyderecho.org/opinion-tiktokcracia-la-democracia-de-los-likes
https://www.proydesa.org/portal/noticias/1475-algocracia-nuestro-destino-lo-deciden-los-algoritmos
https://news.un.org/es/story/2024/09/1532791
AQUÍ PUEDES LEER OTRAS ENTREGAS DE “SAPERE AUDE”, LA COLUMNA DE AGUSTÍN VILLANUEVA OCHOA PARA LALUPA.MX
https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/agustin-villanueva-ochoa-sapere-aude


