Autoría de 9:50 pm #Destacada, Los Especiales de La Lupa

Getzemaní, 45 años rockeando… “no somos sólo una banda, somos una familia”

HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX

FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

Cae la noche y Pedro, Luis, Gabriel y Quetza empiezan a llegar al taller donde ensayan para sus presentaciones de rock urbano. La banda Getzemaní, que Pedro y Luis iniciaron a principios de los 80 sigue vigente. Junto con ellos llegan sus seguidores, muchos son también adultos mayores fieles al grupo más famoso del barrio de Carrillo que “puebleó” en muchos lugares del Bajío y acompañó a cantantes como Arturo Meza o la banda Dug Dug’s .

Ahora sobrepasan los 60 años, aunque se unieron algunos nuevos integrantes, como Quetza que toca el sax o Gabriel, que con sus 55 años es de los más jóvenes que llegó hace ocho años para tocar el teclado. En sus inicios arrancaron la banda por hobby, tocaban en la iglesia y en una rondalla, hasta que decidieron poner en marcha un proyecto para presentarse en tocadas de rock urbano, que era lo que se escuchaba entonces. 

Durante sus inicios, en los ya lejanos años 80

Pedro Suasti, baterista de la banda y segunda voz, es uno de los fundadores del grupo junto con Luis Ramírez, su primo, primera voz y guitarrista. Los dos estudiaron en el Seminario de Hércules durante unos cuatro años, pero lo dejaron. “Tocamos rock urbano, siempre haciendo homenaje a bandas nacionales, a bandas internacionales. Hace poco nos echamos unos tequilas y vimos unas pistas para empezar a armar nuestra propia música, hace mucho que debimos hacerlo, pero apenas empezaremos”.

Todos son originarios de Carrillo y amigos desde hace mucho años. Luis recuerda que nunca lo vieron como negocio, pero empezaron a tocar en la iglesia, ahí les enseñaron a usar los instrumentos. “Hicimos una rondalla, empezamos a tocar rock, entonces era muy difícil conseguir equipo, pero tuvimos una persona que se endeudó, nos compró el equipo y con eso empezamos. Lo hacíamos por gusto y le echábamos muchas ganas, porque nos invitaban a muchos lugares y nos pagaban”.

La primera vez que tocaron fue en la boda de un amigo del mismo barrio. “No nos pagaron”, recuerda Pedro. “La recuerdo mucho, se nos quedó grabado, porque fue nuestra primera vez”, ríe. En aquel momento no tenían competencia en Carrillo “y nos fue excelentemente bien, comenzamos con rock de los 60, no había tantas bandas urbanas pesadas y acaparábamos todo el trabajo que había en aquel tiempo”.

Nunca soñaron vivir de la música, por eso cada uno buscó su propio camino y se reunían para ensayar.  Tuvieron tal aceptación que los invitaban a grabar música en la Ciudad de México y a presentarse en Morelia, Dolores, Hidalgo y San Luis Potosí, pero decidieron conseguir empleos. Pedro, por ejemplo, se pensionó recientemente como docente de primaria y ahora se dedica más tiempo a la música. 

Luis fue chofer y supervisor de choferes en una fábrica y de “ahí salió para mantenerse y para comprar el equipo”. Ya con su pensión, también le destina todo el tiempo posible a la música, sobre todo por el cariño que le tienen a su proyecto que inició en los 80.

En aquel tiempo Carrillo tenía mala fama, confiesan, porque era un poco peligroso y “sigue siendo. Carrillo es un pueblo con sus barrios, con sus bandas ochenteras de aquella época, pero nunca tuvimos ningún tipo de problema con ellos, con las bandas. Al contrario, siempre, siempre nos respetaron, nos invitaron a tocadas de aquella época, de las tardeadas. Carrillo va a ser Carrillo y siempre va a tener su buena o mala fama y bueno, la verdad es que, pues orgulloso de mi pueblo. Aquí nacimos”.

Aunque en Carrillo no había tantas bandas, sí fue el primer lugar al que llegaron distintos grupos, como el Three Souls in my Mind, Paco Gruexxo y a los Dug Dug’s. También llegaron muchas otras de Celaya y como ellos eran conocidos, los acompañaron en algunos conciertos. 

Aunque destacan que al rock urbano siempre se le estigmatizó, Pedro admite que a Carrillo nunca llegó la policía a impedir algún concierto y “tuvimos mucha difusión”. Quetza agrega que hay cosas que ya cambiaron, porque el estigma disminuyó en los últimos 20 años y “lo que manejaban mucho en los toquines, por ejemplo, hace 10, 15 años, era que la seguridad siempre somos todos. Entonces entre todos nos cuidamos. Si alguien está provocando o no es invitado, simplemente el mismo contingente, la banda, los calma, pero nunca me ha tocado ver en Carrillo un zafarrancho”.

Sus seguidores también los acompañan a los ensayos, como Felipe Rosales. originario de Carrillo desde hace más de 63 años y meses. Me autonombro seguidor porque me invitaron cuando iniciaron la banda. Me gané el nombre del representante, me lo gané a pulso. Se presentaron en muchos lugares durante diez años, luego se separaron y regresaron unos años después. 

En aquel momento no había redes sociales, así que el grupo se daba a conocer de boca en boca, por recomendación de la gente que los escuchaba, así los invitaban a tocar a otros estados. “Llegaban hasta nuestro domicilio en la calle San Miguel y ahí nos buscaban, era de boca en boca, así se iba pasando el nombre del grupo”, 

Cuando tocan su música, el ánimo cambia. “Yo tengo 60 y me siento de 25, que también a veces el cuerpo no quiere obedecer mucho. La edad son números, seguimos pegando de la batería, a la guitarra, al bajo, a cantar, a todo. Seguimos saliendo a muchos lugares. Seguimos llenándonos de parrandas y hubo un tiempo que dejamos el rock porque nos metimos a música versátil, pero no es lo mismo”.

El rock urbano, subrayan, es más genuino, incluso con su letra y ni siquiera “usa tantas palabrotas como ahora, con los nuevos géneros, el rock es una música que se vive. Antes sólo teníamos como diversión la música y aquí sirve para crear comunidad”. 

Gabriel dice que la música influye en las personas para determinar  un buen o un mal camino, puede dejar un buen consejo porque la gente se siente llena, sensible, fuerte. “Cada uno de nosotros. hemos tenido cierta influencia y herencia, mi papá también era músico y se aprende, queda una raíz para continuar con esto”.

Para Quetza, Getzemani también cumple una función de cohesión social, porque compañeros como George, Carnal, Caquito o Felipe reúnen a familias y amigos a través de las redes para que la banda se presente y así siguen vigentes. “Ya no son redes territoriales, sino que se abren a todo Querétaro, como Loma Bonita y Salitre”. 

Cuando el grupo se inició, “éramos bastantes músicos, de ahí salimos, nos quedamos los mejores”, dicen. Jesús, uno de sus fans, siente orgullo de ser un seguidor de Getzemani, porque tienen una buena ejecución de todas las interpretaciones y hay mucha gente que disfruta la música que se toca bien, como hacen ellos. Precisamente “eso es una de las cosas que los impulsa nuevamente, porque es el gusto que hacen sentir a la gente, no somos nada más una banda, somos una familia, es una parte generacional”. 

El ensayo se vuelve también un encuentro de amigos, donde llevan comida, botanas, refrescos y no falta alguna cerveza porque refrendan la amistad y su intención de mantenerse juntos, de seguir unidos por la música.

(Visited 326 times, 1 visits today)
Last modified: 17 noviembre, 2025
Cerrar